lunes, 12 de diciembre de 2016

De accidentes y gordos (y metabolismos puñeteros)





Ya he hablado con anterioridad en este blog de mi viejo amigo Alf, a cuya compañía y amistad le debo cientos de aventuras de infancia. Éramos los típicos críos que siempre van juntos y que flipan con todas las cosas que se encuentran en su camino debido sin duda, a un bajo cociente intelectual que no hace más que afianzar su afinidad. Pero la vida de Alf no fue fácil, ya que a una muy temprana edad (no éramos ni adolescentes siquiera), tuvo que superar un trauma que casi se le lleva por delante de no ser por la ayuda de un buen amigo: Yo. Y ahí va la historia.

Alf y yo volvíamos todos los días juntos a casa del cole, ya que vivíamos muy cerca el uno del otro y ya se sabe que es mejor ir acompañado que solo y que todos crean que eres raro porque en los pueblos, la gente está a la que salta. El colegio estaba situado en lo alto de una colina cubierta por la bruma, sin duda porque lo habían construido junto al cementerio y todos los cementerios que se precien están en colinas brumosas, por lo que la vuelta a casa era un cómodo paseo cuesta abajo en el cual no solía haber incidentes relevantes. Pero ese fatídico día nuestras vidas (especialmente la de Alf) iban a tomar un giro inesperado a causa de un incidente fortuito y revelador. Os pongo en situación.

Yo caminaba por la acera mientras que Alf lo hacía por la calzada, aunque a escasa distancia del bordillo mientras hablábamos de temas importantes como si Goku ganaría el torneo mundial o cuál de las tortugas ninja era más capaz en el combate desarmado. Todo marchaba sin incidentes hasta que sin previo aviso un gordo en bicicleta embistió a Alf por detrás provocando una colisión de proporciones épicas (al menos desde nuestro punto de vista). El caso es que el gordo de la bicicleta tendría prisa y a la aceleración propia del pedaleo se le sumaron su mayor masa y el incremento de velocidad propios del descenso cuesta abajo, lo cual formó una ecuación letal (fuerza+ peso x aceleración/cociente intelectual negativo) que hizo que mi amigo Alf se levantara literalmente por los aires antes de desparramarse ambos por el suelo. La escena fue dantesca. Dos niños estrellados y una bicicleta humeante con una rueda todavía girando. Afortunadamente no estábamos solos en la calle y toda la gente corrió a socorrer a los heridos pero con una extraña coincidencia: Todo el mundo fue a ayudar al gordo. Y voy a entrar en detalle.
 
Asi es como recuerdo yo el accidente.
Por lo visto el cerebro humano funciona con pautas comunes y una de ellas nos dice que ante una situación que requiere auxilio, siempre se ayudará al más desfavorecido, que en ese caso era el pobre niño con sobrepeso y mofletes rosados, aunque él había sido claramente la causa del accidente. Estamos de acuerdo en que Alf caminaba por debajo de la acera, pero sin duda nada de eso habría sucedido de no ser por la velocidad descontrolada y la escasa pericia del otro al manillar. De este modo, me encontré ante mi amigo abandonado en el suelo mientras que el gordo se llevaba todos los cuidados posibles. Y debo reconocer que incluso yo, que me sentía unido a Alf por un vínculo duradero, dudé tanto sobre a quién auxiliar que ante la lucha interna de raciocinio vs instinto, corrí a ayudar a la bicicleta. Afortunadamente para mí, cuando Alf se levantó por sus propios medios y vio la escena, fue inmediatamente consciente de qué había sucedido. Y tomó una decisión crucial en su vida. “Voy a ser gordo” me dijo nada más remprender el camino a casa.

Desde ese día Alf estaba siempre comiendo; que si un bollicao por aquí, que si un bocadillo de chopped por allá, nunca paraba de engullir a la vez que dejaba de lado las caminatas, las carreras y los paseos en bicicleta. Su decisión era tan firme como comprensible: Se convertiría un gordo para ganarse así el afecto y la compasión de un mundo que le había dejado de lado cuando más le necesitaba. Desgraciadamente para él (o no) su metabolismo preadolescente trabajaba a un ritmo endiablado y quemaba calorías a punta pala con solo parpadear, por lo que su cometido le estaba costando mucho de conseguir. Continuamente me preguntaba que si me había fijado en esa nueva lorza o en cómo le molestaba la papada para mirar hacia abajo, pero en todo los casos me vi obligado a responderle que lo estaba flipando todo, ya que estaba como siempre. Y así llegó el verano y nos marchamos de vacaciones.

