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08.-
-¿Me estás insinuando… -comenzó a decir Ramiro después de vomitar unos donuts cubiertos de chocolate que acababa de ingerir con cierta ansia a pesar de las advertencias de su supuesto editor. -...que esa chica que conocí, esa tal Miriam, era una vampira de cientos de años de antigüedad a la que tu familia lleva persiguiendo desde hace generaciones porque sois una especie de Van Helsings?
-Así es -respondió el editor cubriéndose con una chaqueta larga y negra y calándose un sombrero de ala ancha hasta los ojos mientras no dejaba de acariciar su ballesta.
-¿Y que el encuentro que tuve con ella no fue una relación sexual al uso sino una vampirización porque quiere convertirme en su esclavo?
- Exacto -afirmó el editor colocando cuidadosamente un virote de madera de fresno en su arma.
-¿Y también que yo no estaba aquí por mis dotes literarias sino para servir de cebo a la vampira y que tú pudieses venir a cazarla?
-Justo -dijo el editor colgándose en el pecho un crucifijo, a la espalda un carcaj repleto de munición y varios botes con un líquido transparente, seguramente agua bendita.
-Por lo tanto ahora yo soy un medio vampiro que si quiero volver a recuperar mi humanidad tengo que ayudarte a localizar a esa chica y destruirla.
-Así es. Andando -y el editor empujó a Ramiro a la calle.
09,-
La noche estaba cayendo y Ramiro se sentía mucho más cómodo con la ausencia de luz solar directa. Sus sentidos parecían haberse agudizado estos últimos días y avanzaba entre las sombras del valle como un sabueso seguido por el editor, que parecía un personaje sacado de una novela de Solomon Kane.
-Te repito que he peinado la zona decenas de veces en su búsqueda y no he podido encontrar esa construcción de piedra -dijo Ramiro viéndose incapaz de encontrar nada, menos aún con la presión de llevar detrás a semejante individuo.
-Los vampiros saben usar ilusiones para confundir la mente, -comenzó a explicarle con tranquilidad el editor -puede que esa casa fuese el aspecto que tenía hace cientos de años. Ha podido cambiar mucho a día de hoy.
-En ese caso… Solo se me ocurre mirar en las ruinas que hay sobre esa colina, pero incluso allí he buscado ya.
Casi sumidos en una oscuridad total, ambos subieron la colina para encontrarse entre los restos de lo que en su día podría haber sido una pequeña torre de vigilancia o refugio de piedra. Desde luego podría ser ese el lugar, pero no había en él ni rastro de vida.
-¿Podría ser aquí? -le preguntó el editor. -Trata de recordar algún detalle de aquella noche.
-Recuerdo… Que entramos por la puerta y al fondo había una chimenea, más o menos donde aquellas piedras. Aquí la mesa, el sofá y una alfombra… -y de pronto recordó algo. -El suelo hizo un ruido cuando pisé la alfombra. Como si… Hubiese algo de madera debajo.
-¿Una trampilla quizás? -preguntó el editor emocionado. -¡Ayúdame a buscar!
Y así, moviendo algunos cascotes y apartando los matojos que crecían entre las grietas, encontraron una oquedad que descendía hacia las tinieblas.
El editor encendió una linterna de esas que llevan en la cabeza los runners y se la colocó sobre el sombrero.
-Por fin he encontrado tu refugio Mary Ann.





