Cuando uno es padre, es inevitable el soñar con el futuro de su retoño. Soñar no es ningún delito, aunque escribirlo en un blog si debería serlo; Pero mientras modifican el código penal voy a aprovechar la ocasión.
A mi me gusta mucho la astronomía y estoy decidido a pasar mis someros conocimientos a mi hija con la esperanza de que acabe gustandole todo aquello que hay más allá de nuestro cielo. De momento sabe reconocer y nombrar cosas como "estrella", "luna" o "avión" (esto no es un cuerpo celeste pero no le voy a exigir tanto). Cuando sea más mayor voy a enseñarle las constelaciones más faciles de ver y más adelante ampliaremos conocimientos juntos.
Cuando sea mas mayor decidirá ser astrofísica para ir más allá de lo que su pobre padre podía enseñarle y será ella quien me enseñe a mi, hasta que sus conocimientos queden más allá de mi alcance y comprensión. Será entonces, en algun momento del futuro cuando descubra un cometa desconocido hasta la fecha y le ponga de nombre "Capdemut" en honor a su padre, el hombre que la inició en ese apasionante mundo.
Algunas generaciones más tarde, cuando mi nombre se haya borrado por completo de la faz de la tierra y no quede nada en el mundo que recuerde mi existéncia, alguien descubrirá horrorizado que el cometa Capdemut se acerca a la tierra a toda hostia sin posibilidad de error. Entonces la humanidad del futuro reunirá a los mayores héroes de la tierra y los equipará con la más novedosa tecnología para desviar el rumbo de Capdemut y así salvar la tierra. Pero por muy futurista que parezcan las cosas, la humanidad sigue siendo un nido de chapuceros patéticos, la misión saldrá mal y los héroes morirán sin pena ni gloria y Capdemut se estrellará contra la Tierra, convirtiendo nuestra amada civilización en una barbacoa de basura.
Pero los sueños solo son sueños.
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martes, 13 de diciembre de 2011
lunes, 5 de diciembre de 2011
Queridos niños y niñas, hoy voy a contaros la historia de un príncipe que una vez alcanzada la tercera edad tuvo que tomar una importante decisión. Está basado en una historia real que pude conocer de primera mano y a la que he adornado ligeramente para darle un tono más ameno. Espero que la disfruteis.
El príncipe jubilado
Cuenta la leyenda, que en un país muy muy cercano (España) vivía un príncipe jubilado. Antaño bello y galán, el príncipe jubilado languidecía de soledad y tristeza en un palacio que le quedaba grande sin princesa ni corcel.
Por eso un buen día se le ocurrió hacer venir a una doncella de tierras lejanas (América del Sur) para que se encargara de todas aquellas tareas que él mismo no podía abarcar.
La doncella arribó y cuando conoció al príncipe jubilado mostró un inesperado interés en él. Y pasaban noches hablando sobre gestas de su juventud, sobre hazañas caballerescas y duelos vencidos con honor. Y la doncella se enamoró de él, prometiéndole que siempre estaría a su lado sin importarle la edad ni las lenguas envenenadas de cuantos conocieran su historia de amor.
Y así pasó el tiempo el príncipe, entre nubes de pechos turgentes y nalgas firmes, labios esponjosos y palabras dulces. Y prometió a la doncella que todo cuanto tenía sería suyo; palacio, oro y joyas. Y las semanas y los meses pasaban y el príncipe se sentía en un sueño.
Pero los descendientes del príncipe no eran tan felices pues sospecharon desde el principio que la doncella no era sino una bruja que mantenía al príncipe bajo un hechizo con el fin de poseer todo cuanto él había ganado durante su vida y que era a ellos a quienes debía pertenecer por linaje familiar.
Y el hechizo debía ser poderoso pues el príncipe jubilado no atendía a razones ni a las palabras de los de su misma sangre y solo tenía ojos para su doncella y oídos para su voz.
Fue entonces cuando sus familiares, alarmados por tal comportamiento y viendo que el príncipe había pasado por el notario a modificar su testamento, decidieron interceptar la correspondencia que la doncella enviaba periódicamente a su país. Y al abrir la carta vieron, escrito de su puño y letra como ésta contaba a su familia sus intenciones de encandilar al viejo para quedarse con toda su fortuna y poder traer a su marido e hijos aquí, a vivir como reyes.
Cuando la carta llegó al príncipe éste enfureció y mandó de vuelta a la bruja al lugar de donde había venido y volvió a quedar solo, triste y gris, por el resto de sus días.
Una vez fallecido todas sus pertenencias quedaron en poder de sus descendientes, quienes las repartieron sabiamente y las disfrutaron por el resto de sus días.
Como podeis ver, podemos sacar varias conclusiones y moralejas varias de este cuento; Como que ojos que no ven corazón que no siente, o si es más importante vivir feliz el resto de la vida o hacer justicia con tus descendientes. Pero yo, la conclusión que saco es que si alguna vez necesito una cuidadora la elegiré rusa; están mas buenas y si alguien intercepta una carta suya no va a entender ni papa.