Mi familia solía mandarme junto con mi prima a pasar un mes en un pueblecito en compañía de nuestra tía (una tía común de mi prima y mía) en lo que venía a ser una especie de campamento Austwitch de privaciones de comida y trabajo de sol a sol, pero dejo los detalles para una entrada futura, mientras que Alf se quedó en el pueblo atiborrándose a pastelería y embutidos. Cuando volví de mi cautiverio yo había perdido bastante peso y pelo, mientras que Alf me recibió como siempre. “¿Me ves más gordo?” Me preguntó con ilusión. Y aunque estaba igual que hacía un mes, su aspecto saludable me dio algo de envidia y en comparación conmigo, sí lo estaba, por lo que le respondí “Si. Se te ve más rechoncho” y se puso muy contento.

Después de eso su obsesión se vio aliviada, comenzó a llevar una vida normal y hasta día de hoy, en el que Alf se ha convertido en un hombre y se ha puesto gordo de verdad a pesar de practicar deporte y controlar su dieta. Si es que el metabolismo le odia, sin duda alguna.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Regalos de mierda (16 de 284)



Suena el timbre y el niño deja sobre la mesita el mando de la super famicom y comienza a caminar entre cajas de pizza, envases de lasaña precocinada y latas de refresco esparcidas por el suelo. Ya hace una semana que la madre no está en casa y su ausencia empieza a ser ligeramente perceptible. Al abrir la puerta se encuentra frente a un hombre alto, vestido de negro y con gafas de sol; su rostro impasible no posee ningún rasgo distintivo, por lo que sería fácilmente olvidable a los pocos minutos de encontrarse con él.

-No, aquí no hemos visto ningún ovni. –le dice en tono claramente jocoso.
-¿Sabes cuantas veces me han hecho esta broma? –responde él sin inmutarse.
-Lo siento, señor… -se disculpa el niño.
-Traigo un regalo de tu madre. Dice que volverá pronto. 

Entonces el hombre misterioso le da un paquete al niño y cuando éste desvía la vista un segundo para admirar el grácil vuelo de una mosca (insecto que no escasea precisamente en la casa debido a las claras evidencias de insalubridad), el señor de negro ya no está. Una persona normal se habría asomado a la puerta y habría mirado a ambos lados sorprendido, pero el niño ya estaba más que acostumbrado a las cosas raras, por lo que cerró la puerta y comenzó a abrir el paquete.
En esos momentos el padre se asoma a la escalera que sube del garaje; lleva barba de varios días y viste unas chancletas con calcetines blancos hasta las rodillas, calzoncillos cedidos y una camisa blanca con rodales amarillos en las axilas.

-¿Quién era? –pregunta.
-Un tipo que traía un paquete de mamá. –responde el niño.
-¿Y cómo sabes que es de su parte?

-Lo es.














 Atención: Proximamente  "La catedral de los santísimos fojones": Un relato protagonizado por La Madre. No os lo perdáis.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Y al final me han hecho la peli





Muchas veces me pasa que estoy hablando con algún amigo y éste de pronto me interrumpe diciéndome “Oh, estoy teniendo un deja-vu” como si fuese algo extraordinario cuando en realidad es lo más normal del mundo estando a mi lado. La causa de tal fenómeno no es mi poderosa aura energéticamente potenciada por la alineación inusual de mis chacras psicomagnéticos, sino el hecho de que me repito tanto cuando hablo, que uno acaba creyendo que ese momento ya lo ha vivido con anterioridad. Pues bien queridos lectores, debo advertiros que la siguiente entrada no es más que un extracto del discurso de presentación de mi libro, así que si fuiste uno de los afortunados en asistir al evento, puede que te dé la sensación de “esto ya lo ha oído antes” así que no te alarmes, no le pasa nada a tu cerebro; es el mío el que no está bien. Pero aunque normalmente no lo hago de forma consciente, esta vez hago una excepción porque el tema es serio y quiero que el mundo se entere. Vamos allá.

