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martes, 29 de marzo de 2022

Regalos de mierda 26 (de 284)

 

Un niño, aunque realmente ya no es tan niño, está sentado en un sofá frente a la tele tapado con una manta. A su lado, una chica de más o menos su misma edad se acurruca a su lado tapada con la misma manta.

-Entonces… ¿Este es tu piso? -comenta ella con voz dulce.

-Así es. Todo mio.

-Me parece sorprendente que te hayas independizado tan joven.

-No fue una decisión fácil, pero la situación en mi casa se volvió insoportable y tuve que dejar los estudios, que la verdad es que no me iban demasiado bien, ponerme a trabajar y alquilar esto.

-Vaya, lo siento. Seguro que lo pasaste muy mal.

-No era para tanto… al principio* -responde él evocando recuerdos algo desagradables. -Pero un día descubrí que mi padre era una especie de superhéroe sociópata** que mi madre formaba parte de una banda de ladrones de arte*** y ya cuando pusieron precio a nuestras cabezas**** decidí que ya no podía más.

-Oh, que horror. Si pudiese hacer algo para que te sintieras mejor… -dijo la muchacha deslizando su mano por la pierna del chico hasta llegar a la parte superior de su pantalón.

-Bueno y luego estaban esos regalos… -la voz del chico se entrecortó al notar como ella le desabrochaba el pantalón y metía la cabeza debajo de la manta.

-¿Pero qué demonios significa esto? -gritó ella entre confusa y enfadada.

-¿El… el qué?

-¡Esto!



-¡Espera, puedo explicártelo! ¡Fue el regalo de despedida de mi madre que..! -Pero ella ya había salido del apartamento dando un portazo y dejándole más solo de lo que había estado en su vida. Estaba claro que alejarse de sus padres no había acabado con el problema.

Continuará...

*ver la serie "Regalos de mierda desde el principio

**ver la serie llamada "El padre"

***ver (si todavía os quedan ganas) la saga de "Los santos fojones".

****y ver para terminar la epopeya de "Los mapaches" para el impresionante final.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Regalos de mierda 25 ( de 284)

-¿Mamá qué ha pasado?
-Tuviste una pesadilla, pequeñín.
-¿Pero entonces todo eso de los mapaches y los tiros y los zombis..?
-Todo lo has soñado. Como lo del motorista ninja y la vieja casa en el campo.
-Menos mal, porque ha sido tan real que… Un momento. ¿Si lo he soñado como sabes lo de la casa y lo otro y..?
-¿No tenias algo importante para clase esta semana? -Pregunta la madre sin duda para desviar la atención de su hijo.
-¡Es verdad! El viernes es la clase de cosplay y mi grupo tenemos que ir de tortugas ninja. ¡Y no tengo disfraz!
-No te preocupes hijo mio, yo te coseré uno.
-¿Pero desde cuando sabes coser?
-He visto todos los capítulos de Masters of cousture. Puedo hacer lo que quiera.
-Entonces vale. Tengo que ir de Miquelangelo.
-Ok.
-¿Sabes cual es la tortuga Miquelangelo?
-No.
-La naranja.
-Ok.
-O sea, las tortugas son todas iguales más o menos y solo cambia el color de las cintas que llevan de adorno.
-Ok. Aunque lo de colorearles las cintas fue para la serie de televisión, para que los niños las distinguieran mejor. En el cómic original de Eastman y Laird todas las llevaban de color rojo.
-¡Pues nosotros iremos como en la tele!
-Ok.
-Y Miquelangelo es la naranja. Naranja. Naranja. Naranja.
-Cintas naranja. No te preocupes. Lo tendrás listo el viernes antes de salir corriendo a clase.
-…

Viernes por la mañana, el niño se levanta, almuerza y antes de salir su madre le entrega una bolsa con el disfraz.
-Vas a ser la tortuga más guapa del baile.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Regalos de mierda 24 (la epopeya de los mapaches 5 y final)

