miércoles, 1 de febrero de 2017

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Llamas azules danzando ante mis ojos, alejándose a cada instante, iluminando caminos que ya no me pertenecen.

Trato de alcanzarlas para sentir su calor, pero soy incapaz de dar un paso con el barro seco alrededor de mis pies.

El fuego baila, gira y rueda cada vez más lejos, mientras yo me congelo en la oscuridad sin poder articular un sonido con mi boca amordazada.

Intento seguir la estela de su luz, pero solo queda un destello azul en mi retina cuando cierro los ojos.

Y recuerdo cuando podía abrazarlas, sin temor a quemarme, bailando la más antigua de las danzas. Cómo despertaban mis sentidos con su luz, arrancándome sonrisas y alejando el temor.

Recuerdo las llamas que fueron mi única guía cuando estaba perdido en la oscuridad y sin una senda por la que caminar. Cómo me ayudaron a pisar sobre el suelo firme sin miedo de tropiezos.

Llamas azules de cálida paz, alejándose a cada instante, presentes solo en mi oscuridad.

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