Como ya habréis visto si estáis un poco al día en cine y próximos estrenos, el día 30 de diciembre (si no me equivoco) se estrenará en España “Passengers”, una película escrita por un tal John Spaihts, dirigida por otro tal Morten Tyldum y protagonizada por otros tales cuales Jennifer Lawrence y Chris Pratt. El argumento base de la película es el siguiente: Una nave espacial sale de la tierra en dirección a un nuevo planeta que colonizar; para lograr tal hazaña todos los tripulantes son congelados como palitos Pescanova para no envejecer hasta la muerte durante el largo viaje, pero una de las capsulas congeladoras falla… y uno de los tripulantes se queda atrapado en la nave, viendo como el tiempo pasa y haciéndose la idea de que morirá antes de que sus compañeros despierten. Pero para colmo va y se enamora de una chica, que sigue congelada, claro, y su tormento se hace mayor aún. ¿La despertará para al menos no pasar solo el resto de su vida, o la respetará en su  sueño y aceptará la soledad como única compañera? Pues bien… Hasta aquí la idea básica de esta película y también la de uno de mis relatos del libro, titulado “De amor y vacío”. A partir de este punto las historias divergen, ya que mientras que mi relato habla sobre la soledad del protagonista que dedica su tiempo a observar a su amada a través del cristal y escribe para alejar la locura, en la película, como es Hollywood, él la despierta para trincársela y tener así una historia de amor. Pero lo cierto es que las similitudes del argumento y la proximidad en el tiempo de libro y película conforman una casualidad bastante notable. ¿Casualidad he dicho?

Yo no me enteré del tema hasta que mi amigo Mr.E, experto en cine y crítico musical federado, me mandó un wasap diciéndome “Tío, te han copiado un relato. Metete en google y busca Passengers” Así lo hice y me encontré con lo que os he contado más arriba, momento en el que hice pública la casualidad (básicamente para que luego no me dijeran que el copión había sido yo) y no tardaron en aparecer mensajes de “Lol xd, menuda coincidencia” etc… Pero uno de ellos resultó cuanto menos poco tranquilizador. Un amigo mío cuyo nombre mantendré en secreto y muy aficionado al tema conspiraciones y espías en la red me puso alerta. Según él, en el momento en que nos instalamos el Windows en el ordenador ya estamos instalando sin saberlo un programa espía de la CIA y el FBI para controlar todos nuestros movimientos. A partir de ahí, esos espías infiltrados pueden hacerse con nuestras cosas, como por ejemplo relatos escritos en un Word y venderlos a la poderosa pero carente de ideas originales industria de Hollywood, pudiendo plagiar cosas con total impunidad.

Y cuidado, que no voy a negar tal teoría, pero me parece muy improbable, debido básicamente a que yo tengo un sistema de seguridad en mi ordenador que lo hace literalmente inexpugnable a espías de una forma mucho más efectiva que los antivirus y faierualls que vosotros utilizáis. Y os lo voy a contar. Porque soy así de buena persona. Y es que si os fijáis en vuestros propios ordenadores os daréis cuenta de que la distribución de iconos y carpetas en el escritorio y parte superficial del disco duro es similar. Lo primero que tendréis es un fondo de pantalla relacionado con algo que os mole (una mountain bike chula, un gatito gracioso…) y un salvapantallas similar (cuadros de Monette, imágenes de Dragonball…) y luego las típicas carpetas de Mis Documentos, Mis Videos, Mis Fotos, Mi Música… Y del mismo modo, todos TODOS tenéis en lo más profundo de la menor partición de vuestro disco duro una carpetita oculta que pone “X” en la que guardáis el porno. No lo neguéis, que estamos en confianza.

Y es que el porno es una de esas cosas que va llegando, con un mail por aquí, un enlace por allí, una foto en el wasap, una broma en el face… Y luego da pena borrarlo porque otra cosa no, pero currárselo se lo curran. Y sudan lo suyo. Y ese esfuerzo no puede acabar en la papelera de reciclaje.

Pues bien. Yo en mi ordenador tengo otra distribución. Yo tengo un fondo de pantalla porno, un salvapantallas porno, las carpetas de Mis Documentos Porno, Mis Videos Porno, Mis Fotos Porno, MI Música Porno… Y en el fondo de la más oscura partición de mi disco duro una carpetita oculta con una única “X” como nombre en la que guardo celosamente mis poesías, mis cuentos y todo aquello que me avergüenza que salga a la luz. Es por ello que si el famoso espía de Hollywood entrara en mi ordenador esperaría encontrar cualquier cosa excepto un guion de cine.

Y éste es el motivo que me lleva a estar tranquilo respecto al plagio. No creo que nadie espíe mi ordenador (al menos no en busca de literatura) y además, siendo éste un relato escrito a principios de 2016, nunca presentado a ningún concurso ni habiendo sido público hasta septiembre de este mismo año y con la película a punto de estrenarse, dan muy poco tiempo para terminar con todo el proceso que lleva una gran producción cinematográfica.