Medianoche. Algo altera el apacible descanso del niño, que se levanta y mira por la ventana. La impenetrable oscuridad parece moverse y tomar forma en los alrededores de la casa cuando aparece lo que se asemeja a una figura oscura antropomórfica que se queda observándole. A la primera le sigue una segunda y a esa tres más. En cuestión de minutos y ante la paralizada mirada del niño, la casa queda rodeada por esas siniestras formas. El niño corre las cortinas, se da la vuelta y se dirige al pasillo para informar del extraño suceso a sus padres cuando aparece la madre corriendo a toda velocidad, lanzándose sobre él y derribándole. El niño no tiene tiempo ni de protestar por la rudeza de su progenitora cuando todo se vuelve violento.
Afuera suenan disparos y de pronto las paredes de madera vieja de la casa son perforadas por cientos de proyectiles que destrozan el mobiliario, hacen estallar las lámparas y rompen todas las botellas del mueble-bar como en las pelis del oeste. Una incesante lluvia de astillas y cristal cae sobre el niño y su madre.
-¡Qué pasa mamá! -pregunta el pequeño chillando.
-¡Nos han encontrado! -responde ella enigmáticamente.
-¿Quienes? ¿Los mapaches?
-Así es, hijo mio. Esos putos mapaches.
-¿Y ahora qué hacemos? -le pregunta él entre sollozos, desesperado.
-Vamos a bajar y huiremos por la puerta lateral.
-¿Y papá? ¿Donde está?
-No lo sé... -responde ella con seriedad-. Te diría que está muerto, pero tu padre es un cobarde y ya se sabe que los cobardes siempre se las ingenian para sobrevivir. Vayámonos sin él.
Y así madre e hijo avanzan a través de las balas que silban y estallan por todas partes, bajan las escaleras y se dirigen a la puerta lateral, pero en esos momentos la principal cede embestida por un todoterreno negro y grande y al abrirse sus puertas aparecen cuatro tipos vestidos de negro, con pasamontañas y armados con subfusiles y bates de beisbol reforzados con pinchos untados de veneno de escorpión recién mordido por una víbora.
-¡Esto no son mapaches mamá!
-Claro que no. Lo de los mapaches era un eufemismo para referirse a asesinos a sueldo enviados por un viejo enemigo con exceso de tiempo, dinero y rencor.
-¡Vamos a morir entonces!
-No -le tranquiliza la mujer-. Tu corre hacia la puerta y yo les detendré.
El niño sale corriendo hacia la puerta, que por suerte está abierta y justo antes de salir observa a su madre que realiza una serie de volteretas y giros por el aire esquivando balas y golpes hasta situarse frente al primer matón, engancharle la cabeza con las rodillas y romperle el cuello con un movimiento de cintura. Con la boca abierta, el niño sale a la calle.

Afuera hace frío pero a pesar de llevar solo un pijama, el niño se muere de calor. El corazón le funciona a toda velocidad y casi puede oír la sangre bombeada en sus sienes; sus jadeos dejan escapar pequeñas nubes de vapor y sus pasos son rápidos y precisos. El único problema es que no sabe hacia donde dirigirse. ¿El monolito en la colina, el árbol de aspecto amenazador, el bosque oscuro y profundo? Cualquier opción parece igual de estúpida pero ya da igual lo que decida porque media docena... no, qué coño... una veintena de matones armados hasta los dientes aparecen de todas partes, armados hasta los dientes y le apuntan con sus armas.
-Di buenas noches, niño -dice el que sin duda es el líder de la banda y a todas luces el más malo de todos.
El niño cierra los ojos con fuerza preparándose para morir. El malo aprieta el gatillo muy lentamente, sin duda para dotar de dramatismo al momento, y entonces algo cobra vida en el viejo cobertizo.
Un rugido ancestral, el sonido grave de una bestia largo tiempo dormida, de vuelta al mundo de los vivos gracias a la violencia desatada en la casa, sin duda alguna. Los veinte matones apuntan sus armas hacia la destartalada construcción a través de cuyos tablones que hacen de puerta y paredes brilla una luz amarillenta. Pasa un segundo, dos... se hace el silencio y al tercero todo salta por los aires. Al principio parece una bestia de acero cromado, brillando con luz propia y montada por un espectro salido del mismo abismo. Luego se revela su verdadera forma.
Un tipo vestido de negro blandiendo una afiladísima espada en cada mano montado sobre una Harley que parece conducirse sola. Los sorprendidos matones apenas tienen tiempo de reaccionar cuando las espadas del motorista ninja les seccionan las cabezas de dos en dos.
La madre aparece de pronto y agarra al niño mientras los disparos se suceden con una cadencia frenética y la moto rueda y derrapa segando las vidas de cuantos hay cerca de ella. En cuestión de minutos todos los agresores están muertos y el misterioso desconocido del cobertizo queda como único ser vivo en pie entre tanta matanza.
-¿Quién es este? -pregunta el niño a su madre con un susurro.
-Es el Motorista Ninja, el héroe definitivo -responde ella claramente enamorada de tan curioso personaje.
-¿Y que hacía en nuestro cobertizo?
-Eso no lo sé, pero por algún motivo siempre aparece en el lugar adecuado y en el momento adecuado. Dicen que controla la moto con un poder ninja-mental y que por ello puede luchar con dos armas a la vez.
-Mola.
-Supermola.
-¿Y quien es en realidad? -pregunta inocentemente el niño.
-Que tonto eres. Pareces tu padre, que mas inútil y no nace -le responde la madre con una sonrisa-. Su identidad secreta es algo que seguro que nunca sabremos.
Entonces el Motorista.Ninja, el misterioso protohéroe anónimo, desmonta, se acerca a ellos y se quita el pasamontañas, revelando su verdadera identidad.
-¿Papá? -dice el niño asombrado.
-¿Tu? -dice la madre decepcionada.
-Claro que soy yo -responde él-. Pensaba que ya lo sabíais. ¿Y qué hacéis ahí plantados? Hay que quemar todas las pruebas.