El príncipe jubilado
Cuenta la leyenda, que en un país muy muy cercano (España) vivía un príncipe jubilado. Antaño bello y galán, el príncipe jubilado languidecía de soledad y tristeza en un palacio que le quedaba grande sin princesa ni corcel.
Por eso un buen día se le ocurrió hacer venir a una doncella de tierras lejanas (América del Sur) para que se encargara de todas aquellas tareas que él mismo no podía abarcar.
La doncella arribó y cuando conoció al príncipe jubilado mostró un inesperado interés en él. Y pasaban noches hablando sobre gestas de su juventud, sobre hazañas caballerescas y duelos vencidos con honor. Y la doncella se enamoró de él, prometiéndole que siempre estaría a su lado sin importarle la edad ni las lenguas envenenadas de cuantos conocieran su historia de amor.
Y así pasó el tiempo el príncipe, entre nubes de pechos turgentes y nalgas firmes, labios esponjosos y palabras dulces. Y prometió a la doncella que todo cuanto tenía sería suyo; palacio, oro y joyas. Y las semanas y los meses pasaban y el príncipe se sentía en un sueño.
Pero los descendientes del príncipe no eran tan felices pues sospecharon desde el principio que la doncella no era sino una bruja que mantenía al príncipe bajo un hechizo con el fin de poseer todo cuanto él había ganado durante su vida y que era a ellos a quienes debía pertenecer por linaje familiar.
Y el hechizo debía ser poderoso pues el príncipe jubilado no atendía a razones ni a las palabras de los de su misma sangre y solo tenía ojos para su doncella y oídos para su voz.
Fue entonces cuando sus familiares, alarmados por tal comportamiento y viendo que el príncipe había pasado por el notario a modificar su testamento, decidieron interceptar la correspondencia que la doncella enviaba periódicamente a su país. Y al abrir la carta vieron, escrito de su puño y letra como ésta contaba a su familia sus intenciones de encandilar al viejo para quedarse con toda su fortuna y poder traer a su marido e hijos aquí, a vivir como reyes.
Cuando la carta llegó al príncipe éste enfureció y mandó de vuelta a la bruja al lugar de donde había venido y volvió a quedar solo, triste y gris, por el resto de sus días.
Una vez fallecido todas sus pertenencias quedaron en poder de sus descendientes, quienes las repartieron sabiamente y las disfrutaron por el resto de sus días.
Como podeis ver, podemos sacar varias conclusiones y moralejas varias de este cuento; Como que ojos que no ven corazón que no siente, o si es más importante vivir feliz el resto de la vida o hacer justicia con tus descendientes. Pero yo, la conclusión que saco es que si alguna vez necesito una cuidadora la elegiré rusa; están mas buenas y si alguien intercepta una carta suya no va a entender ni papa.
jueves, 1 de diciembre de 2011
La casa nos come
Quien me conoce sabe que soy un hombre sencillo que aborrece los gastos superfluos. Si, soy ese ahorrador que no se compra zapatos nuevos porque le gusta llevar los dedos al aire incluso en invierno. Pero cuando me fijé en el culo de la asistenta de mi vecino supe que necesitaba una.
La casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come… con este firme argumento logré convencer a mi mujer de que la casa nos comía y que necesitábamos ayuda para limpiar y ordenar.
Desgraciadamente mi destino me impedía cruzarme con la asistenta. Mi horario y el suyo eran tan incompatibles como el día y la noche, el invierno y el verano, la cara y la… creo que ya se entiende. Pero ayer por fin, por causas laborales pude estar en casa a la hora que ella llegaba. Ya abro yo, le dije a mi mujer y hacia la puerta me dirigí. Yo no soy presumido pero soy consciente de que las primeras impresiones son importantes y por eso la recibí recién duchado, con el cabello bien arregladito, perfumado y varonil… hasta me permití hacer cuatro flexiones para que los músculos de mis brazos estuvieran tonificados. No es que mi autoestima sea baja, pero es una cuestión de supervivencia. Si mi vecino es un tío feo y poca cosa, yo tengo que aparecer con toda mi mediocridad esplendorosa.
Desgraciadamente al abrir la puerta descubrí que mi asistenta no era la asistenta de mi vecino. No solo eran diferentes personas si no que no había un solo centímetro de sus cuerpos en el mismo lugar. Era como si un maestro escultor hubiera esculpido a la mujer perfecta en mármol (la asistenta de mi vecino) y a mi me hubiera dejado el montón de piedra sobrante en la puerta de mi casa.
Me frustré. Siento ser tan débil pero cuando algo queda tan lejos de las expectativas de uno todo se hunde. El destino se burlaba de mi otra vez y ya eran tantas que no comprendía cómo le podía seguir haciendo gracia. Cogí mi bicicleta y me encaminé hacia el pico más alto dispuesto a descender después sin ningún miramiento ni precaución y terminar con tal imprudencia con mi vida y todo lo que ella acarrea. Y al llegar arriba miré hacia el horizonte y me dejé caer.
