domingo, 2 de octubre de 2011

Cuando yo era berberecho


Hay personas que, frustradas por no poder huir de la dulce y cómoda (por lo menos para mi) mediocridad, se esfuerzan al máximo por dejarla atrás o incluso delante y sentirse así especiales. Por supuesto no todos lo consiguen y algunos de ellos deciden que si en esta vida no pueden ser alguien especial, será mejor creer que lo han sido en otra existencia anterior. Apasionante.
La primera vez que me topé con uno de esos individuos, a los que a partir de ahora llamaré reencarnados, fue en uno de mis trabajos. Él (el reencarnado) era un hombre de entre cuarenta y cincuenta años, muy simpático y que aprovechó la primera ocasión que tuvo para explicarme con todo detalle como fue abatido y enterrado todavía con vida durante una guerra mundial que ahora no recuerdo. Yo por supuesto me quedé algo pasmado y sin saber que decir, pero al tío (recordemos que era un hombre con cierta edad y en su primer día de trabajo), le parecía lo mas normal del mundo.
A partir de ese momento comencé a fijarme en ese tema y descubrí que el mundo está plagado de reencarnados que caminan entre nosotros sabiendo que cuando mueran serán otra persona o animal. Y prestando atención descubrí que todos ellos, si fueron seres humanos solían formar parte de algún colectivo o época muy conocido o característico. Por ejemplo abundan los soldados romanos, los esclavos egipcios y los nobles renacentistas. Todo muy cinematográfico, si. Y muy casual también. Y en cuanto a los animales… ahí si que hay glamour; Osos, águilas imperiales, tigres, cisnes, panteras… nada de ovejas, ratas o pulpos. Que cosas. Nadie aparece con la cabeza gacha y dice con timidez “Yo en la otra vida fui… un mono de esos del culo rojo.” Por dios, que ordinariez.
Pero tanto pensar en reencarnados me ha hecho dudar de si no seré yo también uno de ellos. Y de tanto pensar y pensar he acabado convenciéndome a mi mismo de que si, lo soy. Y dándole vueltas y vueltas al asunto, tratando de recordar mis últimas horas en el mundo he llegado a la conclusión de que en mi vida anterior fui un berberecho. Pero cuidado, no un berberecho normal. Yo fui ese berberecho que queda el último en la bandejita que sirven en el bar; ese berberecho que nadie se come y al final… lo tiran a la basura.
Reflexión rescatada del otro blog y publicada originalmente el 1 de diciembre de 2010

sábado, 1 de octubre de 2011

No hace mucho, mucho, mucho, vi la pelicula de Billy Elliot, el niño bailón y he pensado que a mi me habría gustado ser como él; Pero no por su afán de superación, su entereza para enfrentarse a su padre y su ahínco por alcanzar su sueño. Me gustaría haber sido Billy Elliot para estar cachas y conocer a muchas tias.

Pues el mio más (Paternidad parte 2)

Segunda entrada de "Paternidad", publicada en el otro blog en julio de 2010

Muchos padres y madres están convencidos de que su hijo e suna extensión de ellos mismos; Pero no contentos con ello, se convencen de que esa "escisión" es una versión mejorada y depurada que será capaz de triunfar donde ellos fracasaron: La vida.
Pero algunos sabemos que eso no es así. El hecho de que el crio tenga los ojos del padre o la boca de la madre es un simple capricho genético y las aptitudes que el niño desarrollará a lo largo de su vida serán determinadas por muchos otros factores.
Pero todo esto que digo es una gilipollez a modo de introducción porque de lo que quiero hablar es de esos padres que siendo tan inútiles en vida, necesitan presumir de sus descendientes sin darse cuenta de que son seres independientes y que con ello solo consiguen hacer el ridículo y el cansino.
Yo estaba avisado, lo reconozco, pero no pude evitar el sentirme un poco violento cuando me encontré con el primer caso.
"¿Seis meses ya? Pues la mia con seis meses ya gateaba. Y rápido. Y casi decía mamá y caca (sinonimos en ese caso)."
A lo que yo respondía (mentalmente claro) "¿Y a mi que mierda sme importa la tuya? ¿Acaso te he preguntado por tu niña a la cual no había visto en mi vida? ¿Debería de importarme si la tuya habla, camina o se tira por un barranco?
En fin... supongo que tendré que armarme de paciencia porque de ahora en adelante me encontraré muchos mas individuos de estos y tendré que inventar alguna cara para ponerles a modo de respuesta.
A veces las cosas son tan absurdas... como el fútbol.

