Reconozco
que soy un hombre con prejuicios. Odio y desprecio muchas cosas que no tienen
culpa de nada, por el simple hecho de ser diferentes o mejores que otras. Soy
lo peor, pensaréis. Y sí, lo soy. Pero algunas veces mi repulsa viene sostenida
por la más absoluta lógica y razón. Como es el caso del número dos.
Para
muchos es simpático. Que si es como un patito, que si su tabla de multiplicar
es la más fácil (después de la del uno y el diez, claro), que si la amistad que
si el amor… Pero para mí el dos tiene una connotación diferente y terrible: Es
el número del fracaso.
Veréis…
Llevo 35 años dando palos de ciego por esta vida y casi nunca me he propuesto
algo con seriedad. Por lo general hago las cosas porque sí, sin poner demasiado
entusiasmo y por lo tanto, no me afecta en lo más mínimo fracasar. Pero algunas
veces en las que he decidido hinchar el pecho, mirar a la vida a los ojos y
desafiar a mi funesto destino, siempre me he quedado a un paso de conseguir mi
objetivo.
Me cago
en todos los concursos literarios en los que he quedado “finalista”, en todas
las competiciones amistosas a las que no he llegado “por poco” y en todas las
putas trampas de la vida en las que he visto como ha sido otro quien ha salido
airoso y solo me han quedado fuerzas para arrastrarme lejos de mi dignidad.
A veces
envidio a los que no lo intentan, a los que no luchan, a los que pierden la
esperanza antes de comenzar a tenerla. Envidio a los que se acuestan en el sofá
y se abandonan a un fracaso anónimo, lejos de los focos que iluminarán a
vencedor y vencido. Envidio a los perdedores natos más que a los ganadores,
pues los primeros ni siquiera sienten la necesidad de esforzarse.
Y a
veces no sé por qué mierdas me levanto de la cama con ganas de hacer las cosas
bien si eso me coloca en la posibilidad de toparme de cara con el número dos al
llegar la noche y mirar en el espejo.
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Vale, vale... Reconozco que hay excepciones |
Es triste ser la primera que comenta esto... pero no quería ser la número 2. Completamente deacuerdo con esta entrada, por primera vez, no tengo nada que contradecirte.
ResponderEliminarY a pesar de que yo si tengo a mi alcance un par de buenas razones como las de la fotografía, sigue siendo de fracasada el escribir en este blog un sábado por la noche, tumbada en mi sofá esperando que alguien envie muestras de vida inteligente.
La llevo clara.
Hay más posibilidades de encontrar vida inteligente en Plutón que en este planeta un sábado por la noche.
EliminarPero no desesperes. Como dijo aquél: Nunca llueve eternamente.
Son operadas...
ResponderEliminarSeguramente lo sean.
EliminarPero a caballo fotografiado...
Mmmm entiendes mucho de tetas operadas, Sr. Rojo?
EliminarYo así... a simple vista, en esa posición, sin poder tocarlas, ni que la dueña me diga "ay tia, me puse tetas! Mira! Puedes tocarlas, es más, tocalas" (Basado en hechos reales) mientras se sube la camiseta sin esperar respuesta por mi parte... no se diferenciarlas. :/
Pues está muy bien el paisaje, ese mar tras esas colinas cubiertas por unas lonas, deben de haber plantado algo muy delicado. ¿A que os referís con lo las tetas?
EliminarLa anécdota de Sandra, debe de ser otra leyenda urbana, eso no puede pasar. Aunque es un tema muy manido en pelis de esas que no veo pero que me cuenta un amigo.
Tantos mitos y leyendas... parecéis mi profesor de cultura clasica, el cual nos contaba como cronos se comia a sus hijos y el rapto de Europa todos los días a modo de ejercicio psicológico para soportar un día más.
EliminarPero sí, las mujeres operadas, ansían enseñar sus nuevas adquisiciones, al igual que un hombre con un coche nuevo.
Y sí, mi amiga vino a mi sitio de trabajo, me dispuse a atenderla y cuando me quise dar cuenta estaba sin camiseta. Todo tan absurdo como real.
Bienvenidos a la nave del misterio.
imagen digna de rememorar.
EliminarPara que no se sienta el bloguero envidioso de no comentar su entrada y si responder el hilo realizado por otro comentarista profeional... Nos has dejado hela-2 y te lo dice un perdedor nato.
ResponderEliminarUn blog se considera un fracaso cuando los comentarios pesan más que la propia entrada a comentar. Lo pone en las instrucciones de blogguer.
EliminarA pesar de eso, gracias por esforzarte en salvarlo.
Pues va a ser cierto eso de que siempre quedas segundo, o pierdes la partida. Has escrito sobre el tema de ser un perdedor, y todo el mundo pasa del tema y prefiere hablar de tetas operadas... así no hay quien pueda!
ResponderEliminarCuando hay tetas de por medio, operadas o no, cualquier tema pasa a un segundo plano...
EliminarWow, que éxito de comentario... No deja de ser irónico que sea el comentario número 2 el que haya "suscitado tanta controversia". :P
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