Y así, como una buena familia unida, comenzaron a amontonar los cadáveres en el centro de la casa y a rociarlos con gasolina. La madre sostuvo en sus manos una de las cabezas, la del líder del grupo, alias Nº2 y al que una vez llamó amigo y la arrojó al fuego de una triste patada. El padre subió la moto a la baca de uno de los coches negros de los malos y comenzaron a recoger sus cosas para lanzarse a la carretera de nuevo, hacia un nuevo hogar. La madre se metió en la cocina, sacó algo de provisiones y algo más que le entregó al niño.
-Toma hijo mio. Guardaba esto para tu cumpleaños, pero creo que ahora también es un buen momento. Disfruta de este bello peluche.



El niño subió al coche con una mezcla de emoción, decepción, asco, rabia y tristeza. Y un poco de tos.

Casi FIN, pero...

El necesario epílogo.

El todoterreno negro se detuvo en el aparcamiento de un bar de carretera. La familia se sentó en una mesa y esperaron a que una camarera apática les sirviera. Comenzaron a desayunar en silencio. Los padres se lanzaban miradas furtivas y viendo que la situación se volvía incómoda, el niño decidió romper el silencio.
-¿Alguien me va a explicar todo esto? -preguntó-.
-¿El qué? -dijo el padre haciéndose el despistado.
-El porqué mamá es una especie de acróbata mortal, tu un superhéroe motorizado y había una organización criminal detrás de nuestras cabezas.
-Ah eso... Es verdad. Creo que ambos necesitáis una explicación.
El padre dio un largo sorbo a su zumo de ciervo y comenzó a relatar su historia.
-Todo empezó cuando yo era joven. Había un videoclub debajo de mi casa y en esos tiempos solo salían pelis de ninjas, por lo que crecí algo obsesionado por el tema. Cuando fui mayor me apunté a un cursillo de ninjitsu donde me enseñaron a usar mis poderes mentales en combinación con mis aptitudes físicas superiores para la noble causa de matar gente de forma estilosa. Logré hacerme con una harley de segunda mano y la convertí en una expansión de mi cuerpo, logrando conducirla con mi mente para así poder usar todo mi cuerpo como arma.
-Eso ya lo sabíamos, pasa a lo importante o va a quedar una entrada muy larga y nadie la va a leer.
-Si alguien ha llegado hasta aquí ya no tiene sentido que lo deje, ahora viene lo revelador.
-¡Cuenta ya la historia, joder papá!
-Sigo... Como decía elegí el camino del bien y me convertí en un superhéroe, alquilando mis servicios al mejor postor, siempre por causas nobles, hasta que me encargaron la misión de borrar del mapa a los miembros de una organización criminal dedicada a robar obras de arte, sustituirlas por copias baratas y venderlas a filántropos aburridos. Desgraciadamente, cuando estaba a punto de cumplir mi misión, descubrí que uno de los miembros de esa organización era una joven muchacha de belleza inimitable y una flexibilidad increíble. Y me enamoré.
-Un momento... ¿Te enamoraste de mamá porque era flexible?
-Cuando seas mayor lo entenderás -le dijo la madre con una sonrisa picarona.
-Como decía, me había enamorado de tu madre pero ella no podía conocer mi identidad, así que la seduje de paisano usando el viejo truco de dar pena y llevé una doble vida desde entonces. Luego vino un taxista loco, me extrajo semen mientras dormía y fecundó a tu madre sin que ésta lo supiera y naciste tu.