Pero por alguna ley cósmica de esas que solo sirven para joder, descubrí que cuando alguien está tan jodido que un accidente mortal de bicicleta le causaría la muerte más dulce, resulta imposible caerse. Como si el monte agreste fuese una pista de asfalto lisa y sin rugosidad alguna me deslizaba entre las piedras y los matorrales sin hacerme ni un rasguño ni llevarme susto alguno. Bajaba cada vez a más velocidad y muy pronto descubrí que eso de la velocidad Terminal era un cuento. Mis ruedas no podían girar mas deprisa por lo que se elevaron en el aire y me convertí en una ráfaga de pelo imparable. Rompí la barrera del sonido y después la del espacio tiempo. Niños asombrados me veían pasar en los años cincuenta y se quitaban las boinas. Damas renacentistas cubrían sus rostros con abanicos y me sonreían, porque como todo el mundo sabe, el viajar en el tiempo te hace más atractivo, como les pasa a las estrellas del rock. Tres reyes me siguieron en el principio de la historia y erraron su camino y finalmente crucé el espacio mucho antes de que la tierra fuese creada por un dios-mono aficionado a los reptiles.
Cuando llegué abajo fui perdiendo velocidad y recuperando tiempo hasta que llegué a mi casa y me acosté sin cenar. No hay nada como un día duro para darse cuenta que en ningún lugar se está como en casa y que allí, la cama es el mejor rincón.
La casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come, la casa nos come… con este firme argumento logré convencer a mi mujer de que la casa nos comía y que necesitábamos ayuda para limpiar y ordenar.
Desgraciadamente mi destino me impedía cruzarme con la asistenta. Mi horario y el suyo eran tan incompatibles como el día y la noche, el invierno y el verano, la cara y la… creo que ya se entiende. Pero ayer por fin, por causas laborales pude estar en casa a la hora que ella llegaba. Ya abro yo, le dije a mi mujer y hacia la puerta me dirigí. Yo no soy presumido pero soy consciente de que las primeras impresiones son importantes y por eso la recibí recién duchado, con el cabello bien arregladito, perfumado y varonil… hasta me permití hacer cuatro flexiones para que los músculos de mis brazos estuvieran tonificados. No es que mi autoestima sea baja, pero es una cuestión de supervivencia. Si mi vecino es un tío feo y poca cosa, yo tengo que aparecer con toda mi mediocridad esplendorosa.
Desgraciadamente al abrir la puerta descubrí que mi asistenta no era la asistenta de mi vecino. No solo eran diferentes personas si no que no había un solo centímetro de sus cuerpos en el mismo lugar. Era como si un maestro escultor hubiera esculpido a la mujer perfecta en mármol (la asistenta de mi vecino) y a mi me hubiera dejado el montón de piedra sobrante en la puerta de mi casa.
Me frustré. Siento ser tan débil pero cuando algo queda tan lejos de las expectativas de uno todo se hunde. El destino se burlaba de mi otra vez y ya eran tantas que no comprendía cómo le podía seguir haciendo gracia. Cogí mi bicicleta y me encaminé hacia el pico más alto dispuesto a descender después sin ningún miramiento ni precaución y terminar con tal imprudencia con mi vida y todo lo que ella acarrea. Y al llegar arriba miré hacia el horizonte y me dejé caer.
Pero por alguna ley cósmica de esas que solo sirven para joder, descubrí que cuando alguien está tan jodido que un accidente mortal de bicicleta le causaría la muerte más dulce, resulta imposible caerse. Como si el monte agreste fuese una pista de asfalto lisa y sin rugosidad alguna me deslizaba entre las piedras y los matorrales sin hacerme ni un rasguño ni llevarme susto alguno. Bajaba cada vez a más velocidad y muy pronto descubrí que eso de la velocidad Terminal era un cuento. Mis ruedas no podían girar mas deprisa por lo que se elevaron en el aire y me convertí en una ráfaga de pelo imparable. Rompí la barrera del sonido y después la del espacio tiempo. Niños asombrados me veían pasar en los años cincuenta y se quitaban las boinas. Damas renacentistas cubrían sus rostros con abanicos y me sonreían, porque como todo el mundo sabe, el viajar en el tiempo te hace más atractivo, como les pasa a las estrellas del rock. Tres reyes me siguieron en el principio de la historia y erraron su camino y finalmente crucé el espacio mucho antes de que la tierra fuese creada por un dios-mono aficionado a los reptiles.
