viernes, 7 de octubre de 2011

La playa (the bitch)

El verano se acerca y con él todos sus horrores. Yo soy hombre de invierno; Me gusta el aire frío que llega del norte y tensa mi cuerpo haciendome estremecer; Me gusta el agua semicongelada con la que me lavo la cara por las mañanas y me despeja al instante; Y me gusta el cosquilleo que siento en los dedos cuando los acerco a una fuente de calor después de haberlos paseado bajo el frio. Eso me hace sentir vivo. Pero el verano me reblandece con su calor y me hace sentir cansado, pegajoso y mal. En definitiva mal.
Los monstruos del verano son muchos: Calor, humedad, polvo, insectos... pero lo peor de todo es la playa. No me gusta. No voy a dar mas detalles porque no es necesario. No me gusta y ya está. Pero eso, lejos de ser una opción sin más, parece que sea un estigma que me convierte en un ser extraño al que hay que rehabilitar para que vuelva al camino correcto.
Y mientras todos corren hacia la playa con sus toallas y sombrillas, cremas solares y chanclas de plástico, yo sueño con ser uno de esos viejecitos que salen a veces por la tele diciendo que como viven en la sierra, en el interior, y nunca han tenido coche, jamás han visto el mar. Y todos piensan "pobre hombre, que ignorante y desafortunado".
Pero como nunca seré ese anciano sin suerte, me toca darle la razón a mi mujer cuando me dice cosas tan extrañas como que es bueno que me dé el Sol y que ahora que tenemos una niña hay que llevarla porque... si no....
Y con esos firmes argumentos cojo el coche y conduzco hasta las cercanías del mar, donde después de pasar dos horas buscando aparcamiento y otra mas buscando sitio, por fin extiendo la toalla y puedo relajarme viendo como se divierten los demás.
pero cuidado, que aquí no acaba esta historia. Lo peor está por venir. Y es que una vez sentadito en la toalla eso no vale. Tengo que bañarme. Si no para qué he venido. Como si hubiese elegido yo. Y entonces me meto en el agua. Pero estar a un metro de la arena con el agua por las rodillas tampoco vale. Y entro un poco mas. pero tengo que mojarme el pelo, que si no me da una insolación. Y me mojo el pelo que em tendré que lavar nada mas llegar a casa porque ahora está lleno de sal, algas y colillas. Pero no, además de eso tiene que notarse que me estoy divirtiendo. Y ahí ya no puedo más. Nunca he sido un buen actor.

Publicado en "Mediocridad", en abril de 2011

Los (putos) regalos

Publicado en "Mediocridad" en marzo de 2011

El dia del padre se acerca y teniendo en cuenta que además de ser mi santo, ahora soy padre, me evoca a esas fechas señaladas (aniversarios, navidades etc...) que implican la recepción y/o emisión de regalos.
No es que no me gusten los regalos, así en general, no; No soy uno de esos seres irracionales que rechazan cosas porque les da "yuyu". Lo que pasa es que en mi familia y especialmente por parte de mi madre, había una costumbre que consistía en regalar cosas tontas (también llamadas "detalles") para quedar bien, aunque al otro ni le gustaran ni le interesaran. Eso me producía rechazo en mi adolescencia, ya que me obligaba a comprar otros detalles y al final todo quedaba en nada. Más tarde comprendí lo que esos detalles representaban para mi madre y que no eran otra cosa que una necesidad de demostrar afecto manteniendo vivas esas tradiciones bonitas que tienen sentido en la niñez. Pero es igual, no quiero desviarme del tema.
El asunto de los regalos tomó otro color cuando comencé a salir con la que hoy es mi mujer. Y no fué un color de rosa-amor o azúl-confianza. Fué un color gris-paranormal, de esos de serie de miedo los sesenta. Y así comenzó todo:
Al principio los regalos eran comunes y predecibles: Yo le compraba cosas que creía que le iban a gustar porque me gustaban a mi (como la música) y ella me compraba cosas útiles para mi dia a dia (como es la ropa). Así funcionamos un tiempo hasta que me di cuenta de que mis regalos no le acababn de emocionar. Entonces comencé a desesperarme y a darle vueltas al asunto tratando de averiguar qué podría gustarle. Lejos de tener éxito, cada vez la cosa degeneraba más y más y los regalos le gustaban menos y menos. Hasta que un dia, tras abrir un paquete de excrementos que había adquirido para ella me confesó la terrible verdad: Según ella, durante todo el año me mandaba "señales" sobre lo que quería, pero yo no las captaba.
Ni mas ni menos.
"Señales"
A partir de ahí comencé a preocuparme. ¿Acaso me faltaba algún órgano receptor de señales? ¿Las recibía pero no era capaz de traducirlas? ¿Rebotarían las señales en mi y llegarían a otro tio que se pasaría la vida comprando cosas compulsivamente?
Ante tal frustración, hablé con ella y llegamos al acuerdo de dejar de hacernos regalos. Había perdido el sentido.
Pero lo más terrible no era mi incapacidad por recibir "señales"; Lo malo era que yo me plantaba delante de un escaparate junto a ella, le señalaba con un dedo una preciosa figura de Chthulu mientras pronunciaba "Quiero esto" y ella tampoco parecía captarlo porque al final me regalaba un pijama.
Lo dicho. Se acerca el dia del padre y he visto unos muñequitos de Goku y Vegetta, articulados y con cabezas intercambiables (para transformarlos en superguerreros) que valen cada euro que cuestan. Pero claro, yo no sé mandar "señales" y voy a quedarme sin ellos.