-¿Que qué?
-Si. Pero eso está bien explicado en otra historia (Ver “El Padre” en este mismo blog) y no voy a extenderme más. Lo importante es que tu madre aceptó una última misión antes de retirarse definitivamente (Ver “Los santos fojones” en este blog también) y allí las cosas se complicaron.
-¿Qué pasó?
-Pasó que uno de los miembros del equipo se había aliado con el enemigo y había vendido a todo el equipo.
-Número 2... -dijo la madre con algo de tristeza.
-El mismo. Pero debido a las prisas del autor de este blog por terminar la historia, se olvidó de Nº2 y éste no murió al final del relato y por ello volvió en busca de venganza.
-Esperad un momento... -interrumpió el niño-. ¿Me estáis diciendo que todo esto de perder la casa, estar a punto de morir dos veces y ahora vagar sin rumbo y sin dinero es por culpa de un descuido del autor?
-Así es. Es un escritor mediocre.
-¿Y ahora qué va a pasar con nosotros? Es decir... ¿Cual es nuestro objetivo en la vida? ¿Por qué nos pasan cosas malas? ¿Por qué mamá siempre me hace regalos de mierda?
-Escúchame bien, pequeño... -dijo la madre con voz tranquilizadora. -Este blog no lo lee casi nadie. Todos los personajes que aquí aparecen están a borde del abismo del olvido. Bueno, excepto los reyes magos, que pasaron a formato libro, pero eso fue un caso raro. Pero por algún motivo a la gente le gustas.
-¿Yo gusto a la gente?
-Tu... o más bien el hecho de recibir regalos de mierda continuamente. Eso significa que mientras yo te haga esos regalos, seguiremos vivos. ¿Entiendes?
-Entiendo que de mis continuas decepciones depende nuestra existencia.
-Así es. Por lo tanto termínate el pollo que tenemos una vida por delante.
-Es que creo que esto no es pollo...
-¿Qué va a ser si no? Hemos pedido un krispi chicken.
-Esto parece más bien... ¡Carne humana!
Entonces todos los que en esa solitaria cafetería estaban, miraron a la familia con ojos rojos como el fuego del infierno, mostraron unos dientes afilados como bisturís y rodearon su mesa con aviesas intenciones caníbales. La madre se puso en posición de ataque, el padre se colocó el pasamontañas y sacó sus espadas y mientras tanto el niño decidió relajarse y dejarles hacer. Su vida había perdido el sentido, así que disfrutaría del espectáculo.

FIN. Ahora sí.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Regalos de mierda 23 (la epopeya de los mapaches parte 4)


Nota del autor: Una de las cosas que más me sorprenden del hecho de escribir de forma pública, ya sea en libros o en los blogs, es el ver como algunas historias a las que no les he dedicado un gran esfuerzo gustan al público incluso por encima de otras que he pensado y trabajado más. Parece que esta “Saga de los mapaches” de esta sección que tenía casi olvidada que es “Regalos de mierda” está siendo uno de esos pequeños éxitos ya que veo la normalmente escasa audiencia de este blog notablemente incrementada. ¿Qué debería hacer? Normalmente sigo escribiendo hasta que la cago, pierdo calidad y la termino, y esta vez no veo por qué debería ser distinto, así que disfrutad de las andanzas del niño y su extraña familia mientras dure.


