sábado, 4 de marzo de 2017

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Duelen los espacios vacíos en los que solíamos estar.
Duelen las risas, las palabras, los gestos y las miradas.

Espacios vacíos oscuros, silenciosos, que agitan sin embargo algo en lo más profundo, con los ecos de lo que una vez contuvieron.
Espacios vacíos fríos, inmóviles, que surgen despertando sensaciones que arden como un fuego que no se puede ya apagar.

Duelen los recuerdos, las historias, fantasías y esperanzas.
Duelen los espacios vacíos que nos gustaba tanto llenar.

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