jueves, 6 de octubre de 2011

Hoy ha llegado la primera consulta al consultorio (claro) de Capdemut. No es exactamente lo que esperaba pero paso a publicar el mail seguido de mi réplica.

Hola capdemut, soy un mierda.
El motivo de este mail es que me gusto mucho la historia de el incidente de belen y me gustaria poder leer la continuacion.
AriesBCN


Mira AriesBCN, tu lo que eres es un/a gilipollas/os. Aparte de no poner ni un acento veo que no has entendido nada sobre el consultorio. pero t elo explico.
"El consultorio de Capdemut" está pensado para que la gente exponga sus dudas existenciales y otros problemas en apariencia irreparables para que yo, con mi sabiduría y pragmatismo, te lo resuelva en un plis; No para pedir relatos a la carta como si esto fuera un prostíbulo literario. Pero mira, por ser el primer mail que recibo y además tratarse de algo cultural, voy a pensar en ello.
Para los demás lo recuerdo: Mandad vuestras dudas vitales a capdemut@hotmail.com poniendo en el título del mensaje "Hola Capdemut, soy un mierda" y veré qué puedo hacer por vosotros.

Miedos (Paternidad parte 5)

Me da miedo que a mi hija le falten las oportunidades que yo he tenido.
Me da miedo que publicistas sin escrúpulos quieran convertirla en una princesa de color rosa.
Me da miedo que le enseñen a subir pero no a caerse y levantarse de nuevo.
Me dan miedo las espirales de pensamiento consumista que puedan arrastrarla.
Me da miedo que los hijos de Bin Laden la odien sin motivos.
Pero lo que mas me asusta, es que no quiera escucharme o no me entienda cuando trate de explicarle que todo, es una mentira.

Por supuesto, esta es una entrada actualizable.
Otra reflexión antigua: Octubre de 2010
Hace poco acudí a una tienda de gafas (donde por cierto, me atendió Ahvin, de un blog amigo) para comprarme unas gafas de sol. Yo las compré pensando que adquiría un producto normal, sin nunguna característica sobrenatural ni nada así... Pero me equivocaba.
Al principio noté que veía reflejos o destellos claros de cosas que no veía a simple vista. Pregunté a la chavala y me dijo que era normal, porque en el proceso de filtrar la luz bla, bla, bla... Y seguí con mi vida.
Pero a medida que me iba adaptando a las gafas comencé a ver algo más que reflejos. Por el rabillo del ojo veía sombras fugaces que huían cuando trataba de fijarme en ellas, y algunos objetos se veían oscuros y retorcidos a través de las lentes.
Yo no soy una persona supersticiosa, ni creo en fantasmas ni chaorradas paranormales por el estilo, pero la situación comenzaba a asustarme. Las gafas me aterrorizaban cada vez más, pero el dinero que me habían costado me impedía deshacerme de ellas.
Finalmente, cuando ya me veía acosado por figuras y formas oscuras completamente opacas que aparecían desde todas partes, me tragué mi escepticismo y se lo dije a mi mujer.
Me propuso limpiar los cristales y el problema desapareció.
Y es que incluso los misterios en apariencia más insondables acaban teniendo una explicación razonable.

martes, 4 de octubre de 2011

Alimentación (Paternidad parte 4)