Diario de El Niño, entrada decimocuarta.
Llevamos casi un mes en esta choza maldita y las cosas no parece que vayan a cambiar. Todo en este lugar me da escalofríos, desde los sonidos de extraños animales que trae el viento hasta los ruidos retumbantes que se escuchan por las noches provenientes de los oscuros túneles excavados en el sótano. A veces parecen los pasos de alguna enorme criatura y la única noche que me atreví a acercarme a escuchar me dio la sensación de que se podía oír el mar más allá de la impenetrable oscuridad... aunque estamos a varias millas del océano. Otra cosa que me inquieta son los extraños rituales que se celebran periódicamente en el monolito que hay en la colina; y no es que los haya presenciado, pero una tarde que salí a buscar espárragos encontré un postit pegado en la oscura roca en el que ponía “Extraños rituales todos los miércoles de luna nueva. Se pasará lista”. Pero si hay un lugar que realmente me da escalofríos es ese viejo cobertizo de madera negra tras la casa, siempre cerrado a cal y canto y al que tengo expresamente prohibido por mi padre acercarme. Mi padre...
Mamá está normal, si este calificativo fuera aplicable a ella. Parece ignorar en qué lugar estamos y actúa igual que cuando vivíamos en la ciudad; sale a comprar con su carrito y vuelve a casa cargada de bayas y raíces, a veces algún conejo muerto y habla de cosas triviales como si nada hubiera pasado. Además sigue con sus regalos; esos regalos de mierda de los que parece tener un arsenal infinito y que utiliza cada vez que se da cuenta de que mi ánimo está bajo, que es casi siempre, aunque yo lo disimulo siempre que puedo. Lleva ya cinco años con la tontería y ya no creo que cambie.... Pero es mi padre el que me preocupa. Siempre ha sido un hombre callado e impasible, pero el vivir aquí parece haber acentuado esa característica. Está en paz, como si ese fuera su lugar y nada pudiera alterarle. Solamente cuando se nombra el trastero parece mostrar algo parecido al nerviosismo y se asegura de cambiar el tema a otros más amables como el buen tiempo que hizo ayer que casi no llovió, o lo bonitas que son las setas rojizas que crecen bajo el árbol retorcido.
No sé cuanto tiempo más aguantaré esta tensa e incómoda situación, pero estoy seguro de que si no sucede algo pronto, esto va a acabar mal.

Exctracto de diario recuperado de los restos calcinados de la antigua cabaña de Mierdaville en el interior de una mochila que quedó intacta. Se desconoce la fecha exacta de su redacción.



En la proxima entrada... ¿Qué sucedió en Mierdaville para que terminara convertida en una ruina humeante? ¿Que fue del niño y sus padres? La respuesta a estas preguntas y mucho más en”Regalos de mierda, la epopeya de los mapaches parte 5”

sábado, 1 de septiembre de 2018

Regalos de mierda 22 (la epopeya de los mapaches parte 3)

La estrecha carretera de tierra serpenteaba entre altos árboles y curiosas formaciones rocosas, ascendiendo en ocasiones y bajando en otras hasta desembocar, ya de noche, en una pequeña llanura bañada por la luz de la luna y que parecía estar situada en otro mundo. En el centro había una desvencijada casa de masera oscura. Un cartel colgaba de dos postes carcomidos cuando terminaba el camino. “Mierdaville” rezaba.
-Mamá, papá... ¿En serio? -protestó el niño al bajar del coche y ver el lugar al que se acababan de mudar.
-Es una casa robusta, a la antigua, y en un enclave natural precioso -dijo el padre quitándose las gafas de sol después de haber conducido casi una hora con ellas puestas, de noche y por un camino desconocido.
-¡Es una ruina horripilante! -siguió protestando el chaval señalando cada elemento del lugar como la casa, el cobertizo torcido, el árbol del ahorcado, el estanque pútrido, la colina del antiguo monolito repleto de símbolos indescifrables más antiguos que el mismo universo... -Todo en este lugar presagia cosas malas. Y seguro que habrá un montón de bichos.
-No te preocupes -dijo la madre rompiendo su silencio.-He traído flus flus.
-Se llama flit -le corrigió el padre.
-¡Se llama mierda! -gritó histérico el niño subiendo de nuevo al coche, esta vez en el asiento del conductor. -¡Yo me largo de aquí ahora mismo!
Pero al accionar la llave de contacto el coche arrancó, dio cuatro sacudidas y se paró de nuevo para no volver a arrancar jamás.
-No tiene gasolina -explicó el padre con tranquilidad-. Lo he apurado al máximo para llegar aquí.  Da igual. Queda bonito aqui.
En ese momento el niño salió del coche echando espuma por la boca de pura desesperación, hasta que la madre le detuvo con un gesto amoroso y le entregó un paquetito.
-Toma. Esto te lo he comprado para que tu estancia aquí sea más entretenida. Es una figura oficial de tu serie favorita
Disfrútala.