Mi única intención con esta entrada era la de advertir que el relato era antes que la película porque si el año que viene alguien me viene con eso de “Jijiji, he leído tu libro y te has copiado descaradamente de una peli.”, le voy a romper la cara y luego que no me venga con que no avisé. 
Avisados estáis. 
Éstos son los susodichos

jueves, 10 de noviembre de 2016

Vamos, que esto se acaba.





Por fin ha llegado El Día. La criatura primigenia de las profundidades ha despertado  y ha emergido para llevar el mundo a la locura y la desesperación… O eso parece por lo que comenta la gente como loca en las redes sociales. Donald Trump ha ganado las elecciones del país más poderoso del mundo y eso solo puede significar que es el fin de nuestra civilización tal y como la entendemos. Pero aunque entiendo el miedo… ¿Es realmente tan raro que haya ganado? ¿Está justificada tanta incomprensión y manos alzadas al cielo exigiendo un porqué? Desde mi humilde opinión de persona que no tiene demasiada idea de política ni de casi ninguna otra cosa, no.

Ahora voy a ponerme serio y a explicaros todo esto tal como yo lo veo. Para mí la victoria de Trump guarda un claro paralelismo con la de Rajoy en España, no por las campañas de ambos candidatos ni por las promesas electorales sino por los perfiles de sus votantes. En primer lugar tenemos al obrero oprimido por su jefe, al que fríen a impuestos y le recortan los derechos laborales como collares de oro en barrio gitano. ¿Por qué esa persona vota a Rajoy? Pues está muy claro. Rajoy es un tipo bastante feo, notablemente idiota, que apenas sabe hablar y que ha demostrado muchas veces que no es capaz ni de entender lo que lee. Pero Rajoy también es un tío que gana una pasta sin dar golpe, que tiene una mujer diez años más joven que él y que si la caga en el trabajo… no pasa  nada, incluso le aplauden. Rajoy es por lo tanto, el sueño de todo obrero oprimido y como héroe al que parecerse, la persona que se lleva ese voto. Del mismo modo, Pablo Iglesias lo tiene jodido para gobernar algún día porque no para de hablar de esfuerzo, de cambio, de hacer cosas… Y la gente normal que está hecha polvo cuando llega a casa, se cansa solo de oírle.

Trump, por su parte, es un multimillonario amante de las armas abiertamente racista, machista, casado con una modelo chorrocientos años más joven y que no tiene problemas en soltar la primera barbaridad que se le pasa por la cabeza, cosa que no podemos negar, es muy americana. ¿Y qué pasa con el famoso voto latino? ¿Ese suramericano que llegó a Estados Unidos en patera o cruzando el desierto y que ha tenido que malvivir para encontrar un trabajo medianamente humano y hacerse con una chabola donde vivir? Pues precisamente, lo que ahora quiere una vez alcanzado ese anhelado sueño americano, es hacerse rico, comprarse un revolver y defender su nueva nación de inmigrantes que vienen a quitarle el trabajo, aunque sean sus propios hermanos.

Y es que los humanos no somos seres solitarios e individuales, con metas elevadas y objetivos heroicos. Somos más bien como las ovejas de un rebaño que empujan a las demás por el barranco para tener más pastos para ellas y que obedecen al perro que más ladra mientras sueñan con ser perros algún día, para poder ladrar a sus congéneres y ver como caen por los barrancos. Y aquí Trump ha sido el perro que más fuerte ha ladrado y todas las ovejas se han metido en el corral. Ahora veremos si solo las esquilan o si al final las sacrifican.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Un breve incidente automovilistico



Hoy iba conduciendo tranquilamente mi flamante descapotable rojo, pagado al contado con el dinero de la venta de mis libros, cuando atisbé por el rabillo del ojo a una de esas chicas que suelen vestir con menos tela de la que se permitiría en la España de la transición y al girarme a observarla con más detenimiento perdí el control del vehículo, estrellándome contra una antigua torre de vigilancia mozárabe, claramente identificable por su forma cilíndrica y pórtico alto y estrecho.

Al salir del montón de chatarra humeante en que se había convertido mi nuevo medio de transporte, me fijé bien y vi que la chica no era más que una bolsa de plástico enganchada a una farola. Pero qué farola. Y cómo le sentaba la bolsa.

Y una imágen que no ilustra nada.