El incidente de Belén (Prologo)

Como se acercan fechas navideñas (si, acaba de empezar octubre, ya lo sé, pero acercarse se acercan), voy a ilustrar este blog con la leyenda de los tres reyes magos de oriente. ¿Como, que suena cutre? Por supuesto.
Cuenta la leyenda que hace ya más de 2000 añacos, en algún lugar de oriente vivían tres reyes... magos. No se sabía si realmente tenían poderes sobrenaturales o eran aficionados al "Magia Borrás", pero la cuestión es que un buen dia se les apareció un enviado de dios y les dijo que debían ir hasta Belén, donde nacería el futuro rey de los judíos y que debían ir a mostrar sus repetos y de paso llevarle algún regalito. Los reyes recibieron la noticia con algo de asco y pereza, pero dios es dios y no interesa cabrearle, así que cogieron sus camellos y partieron.
Los tres reyes cruzaron montañas y desiertos siguiendo siempre la luz de una estrella que les guiaba. Algunos expertos actuales dicen que la estrella era un cometa que pasa cada cierto tiempo pero la conclusión que yo saco es que, o bien el cometa iba muy despacio o los camellos corrían que se las pelaban. Pero lo importante es que llegaron a un humilde pesebre donde una mujer acababa de dar a luz a un niño junto a su marido, un burro y una vaca. Los reyes se alarmaron al ver tal situación de insalubridad, pero la masiva afluencia de gentes de la zona les impedían llegar hasta el lugar.
Y allí estaban ellos: Melchor (jóven y de larga melena negra), Gaspar (el rubiales con pinta de interesante) y Baltasar (el negro bien vestido), tres reyes entre una multitud de pastores, campesinos, ovejas y miseria, esperando su turno para darle tres regalitos a un bebé que ni les iba ni les venía. Y claro, eso hace perder los nervios a cualquiera. Y eso desencadena la parte menos conocida y que a mi más me gusta de la leyenda y que le da, a mi parecer, algo de credibilidad.
Se dice que en medio de tal caos pastoril, Melchor, que era un tio robusto y decidido, abrió un camino entre la gente a base de codazos, empujones y patadas voladoras hasta llegar al portal. Se cuenta que un angel lo vió y corrió (o voló) a contarselo a dios y que éste, como castigo, encaneció el cabello de Melchor, dandole el aspecto de un anciano.
Podría haber sido peor conociendo cómo se las gastaba dios por esas fechas. Podría haber sido alopecia.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Primera entrada dedicada a la paternidad publicada en Abril de 2010.

Cuando creé este blog me prometí no escribir sobre mi hija, que estaba en camino, ni sobre todo eso que representa la paternidad. Siempre me han parecido exagerados los padres que idolatran a sus hijos, y especialmente, los que pretenden que los demás compartamos su fantasía. Un crio es un crio y a nadie debería importarle más allá de eso. Hay que entenderlo aunque cueste: Los niños solo gustan a sus padres. Todos los demás fingen.
La cuestión es que después de visitar blogs dedicados enteramente a un crio, mostrando su evolución desde el espermatozoide hasta que éste tiene uso de razón y rechaza a sus padres por haberle hecho un blog sin su permiso, y después de oír los consejos de decenas de padres que disfrutan sintiendose superiores ante el que todavía no lo es, he decidio si hablar de la paternidad, puesto que hay algunos mitos con los que quiero acabar. O por lo menos con la idea de que son universales.