viernes, 24 de agosto de 2018

Regalos de mierda 21 (la epopeya de los mapaches parte 2)

El niño se levanta de la cama y se arrastra hasta su armario donde abre un doble fondo secreto y se hace con un martillo y un cincel que guardaba allí para emergencias. Con la habilidad de un picapedrero manco comienza a golpear la escayola que recubre su pierna y le mantenía postrado en su cama desde hacía semanas, hasta que ésta se parte y cae al suelo. Una vez liberado comprueba como su supuesta lesión ha desaparecido y se pone de pie sin demasiado problema. Abre la puerta de su cuarto y baja las escaleras que conducen al salón.
El lugar parece haber sido azotado por una catástrofe natural o una guerra; los muebles están destrozados, las paredes agujereadas y el sofá despide algo de humo. Su padre está fregando unas abundantes manchas rojas del suelo mientras la madre entra y sale con bolsas de basura que parecen pesar bastante.
-Papá... ¿Qué ha pasado aquí? ¿Todo esto lo han hecho los mapaches?
-¿Qué dices de mapaches? -pregunta el padre extrañado hasta que su esposa salta hacia él dando volteretas en el aire y le propina un fuerte pisotón. -Ah si... los mapaches. Ya ves la que han montado esos marsupiales... -la madre le pisa el otro pie -¡..procionidos quería decir!
-Así es hijo mio. Esos simpáticos animalitos la han tomado con nosotros y no van a parar hasta que nos vean muertos, así que vamos a tener que mudarnos a otra ciudad, lejos de aquí, quizás más agreste y pastoril.
-¿Me estáis diciendo que nos vamos a vivir al campo? -responde el niño indignado-. ¿Pero y el curso que tengo a medias? ¿Y mis amigos? ¿Y mi vida, mamá, qué va a ser de mi vida?
-No te preocupes por eso, pequeño. Lo estabas suspendiendo todo, tus amigos solo vienen contigo para burlarse de ti y tu vida no puede ya empeorar mucho más. Tomate este cambio como una nueva oportunidad de empezar de cero.
-No estoy seguro. Tengo mis dudas... ¿Y si descubro que todavía no había tocado fondo?
-Tu no te preocupes por nada. Toma esto que seguramente te será muy útil.
El niño abre el paquete que su madre le ofrece y suspira tan intensamente que las paredes de sus pulmones se pegan y tienen que hacerle la respiración asistida para que vuelva a aceptar aire.

Cuando despierta está dentro de su coche. Mira por la ventana y ve alejarse su casa, rodeada de coches negros aparcados sin ton ni son, con las puertas abiertas y con todos sus ocupantes metidos en bolsas de basura que rebosan los contenedores del barrio. Un hilillo de humo empieza a aparecer por una de las ventanas. Todo su pasado se aleja de él, ardiendo como una hoguera gigantesca. Su padre conduce en silencio y su madre se gira para sonreírle mientras se dirigen a un futuro incierto.

jueves, 5 de julio de 2018

Regalos de mierda 20 (la epopeya de los mapaches parte 1)

