sábado, 3 de junio de 2017

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No pude tomarte en serio cuando entre risas, me dijiste que no me libraría de ti tan fácilmente.
Lo que tomé como una frase que hacía referencia a tu perseverancia, era en realidad una advertencia sobre mi vulnerabilidad.
Porque te clavaste en mí como una espina emponzoñada cuyo veneno recorre ahora mis venas, recordándome quién eres y dónde has estado, con cada latido de mi corazón. Una toxina de dulce néctar incapaz de ser eliminada, que incita a soñar despierto y vivir dormido.
Como el caballo de Atila que quema para siempre la tierra por la que pisa, grabaste a fuego tu paso en mi consciencia, mi memoria y mi cordura.
Una frase entre risas en una tarde de verano, en un espacio vacío donde ya no brilla el sol.
Una frase que recuerdo, y sonrío feliz de comprenderla al fin.

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