Cuando llegué abajo fui perdiendo velocidad y recuperando tiempo hasta que llegué a mi casa y me acosté sin cenar. No hay nada como un día duro para darse cuenta que en ningún lugar se está como en casa y que allí, la cama es el mejor rincón.
sábado, 26 de noviembre de 2011
El incidente de Belén (Baltasar pt2)
Melchor y Gaspar estaban sentados a la sombra de un olivo centenario en lo alto de una colina cuando vieron llegar a Baltasar. Éste vestía las ropas propias de un rey: Una túnica con bordados, babuchas de la mas fina calidad y un turbante adornado con un broche enjoyado. Cuando el rey negro vió a sus antiguos compañeros de viaje se sorprendió en sobremanera; Melchor parecía un comando salido de una mala pelicula de Chuc Norris y Baltasar tenía sus ropajes hechos harapos y sostenía en la mano un bastón manchado de sangre.
-Ya veo que la vida no os ha sonreído amigos. Pero decidme... ¿En que podría ayudaros yo para hacerme venir con tanta urgencia?- Dijo Baltasar al llegar ante ellos.
-Estamos jodidos.-Dijo Gaspar.
-Jodidos. -Repitió Melchor sin ánimo.
-Ya veo. No teneis buen aspecto, pero no creo que yo pueda hacer nada por vosotros. Tu sabes, Gaspar, que ya no vivo en este lugar ni en este tiempo.
-¿Pero que está diciendo?- Preguntó Melchor sin entender nada.
-Cuando acabó todo, Dios te maldijo, a mi me concedió el poder de cagar oro y a Baltasar, al ser negro, le concedió la habilidad para viajar en el tiempo.
-Aaahora entiendo.-Respondió màs tranquilo Melchor. -¿Y qué es ahora de tu vida?
-Bueno... yo... estuve viajando hacia el futuro y me instalé en el principio del siglo veintiuno. Me dedico al cine.
-¿Al qué?- Preguntó Melchor.
-Oye, y qué dice la historia de nosotros? - Preguntó Gaspar.
-Es curioso, pero no queda ni rastro de nuestro paso por el mundo.
-¿Y del niño? ¿Que pasará con el futuro rey?
-Mmm... No creo que te gustara el final. Hicieron una peli sobre él hace poco.
-¿Una qué?- Preguntó Melchor, confuso.
-Eso no importa. Decidme qué quereis de mi y veré que puedo hacer.
-Necesitamos que nos escondas. El mundo entero quiere matarme a mi y a los que conmigo están. Llevanos contigo al futuro.
-Eso es una locura.-respondió baltasar algo ofendido. -El don es mio y nunca he intentado llevar a alguien conmigo. Podría ser catastrófico. Además, las cosas no son tan fáciles en el futuro.
-Yo cago oro. No tendríamos problemas de dinero en ninguna época.
-Vosotros no lo entendeis. No se puede llegar de repente al siglo veintiuno con un puñado de mierdas de oro puro y simplemente vivir. Hay unas normas y unos inspectores que vendrían a averiguar de donde ha salido tal fortuna.
-¿Inspectores?- Gritó Melchor levantandose de un salto. -No se como serán esos inspectores, pero como traten de hacer algo... -Entonces sacudió tal patada al tronco del olivo que éste tembló de la raíz hasta la copa y varias olivas maduras cayeron sobre el turbante de Baltasar.
Éste ladeó la cabeza frustrado y al mirar hacia abajo, donde se hallaba la ciudad mas proxima vió a un grupo formado por varias decenas de hombres armados y algunos cientos de ovejas rabiosas que corrian hacia la colina.
-¿Quienes son esos?
-Vienen a matarnos. -Le respondió Melchor sin girarse a mirarlos.
-Pero... nos haría falta una ametralladora para acabar con todos ellos. -Dijo Baltasar, asustado sin palidecer, pues su piel se lo impedía.
-¿Una ametraqué?
-Da igual. No tenemos tiempo, cogedme de las manos.
Y los tres reyes de oriente se cogieron de las manos, como ya hicieran tiempo atrás, antes de comenzar su viaje. Y mientras la turba enfurecida subía con sed de sangre la colina entre gritos, insultos y balidos, una energía desconocida envolvió a las tres figuras y éstas desaparecieron con un chasquido, para no ser vistas nunca más... en su tiempo.
(Epílogo)
Y lo que la historia no llegó nunca a contar fué que los tres reyes desaparecieron, rumbo al siglo 21. El maldito, el por siempre rico y el viajero en el tiempo(o negro, como se le conoce habitualmente). Pero como éste último sospechaba, su habilidad para viajar a través de los milenios no funcionaba correctamente llevando pasajeros y solo le permitió saltar de año en año, teniendo que descansar una noche entera para saltar de nuevo.
Cuenta la leyenda que esa noche, la del 5 al 6 de enero de todos los años, puede verseles en nuestro mundo, buscando un lugar donde descansar para desaparecer de nuevo al dia siguiente y reaparecer al cabo de un año (creo que ya se había entendido pero quiero que esto quede más largo), hasta que lleguen a su destino.
Y así termina la verdadera historia de los tres reyes de oriente.
-Ya veo que la vida no os ha sonreído amigos. Pero decidme... ¿En que podría ayudaros yo para hacerme venir con tanta urgencia?- Dijo Baltasar al llegar ante ellos.