El niño está en la cama con la pierna escayolada hasta la rodilla y unas ojeras importantes. Durante toda la noche se han estado oyendo ruidos extraños en el piso de abajo, como si se estuviera librando una batalla, pero sin poder asomarse a ver qué pasaba debido a su aparatoso vendaje. En esos momentos se abre la puerta y entra la madre con un tazón de leche con nescuic y una madalena.
-Aquí tienes tu almuerzo, pequeñín.
-No me llames así, mamá, ya tengo la edad de… ¿Pero qué te ha pasado? ¿Por qué vas tan despeinada y con la ropa hecha un desastre?
-No es nada pequeñín. Es que anoche se metió un mapache en casa y…
-¿Eso son manchas de sangre?
-Bueno. Es que eran varios mapaches.
-¿Me estás diciendo que se colaron muchos mapaches en casa y tuvisteis que matarlos mientras yo intentaba dormir aquí arriba?
-Así es pequeñín.
-...
-Anda, tomate la leche y descansa.
-Pero mamá… Me hice un esguince en el tobillo jugando al ajedrez. ¿Crees que es necesario tenerme aquí postrado por eso?
-Claro que si pequeñín. El reposo es lo más importante.
Entonces se oye en la calle el sonido de varios coches derrapando, como si de pronto hubiesen aparecido desde todas direcciones y se hubiesen detenido en la puerta de la casa.
-¡Aquí tenemos la segunda oleada! -grita el padre desde abajo.
-Ui, han venido más mapaches -dice la madre mientras remueve la leche con prisas.
-¿Han venido en coche? -pregunta el niño.
-Si. Ya sabes que son animales inteligentes.
-Pues yo oigo el sonido de pisadas y esto… ¿Son disparos?
-Anda, déjate de fantasías. Por cierto. ¿Recuerdas que me pediste un convertidor de video para poder enchufar tu vieja videoconsola a la tele nueva?
-¡Si! ¿Me lo has conseguido?
-Por supuesto pequeñín
Aquí lo tienes.


La madre se marcha y el jaleo abajo se intensifica. El niño suspira resignado.

domingo, 7 de enero de 2018

Regalos de mierda (19 de 284)



-¿A que viene esa cara hijo mío? Parece como si hoy en clase todos tus compañeros se hubiesen burlado de ti.
-Es que es justo lo que ha pasado mamá. Hoy tocaba revisión médica y cuando nos hemos quitado la camiseta pata el examen de próstata todos me han dicho que para la edad que tengo estoy muy fofo, fláccido, sin tono muscular… ¡Soy una vergüenza de niño!
-¿Pero a dónde vas tan corriendo y llorando? No subas las escaleras así que te la vas a pegar.
Pero el niño no escucha los consejos de su madre y se encierra en su cuarto a expresar su dolor en soledad. La madre, mientras tanto, idea una plan para que su hijo recupere la forma sin tener que apuntarse a uno de esos antros de depravación y consumo de sustancias prohibidas que son los gimnasios.
A la mañana siguiente la madre entra en el cuarto del niño sacudiendo una tapa de olla con un cucharón. El niño se despierta con tal sobresalto que se le agarrota el brazo izquierdo como al padre de superman.
-¡Qué pasa!
-Tengo la solución a tus problemas de flaccidez justo al lado de tu ventana. Asómate y verás que sorpresón te llevas.
El niño, temeroso de qué pueda encontrarse allí, descorre las cortinas y contempla la obra de su progenitora.

 -Gracias mamá. Me habrás comprado también una pelota, por lo menos.
-¿Una qué?
-Déjalo mamá. Déjalo.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Regalos de mierda (18 de 284)



Son las siete de la tarde. Empieza a oscurecer. El niño está sentado en su cuarto, en penumbra, mirando por la ventana con expresión sombría. En el parque de enfrente de su casa los niños juegan y ríen. Niños despreocupados, acompañados de sus madres, tirándose bolas de nieve y comiendo helados de fresa en una envidiable armonía. El niño les envidia. Envidia de la mala. De la de odiar. De la de desear desintegrarse y reencarnarse en un crio normal con una madre normal. 

La puerta de la habitación se abre. La madre asoma la cabeza y se fija en la figura agazapada y torcida de su hijo. Éste la mira con los ojos vacíos de emociones, creando una zona negativa entre ellos que a duras penas deja pasar el aire y propagarse el sonido. A pesar de ello la madre se esfuerza en hacerle llegar su voz.

-¿Estás bien, hijo mío...? Te noto algo obnubilado, triste, melancólico, taciturno, abatido, afligido y umbrio.

-Necesito un cerebro-. Responde el niño tras unos segundos de silencio.

-¿Como el espantapájaros de Mago de Oz? ¿O como Aníbal Lecter?

-Como ninguno de los dos, mamá. ¿Estás loca? Necesito una reproducción de un cerebro humano para clase de anatomía neuronal avanzada y no he hecho nada porque me tienes amargaaaadooo...

-¿Anatomía neuro qué? Pero si solo tienes...-. Comienza a decir la madre pero el niño la interrumpe.