Los hábitos alimentarios humanos cambian radicalmente en el proceso de la paternidad es un hecho; Pero que nadie crea que es algo gradual e imperceptible que produce sutiles cambios en la forma en la que el cuerpo metaboliza los alimentos, que va. Se trata de un cambio radical y repentino que produce cambios drásticos y visibles (a mal por supuesto) en el pobre individuo.
Todo comienza al principio del embarazo, incluso antes dependiendo de la mujer, cuando ciertos alimentos le son privados a ella y, por simpatía también al padre. Claro, no e splan de que ella no pueda probar el embutido y tu te zampes un bocata de jamón en su cara. ¿Y si sale el niño con una mancha en forma de jamón en la frente?
Más tarde la cosa cambia. la embarazada comienza a tener "antojos", una especie de caprichos cruciales que deben ser satisfechos a cualquier precio y a cualquier hora. ¿Que la mujer quiere fresas con nata a las cinco de la mañana? Pues a correr al chino 24h no sea cosa que el niño salga con una fresa con nata en el culo.
Pero al nacer... eso si que es alimentarse de mala manera. Cuando salió mi hija sólo recuerdo hacer pizzas, lasañas congeladas y otras cosas precocinadas. la falta de tiempo era tal que perder media hora haciendo cualquier plato era imposible. A los 15 dias mi sistema digestivo era un estercolero. Creo que sería una buena idea que alguien inventara algún tipo de pienso para padres; Servido en sacos de cinco Kg y con aroma a suavizante, para que mientras los abnegados padres se lo comen sin apenas masticar, tengan la sensación de que están en la cama con sábanas recién lavadas.
Pero lentamente parece que las cosas van a su sitio de nuevo. La niña comienza a ser una personita, se distrae sola, deja respirar y regresan los platos elaborados, la verdura y las legumbres pero quién me iba a decir a mi que lo peor estaba por llegar. Y es que una de las funciones del padre es comerse los restos dejados por su progenitor. Flanes caducados, yogures calientes, zumos con babas, cosas varias de dudoso aspecto y "está bueno pero me dá no se qué darselo a la niña, anda y cometelo tu" varios.
Actualmente no sé con certeza cuales son las consecuencias de este último hábito. Siento un pequeño picor en la parte baja de la espalda y al tocarme tengo la sensación de que me está saliendo un tentáculo. Lástima que no me haya salido en la parte de delante.

Tentaciones (Paternidad parte 3)

A veces, la vida le pone a uno obstáculos insalvables que obligan a cerrar los ojos y dar un gran rodeo ante la imposibilidad de caminar en línea recta, tal y como la razón le impulsa a uno. No se si eso se entiende, pero la cuestión es que el otro día fui sometido a una dura prueba, no se si por voluntad divina o por puro capricho del azar.
Resulta que iba yo paseando con mi niña en el carrito por un centro comercial, viendo escaparates y tonterías de esas, cuando dos muchachas de unos veinte años se pararon ante mi hija, admiradas por esa gracia y belleza que solo los bebés tienen; Y dejándose llevar por su instinto maternal latente, no pudieron evitar agacharse a hacerle gracias y dedicarle varios halagos.
Yo soy un padre responsable y serio, faltaría mas, pero mis ojos no pudieron evitar fijarse en sus generosos escotes, los cuales la postura de las chicas mostraba en todo su esplendor. Yo soy humano, si; Pero lo que eso implica, muy en contra de la opinión general, es que soy una especie de gorila con menos pelo. Y con esa faceta animal, mis ojos comenzaron a recorrer sus pechos, imaginando sus rosados pezones, sus firmes senos y su liso vientre; Y con la libertad que otorga la imaginación, mis ojos descendieron más allá de su cintura, buscando aquél lugar prohibido entre sus muslos al que jamás podría acceder. Mi cuerpo se tensó. Mi sangre comenzó a fluir al ritmo de mi corazón acelerado. El gorila que habita en lo mas profundo de mi ser quiso saltar, golpearse el pecho con los puños y agarrar a las chicas por la cintura para alejarse saltando con ellas…
Pero entonces, una profunda salivación de la que yo no había sido consciente me hizo atragantar y tosí, sobresaltando a las muchachas que se incorporaron de nuevo, momento que yo aproveché para decir que teníamos prisa y alejarme.
Y al dejar atrás a las chicas y proseguir mi camino en busca de mi mujer, mi gorila personal se ocultó de nuevo en su cueva, o se subió al árbol, o se metió dondequiera que se cobijen los gorilas.

Publicado el 9 de septiembre de 2010 en Mediocridad