-Estamos jodidos.-Dijo Gaspar.
-Jodidos. -Repitió Melchor sin ánimo.
-Ya veo. No teneis buen aspecto, pero no creo que yo pueda hacer nada por vosotros. Tu sabes, Gaspar, que ya no vivo en este lugar ni en este tiempo.
-¿Pero que está diciendo?- Preguntó Melchor sin entender nada.
-Cuando acabó todo, Dios te maldijo, a mi me concedió el poder de cagar oro y a Baltasar, al ser negro, le concedió la habilidad para viajar en el tiempo.
-Aaahora entiendo.-Respondió màs tranquilo Melchor. -¿Y qué es ahora de tu vida?
-Bueno... yo... estuve viajando hacia el futuro y me instalé en el principio del siglo veintiuno. Me dedico al cine.
-¿Al qué?- Preguntó Melchor.
-Oye, y qué dice la historia de nosotros? - Preguntó Gaspar.
-Es curioso, pero no queda ni rastro de nuestro paso por el mundo.
-¿Y del niño? ¿Que pasará con el futuro rey?
-Mmm... No creo que te gustara el final. Hicieron una peli sobre él hace poco.
-¿Una qué?- Preguntó Melchor, confuso.
-Eso no importa. Decidme qué quereis de mi y veré que puedo hacer.
-Necesitamos que nos escondas. El mundo entero quiere matarme a mi y a los que conmigo están. Llevanos contigo al futuro.
-Eso es una locura.-respondió baltasar algo ofendido. -El don es mio y nunca he intentado llevar a alguien conmigo. Podría ser catastrófico. Además, las cosas no son tan fáciles en el futuro.
-Yo cago oro. No tendríamos problemas de dinero en ninguna época.
-Vosotros no lo entendeis. No se puede llegar de repente al siglo veintiuno con un puñado de mierdas de oro puro y simplemente vivir. Hay unas normas y unos inspectores que vendrían a averiguar de donde ha salido tal fortuna.
-¿Inspectores?- Gritó Melchor levantandose de un salto. -No se como serán esos inspectores, pero como traten de hacer algo... -Entonces sacudió tal patada al tronco del olivo que éste tembló de la raíz hasta la copa y varias olivas maduras cayeron sobre el turbante de Baltasar.
Éste ladeó la cabeza frustrado y al mirar hacia abajo, donde se hallaba la ciudad mas proxima vió a un grupo formado por varias decenas de hombres armados y algunos cientos de ovejas rabiosas que corrian hacia la colina.
-¿Quienes son esos?
-Vienen a matarnos. -Le respondió Melchor sin girarse a mirarlos.
-Pero... nos haría falta una ametralladora para acabar con todos ellos. -Dijo Baltasar, asustado sin palidecer, pues su piel se lo impedía.
-¿Una ametraqué?
-Da igual. No tenemos tiempo, cogedme de las manos.
Y los tres reyes de oriente se cogieron de las manos, como ya hicieran tiempo atrás, antes de comenzar su viaje. Y mientras la turba enfurecida subía con sed de sangre la colina entre gritos, insultos y balidos, una energía desconocida envolvió a las tres figuras y éstas desaparecieron con un chasquido, para no ser vistas nunca más... en su tiempo.
(Epílogo)
Y lo que la historia no llegó nunca a contar fué que los tres reyes desaparecieron, rumbo al siglo 21. El maldito, el por siempre rico y el viajero en el tiempo(o negro, como se le conoce habitualmente). Pero como éste último sospechaba, su habilidad para viajar a través de los milenios no funcionaba correctamente llevando pasajeros y solo le permitió saltar de año en año, teniendo que descansar una noche entera para saltar de nuevo.
Cuenta la leyenda que esa noche, la del 5 al 6 de enero de todos los años, puede verseles en nuestro mundo, buscando un lugar donde descansar para desaparecer de nuevo al dia siguiente y reaparecer al cabo de un año (creo que ya se había entendido pero quiero que esto quede más largo), hasta que lleguen a su destino.
Y así termina la verdadera historia de los tres reyes de oriente.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Fantasmilla
Hallábame yo realizando tareas de reparación y mantenimiento en el tejado de mi casa, cuando vi aparecer por el camino, a un individuo flamélico y desgarbado que, viendome ocupado me preguntó en qué empresa trabajaba y que me permitía tener labor en estos tiempos de miseria y escasez. Contestóle yo que mi trabajo no venía de terceros sino que eran mis propias tareas domçesticas las que realizaba y él, poniendo expresión triste y desolada me dijo que podría hacerlo por mi si le daba 10€, ya que se hallaba sin sustento alguno. Pero no vé usted, le dije yo, que el hecho de estar tal dia como hoy entre semana y a estas horas aquí arreglando mis cosas es señal inequívoca de que me encuentro en la misma situación que usted y que cualquier aportación económicomonetaria solo serviría para empeorar mi situación. A lo que el hombre agachó la cabeza y se marchó con paso lento.