El primero, y que mas me afectó fué el que dice que cuando uno ve la cara de su hijo/a por primera vez, toda su vida, valores, anhelos, sueños y esperanzas cambian para siempre. No sé si alguien siente realmente eso, y si es así lo respeto, pero a mi me parece que ahí se ha exagerado mucho. Cuando me asomé para ver salir a mi hija vi muchas cosas traumatizantes para mi, pero nada de mágia.
Lo malo fué que me sentí mal. Pensé "Mi hija ha nacido hace cinco minutos y ya soy un mal padre".
Y todo por culpa de los consejos que nunca pedí.

Señales (Invasión alienígena chapucera)

Otra entrada de "Arte y cultura" de mi anterior blog. Aquí comentaba (que no criticaba) una película que me gustó especialmente del gran Mel Gibson.

Nunca he sido un gran amnte del cine (ni de las peliculas), pero si hay una que no me canso de ver, esa es SEÑALES de Mel Gibson.
En esta superproducción, el seños Gibson "interpreta" a un sacerdote de esos americanos que ha perdido la fe tras la muerte de su esposa y vive con su hijo en un aburrido barrio residencial cualquiera.
¿Coñazo? Si, pero tranquilos porque la cosa se pone interesante cuando unos extraterrestres deciden invadir la Tierra, o lo que es lo mismo: América.
¿Y como se atreven semejantes bichos a invadir un país en el que hasta los niños llevan ametralladoras en el estuche del cole? Pues muy sencillo: Los humanos no conocen el punto débil de su raza intergaláctica ni su arma secreta. Y con esa confianza, desembarcan en el pueblo de Mel sembrando el terror entre la población.
¿Acción trepidante? En absoluto. Los extraterrestres resultan ser mas blandos que la mantequilla y su confianza en si mismos les hace venir sin un arma y completamente desnudos (si, igualitos que ET) y claro, miedo dan, pero ya está.
Tras unas escenas de relativa tensión, se descubre que el punto débil d elos bichos es el agua. Si, si, el agua de grifo ni mas ni menos. Y entonces el espectador astuto piensa "¿Y como vienen a un planeta con tanta agua sin traerse un miserable chubasquero, paraguas y botas de agua?" Y es que si llueve mueren todos los pobres bichos pero esto a ellos parece darles igual. Todavía les queda un arma secreta: Una pequeña nubecita de gas venenoso que, lanzada justo a la cara de una víctima previamente inmovilizada PUEDE causarle graves problemas respiratorios. Por favor, extraterrestres, para esto no vengais.
¿Que pasa al final? Pues que a base de vasos de agua y golpes en sus zonas vitales (un punto rojo brillante igualito que los jefes finales del Shinobi y otros muchos videojuegos de los 80), los invasores se ven obligados a regresar a su planeta humillados, no sin antes dejar al hijo de Braveheart medio afectado por el veneno, dando asi pié a una interpretación dramática magistral de su padre.
¿Moraleja? Ninguna. Pero si es necesaria para el buen funcionamento de la industris cinemaográfica ésta sería: "Si vas a invadir un planeta, informate antes."
Por cierto, todo esto ha sido un espoiler. Si alguien va a verla que no lo lea. Vale, tendría que haberlo escrito arriba. ¿No?
-Papá, papá! hay un alienígena desnudo en el jardín!-Coño! Enciende los aspersores, hijo mío,

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Los despertadores son buenos

Hoy mismo me comentaba un conocido cuánto odia a su despertador; Me ha dicho que detesta su sonido y la hora a la que le despierta todos los dias, como si eso fuese cosa suya, pobre aparato. Yo no he querido discutir con él porque soy un tio extremadamente violento y cuando alguien me hace la contra enseguida llego a la sangre, así que le he dado la razón como a los tontos y me he ido.
Y es que los despertadores son animales buenos. Ellos están allí toda la noche, velando por nosotros, dandonos la hora y esperando a la hora justa, exacta, que nosotros les hemos dicho antes de acostarnos para despertarnos de la forma más suave que saben, pero eso si, con determinación. No s elos otros pero el mío, si ve que no me levanto, espera ocho minutos y suena de nuevo, no sea cosa que se me peguen las sábanas y llegue tarde al (puto) trabajo.
Yo nunca podría odiar a un despertador. Yo solo odio todo aquello que el Sol ilumiona por las mañanas.