-Voy a suspender tanto que me van a bajar dos cursos y volveré a...

-No te preocupes hijo mio-. Dice la madre resuelta. -Te conseguiré ese cerebro.

Lo siguiente que el niño ve es a su madre cruzando el parque derribando niños, apartando carritos a patadas y adentrándose en el bosque más ocuro que ninun ser humano haya visto jamás. En dirección al bazar chino del otro lado, sin duda.

A la mañana siguiente un rayo de sol entra por la ventana y se clava en el ojo izquierdo del niño, que al abrirlo, se encuentra con una cajita a su lado. No con poco miedo la abre y contempla con estupefacción, asombro, pasmo, desconcierto, conmoción, estupor y consternación lo que contiene.



lunes, 12 de junio de 2017

Regalos de mierda (17 de 284)



Encerrado en su habitación, el niño estaba absorto en una serie de operaciones matemáticas con tal de averiguar qué juguete podría contener el menor número de errores a la hora de ser adquirido para así comprobar si su madre era víctima de una serie de malas casualidades o si, tal como él sospechaba, era una persona genéticamente diseñada para equivocarse. Las paredes del cuarto estaban empapeladas con bocetos y operaciones matemáticas tales como ecuaciones, raíces cuadradas y restas con coma; los regalos con facilidad de confusión eran desechados y cambiados por otros con un índice mayor de acierto. Finalmente, a altas horas de la madrugada se oyó un grito de “eureka” en el vecindario. Por fin lo había conseguido.
Según los cálculos, el regalo más seguro era el de “coche de policía” con un 99,89% de probabilidades de éxito. Le había costado semanas de trabajo, búsquedas en Internet y encuestas a pie de calle, pero por fin lo había logrado. Cansado pero feliz, bajó las escaleras y se encontró a su madre preparándose un bocadillo de callos.
-Mamá, ya se que quiero para mi cumpleaños –le dijo con alegría.
-Oh, que bien. En cuanto me coma la tortilla de caracoles salgo a comprártelo.
-Gracias mamá, eres la mejor –dijo él tratando de aparentar normalidad para la mejor consecución del experimento.
Y así la madre salió y regresó al día siguiente con un paquetito entre las manos. El niño lo abrió fingiendo felicidad y su semblante se oscureció al ver el contenido.
Nubes negras se acercaban a la ciudad. Sería la peor tormenta que jamás azotara esa región.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Regalos de mierda (16 de 284)



Suena el timbre y el niño deja sobre la mesita el mando de la super famicom y comienza a caminar entre cajas de pizza, envases de lasaña precocinada y latas de refresco esparcidas por el suelo. Ya hace una semana que la madre no está en casa y su ausencia empieza a ser ligeramente perceptible. Al abrir la puerta se encuentra frente a un hombre alto, vestido de negro y con gafas de sol; su rostro impasible no posee ningún rasgo distintivo, por lo que sería fácilmente olvidable a los pocos minutos de encontrarse con él.

-No, aquí no hemos visto ningún ovni. –le dice en tono claramente jocoso.
-¿Sabes cuantas veces me han hecho esta broma? –responde él sin inmutarse.
-Lo siento, señor… -se disculpa el niño.
-Traigo un regalo de tu madre. Dice que volverá pronto. 

Entonces el hombre misterioso le da un paquete al niño y cuando éste desvía la vista un segundo para admirar el grácil vuelo de una mosca (insecto que no escasea precisamente en la casa debido a las claras evidencias de insalubridad), el señor de negro ya no está. Una persona normal se habría asomado a la puerta y habría mirado a ambos lados sorprendido, pero el niño ya estaba más que acostumbrado a las cosas raras, por lo que cerró la puerta y comenzó a abrir el paquete.
En esos momentos el padre se asoma a la escalera que sube del garaje; lleva barba de varios días y viste unas chancletas con calcetines blancos hasta las rodillas, calzoncillos cedidos y una camisa blanca con rodales amarillos en las axilas.

-¿Quién era? –pregunta.
-Un tipo que traía un paquete de mamá. –responde el niño.
-¿Y cómo sabes que es de su parte?

-Lo es.














 Atención: Proximamente  "La catedral de los santísimos fojones": Un relato protagonizado por La Madre. No os lo perdáis.