Pero a los minutos de su partida el cielo se ensombreció, un viento frío sopló y una figura pálida de blanca faz y vestimentas apareció ante mí, diciendo ser el fantasma de la navidad. Le comenté que estabamos en noviembre y el fantasma me respondió que la navidad ya había llegado al Corte Inglés y al Carrefur y que los fantasmas no iban a ser menos.
Y de la mano me llevó hasta el hogar de aquél a quien había negado mi socorro para que yo viera cuán lastimera era su vida. Y allí pude ver a dos niños que no tenían videojuegos que introducir en sus PSPs, a una esposa triste por no poder comprar esas botas de piel que tanto necesitaba y un BMW en el almacén sin gasolina que pudiera hacer rugir su motor. Y entre sus cosas vi un teléfono móvil de segunda generación, un diso duro de menos de 500 gigas y joyas de plata. Y díjole yo que eso era realmente triste pero que yo nunca pude tener nada de eso ni siquiera en proyecto y él excusose con argumentos balbuceantes e imprecisos y con voz familiar. Y al estirar de su máscara vi que el fantasma no era otro que el hombre miserable de antes disfrazado de fantoche y yo, lleno de rabia y compasión le dí 10€ por las molestias y quedamos, como un trato de sangre entre hermanos fieles, que si volvía a verle aparecer por mi camino, le daría tal paliza que no sería capaz de reconocerse al mirarse en el espejo.
Pero a los minutos de su partida el cielo se ensombreció, un viento frío sopló y una figura pálida de blanca faz y vestimentas apareció ante mí, diciendo ser el fantasma de la navidad. Le comenté que estabamos en noviembre y el fantasma me respondió que la navidad ya había llegado al Corte Inglés y al Carrefur y que los fantasmas no iban a ser menos.
Y de la mano me llevó hasta el hogar de aquél a quien había negado mi socorro para que yo viera cuán lastimera era su vida. Y allí pude ver a dos niños que no tenían videojuegos que introducir en sus PSPs, a una esposa triste por no poder comprar esas botas de piel que tanto necesitaba y un BMW en el almacén sin gasolina que pudiera hacer rugir su motor. Y entre sus cosas vi un teléfono móvil de segunda generación, un diso duro de menos de 500 gigas y joyas de plata. Y díjole yo que eso era realmente triste pero que yo nunca pude tener nada de eso ni siquiera en proyecto y él excusose con argumentos balbuceantes e imprecisos y con voz familiar. Y al estirar de su máscara vi que el fantasma no era otro que el hombre miserable de antes disfrazado de fantoche y yo, lleno de rabia y compasión le dí 10€ por las molestias y quedamos, como un trato de sangre entre hermanos fieles, que si volvía a verle aparecer por mi camino, le daría tal paliza que no sería capaz de reconocerse al mirarse en el espejo.
De esfuerzo y superación
Yo no he sido siempre así. No he sido desde siempre una piltrafa inútil que solo mueve su culo cuando es estrictamente necesario (incendios, inundaciones...) y que de no ser el diafragma un músculo voluntario se dejaría morir de asfixia. No.
Hace ya mucho tiempo yo fuí un chaval preocupado por su forma física, interesado en el deporte y con ansias de esfuerzo y superación.
Desgraciadamente, el destino te tiene agarrado con fuerza por los genitales desde el dia que naces y el mío no ha dejado de apretar y apretar desde que tengo uso de razón, hasta conseguir convertirme en el ser mediocre que ahora soy. Si alguien quiere conocer el punto de ruptura que llevó al chaval ilusionado a abandonar su estilo de vida, solo tiene que seguir leyendo.
Yo tendría 13 o 14 años en esa época y andaba con un grupo de amigos que eran aficionados a la bicicleta de montaña. La cosa comenzó como hobby y lentamente se fué poniendo mas seria hasta que se tornó competición y poco a poco nos fuimos poniendo serios. Yo, como siempre, era el rezagado; el que va el último y hay que esperar porque da pena; el que le cuelga la lengua más que a nadie en las subidas y aprieta el freno temeroso en los descensos. Pero eramos colegas y cada dia nos superabamos un poco y a mi no me importaba la idea de no poder alcanzarles en la vida. Creo que eso se llama positividad o algo asi. Pero los años pasaron y llegó la temida adolescencia con todo lo que ello conlleva; Nuestros penes comenzaron a controlar a nuestros cerebros cual ultracuerpo y lentamente, el ansia de salir, beber e intentar relacionarse con humanos del sexo opuesto fué haciendo mella en el grupo. Algunos abandonaron a la primera de cambio y otros resistieron un poco más, pero el quedarme solo era inevitable. Afortunadamente, yo era positivo y vi en esa deserción masiva la oportunidad para superarlos a todos. El plan era simple: Mientras ellos comenzaban una vida de diversión y nuevas emociones yo entrenaría solo, aburrido y triste con la única intención de que llegara un día en el que pudiera demostrarles mis progresos y que ellos se sintieran humillados ante la grandiosidad de ese al que llamaban rezagado y arrepentirse del nuevo camino que habían tomado.
