domingo, 6 de septiembre de 2026

De piedras y traumas existenciales (Crónicas megalíticas parte 1)

 


El doctor mira la pantalla sin demasiado interés y empieza a hablar sin mirarme, lo que me saca del ensueño de mi preocupación y hace que vuelva a mi realidad de paciente en la consulta.

- Son cólicos -dice con total tranquilidad. -Pequeñas piedrecitas afiladas que flotan en tu vejiga causando pequeñas lesiones, malestar y el sangrado al orinar.

- ¿Y a qué se deben, doctor? -le pregunto lleno de curiosidad. -Si yo no bebo ni fumo y hago deporte regularmente y...

- Eso solo son patrañas, querido paciente. Los buenos hàbitos no son garantía de buena salud. Algunas veces los factores emocionales hacen que nuestro cuerpo no funcione de forma correcta y genere este tipo de problemas menores.

- ¿Me está diciendo usted que es mejor ser un drogadicto feliz que una persona sana triste?

- Si la tristeza se convierte en la bandera que uno enarbola para autodefinirse, sí.

Me quedo pensando un rato mientras él teclea, no tanto en los cólicos sino en el hecho de que ese doctor se expresa de una forma un tanto extraña.

- ¿Y qué puedo hacer? -le pregunto. -¿Hay alguna medicación que pueda ayudarme?

- ¿Medicación? -el médico suelta una sonora carcajada. -Las pastillas solo son placebos para los idiotas, y usted no parece tan tonto. Lo que tiene que hacer es resolver aquellas cuentas pendientes de su pasado, enfrentarse a todos esos traumas que le han convertido en este ser miserable y patético que es ahora y luchar para que su futuro se vea libre de toda culpa. Solo así logrará destruir esos molestos cálculos.

Y dicho esto me entrega una hoja de papel y me expulsa de la consulta con celeridad. Salgo a la calle y me quedo pensando en como la muerte de mi madre se convirtió en arenilla en mis riñones, el fracaso de mi matrimonio en fangos no filtrados, y como ahora mi exnovia seguía conmigo en forma de cristales uretrales. Y cuantas más vueltas le doy menos comprendo. Y cuanto más listo me dicen que soy, más estúpido me siento. Y cuando miro el papel que me dio el doctor compruebo que es una hoja en blanco con un pene dibujado. Y pienso y me convenzo de que esto de mear sangre no está tan mal después de todo. Que es cuestión de acostumbrarse.

2 comentarios:

  1. No es cuestión de acostumbrarse al dolor y a la tristeza, sino de ser conscientes que están en nosotros y aceptarlos. Y así dejarán de ser tan pesados.
    Tenemos que buscar la autorregulación emocional y la aceptación....No es resignarse y lamentarse con apatía y desgaste... ni juzgarlo o reprimirlo... Lo que resistes persiste...y lo que aceptas se transforma y deja de pesarnos tanto..
    Estas triste, es la realidad, permítete esa emocion y dale su espacio y su tiempo...y el peso irá desapareciendo poco a poco y a su ritmo
    Es como caminar bajo la lluvia, no puedes evitar empaparte...pero luego escampa y te sientes mucho mejor, aunque estes empapado

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    1. Cierto. Pero como siempre pasa con estas cosas, la teoría resulta mucho más sencilla que la práctica.
      Muchas gracias por el comentario.

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