El positivismo no está reñido con el ego para nada.
Perfectamente podríamos haber muerto todos de viejos sin que ese dia llegara, pero no fué así. Estando en el instituto alguien organizó una carrera de bicicleta de montaña y esa fué mi oportunidad.
La cosa no podía ir mejor; Allí estabamos todos. Mi antiguo grupo, algunos desconocidos con pinta de no tener demasiado fuelle y hasta el flojeras del instituto: Un tio enclenque y que se cansaba de pestañear pero que casualmente tenía una bicicleta en su casa y nada mejor que hacer. Y allí, sobre la colina, con mi brillante bici cromada y mi media melena al viento estaba yo, mirandolos con aire de superioridad y una sonrisa confiada en mi faz.
Había llegado la hora de la verdad.
No voy a recrearme en detalles ni explicaciones innecesarias. Solo decir que llegué el último a una buena distancia del flojeras oficial (hasta ese dia) del instituto.
Los dias siguientes los pasé meditando hasta que llegué a la conclusión de que el esfuerzo no sirve más que para cansarse, la ilusión para frustrarse y los sueños para despertarse y lamentarse por seguir existiendo en un mundo tan mediocre.
Hace ya mucho tiempo yo fuí un chaval preocupado por su forma física, interesado en el deporte y con ansias de esfuerzo y superación.
Desgraciadamente, el destino te tiene agarrado con fuerza por los genitales desde el dia que naces y el mío no ha dejado de apretar y apretar desde que tengo uso de razón, hasta conseguir convertirme en el ser mediocre que ahora soy. Si alguien quiere conocer el punto de ruptura que llevó al chaval ilusionado a abandonar su estilo de vida, solo tiene que seguir leyendo.
Yo tendría 13 o 14 años en esa época y andaba con un grupo de amigos que eran aficionados a la bicicleta de montaña. La cosa comenzó como hobby y lentamente se fué poniendo mas seria hasta que se tornó competición y poco a poco nos fuimos poniendo serios. Yo, como siempre, era el rezagado; el que va el último y hay que esperar porque da pena; el que le cuelga la lengua más que a nadie en las subidas y aprieta el freno temeroso en los descensos. Pero eramos colegas y cada dia nos superabamos un poco y a mi no me importaba la idea de no poder alcanzarles en la vida. Creo que eso se llama positividad o algo asi. Pero los años pasaron y llegó la temida adolescencia con todo lo que ello conlleva; Nuestros penes comenzaron a controlar a nuestros cerebros cual ultracuerpo y lentamente, el ansia de salir, beber e intentar relacionarse con humanos del sexo opuesto fué haciendo mella en el grupo. Algunos abandonaron a la primera de cambio y otros resistieron un poco más, pero el quedarme solo era inevitable. Afortunadamente, yo era positivo y vi en esa deserción masiva la oportunidad para superarlos a todos. El plan era simple: Mientras ellos comenzaban una vida de diversión y nuevas emociones yo entrenaría solo, aburrido y triste con la única intención de que llegara un día en el que pudiera demostrarles mis progresos y que ellos se sintieran humillados ante la grandiosidad de ese al que llamaban rezagado y arrepentirse del nuevo camino que habían tomado.
El positivismo no está reñido con el ego para nada.
Perfectamente podríamos haber muerto todos de viejos sin que ese dia llegara, pero no fué así. Estando en el instituto alguien organizó una carrera de bicicleta de montaña y esa fué mi oportunidad.
La cosa no podía ir mejor; Allí estabamos todos. Mi antiguo grupo, algunos desconocidos con pinta de no tener demasiado fuelle y hasta el flojeras del instituto: Un tio enclenque y que se cansaba de pestañear pero que casualmente tenía una bicicleta en su casa y nada mejor que hacer. Y allí, sobre la colina, con mi brillante bici cromada y mi media melena al viento estaba yo, mirandolos con aire de superioridad y una sonrisa confiada en mi faz.
Había llegado la hora de la verdad.
No voy a recrearme en detalles ni explicaciones innecesarias. Solo decir que llegué el último a una buena distancia del flojeras oficial (hasta ese dia) del instituto.
Los dias siguientes los pasé meditando hasta que llegué a la conclusión de que el esfuerzo no sirve más que para cansarse, la ilusión para frustrarse y los sueños para despertarse y lamentarse por seguir existiendo en un mundo tan mediocre.
Los panes y los penes
Hoy me he metido en una de esas páginas de videochats aleatorios, donde te enfocas la webcam al careto y esperas a que aparezca otra persona con la que charlar. Es absurdo, lo sé; Con la cantidad de gente interesante que uno puede encontrarse por la calle y todo eso, pero me ha vencido la curiosidad y el afán de conocer personas de otros países y aprender un poco de su cultura, lengua y forma de vida.
Pero en lugar de eso me he encontrado con una galería interminable de penes ávidos de carne femenina. Como yo de carne femenina estoy mas bien falto, no dejaban de desconectarme a los escasos segundos de conectar y así frenéticamente hasta que he salido de la página.
Asi de pronto me ha venido a la cabeza la depravación que conlleva el anonimato de internet y cómo los hombres se dejan llevar por sus bajos instintos exhibicionistas y otras gilipolleces; Pero entonces he recordado mis dias de juventud en el instituto y me he dado cuenta de que estas cosas han existido siempre. Y ahí va el flashback:
Estaba yo "estudiando" electricidad en el instituto de FP del pueblo; En clase eramos una veintena de tios descerebrados y con un 98% de hormonas en sangre que solo pensabamos en cosas raras relacionadas con el sexo, videojuegos o pelis de ninjas. La clase de prácticas era una gran aula cuyas ventanas traseras daban directamente a las ventanas del instituto de bachillerato en cuyas clases habían unas cosas llamadas chicas a las que nadie conocíamos pero nos atraían como la miel a los osos. Los que estabamos mejor de la cabeza nos limitabamos a mirar tímidamente y saludar de vez en cuando pero algunos otros, bastante más perturbados tomaron por costumbre sacar la polla por la ventana cuando nuestro profesor no miraba y animar a las chicas a enseñar a su vez sus pechos. Ya entonces, al igual que ahora, ninguna enseñó nada.
Y eso me ha llevado a pensar que las cosas, por mucha tecnología o capas de pintura que se les echen encima, no cambian nunca. la condición humana siempre es la misma y al final, se le da el mismo uso a una ventana que a una camara web. Lo único que cambia es la magnitud del acto. En la ventana te vven las personas que caben frente a ella, pero a través de internet, un simple pene puede viajar por todo el mundo. Puede que nunca viajemos a Malasia, a la India o a perú, pero nuestro pene si puede llegar hasta allí aunque solo sea por un segundo. Y no solo eso, no. Un pene navegando por la red mundial se encontrará con otros penes, quien sabe de qué color, tamaño y procedencia y se saludarán en silencio, como solo los penes saben hacer, para después proseguir con su viaje cibernético. Si señores; el futuro no son coches voladores ni visitas extraterrestres; El futuro son penes formados de ceros y unos viajando a la velocidad de la luz.
Como estrellas fugaces.
Lágrimas de los dioses.
Pero en lugar de eso me he encontrado con una galería interminable de penes ávidos de carne femenina. Como yo de carne femenina estoy mas bien falto, no dejaban de desconectarme a los escasos segundos de conectar y así frenéticamente hasta que he salido de la página.
Asi de pronto me ha venido a la cabeza la depravación que conlleva el anonimato de internet y cómo los hombres se dejan llevar por sus bajos instintos exhibicionistas y otras gilipolleces; Pero entonces he recordado mis dias de juventud en el instituto y me he dado cuenta de que estas cosas han existido siempre. Y ahí va el flashback:
Estaba yo "estudiando" electricidad en el instituto de FP del pueblo; En clase eramos una veintena de tios descerebrados y con un 98% de hormonas en sangre que solo pensabamos en cosas raras relacionadas con el sexo, videojuegos o pelis de ninjas. La clase de prácticas era una gran aula cuyas ventanas traseras daban directamente a las ventanas del instituto de bachillerato en cuyas clases habían unas cosas llamadas chicas a las que nadie conocíamos pero nos atraían como la miel a los osos. Los que estabamos mejor de la cabeza nos limitabamos a mirar tímidamente y saludar de vez en cuando pero algunos otros, bastante más perturbados tomaron por costumbre sacar la polla por la ventana cuando nuestro profesor no miraba y animar a las chicas a enseñar a su vez sus pechos. Ya entonces, al igual que ahora, ninguna enseñó nada.
Y eso me ha llevado a pensar que las cosas, por mucha tecnología o capas de pintura que se les echen encima, no cambian nunca. la condición humana siempre es la misma y al final, se le da el mismo uso a una ventana que a una camara web. Lo único que cambia es la magnitud del acto. En la ventana te vven las personas que caben frente a ella, pero a través de internet, un simple pene puede viajar por todo el mundo. Puede que nunca viajemos a Malasia, a la India o a perú, pero nuestro pene si puede llegar hasta allí aunque solo sea por un segundo. Y no solo eso, no. Un pene navegando por la red mundial se encontrará con otros penes, quien sabe de qué color, tamaño y procedencia y se saludarán en silencio, como solo los penes saben hacer, para después proseguir con su viaje cibernético. Si señores; el futuro no son coches voladores ni visitas extraterrestres; El futuro son penes formados de ceros y unos viajando a la velocidad de la luz.
Como estrellas fugaces.
Lágrimas de los dioses.
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