Se
acerca la navidad. Otra vez. Días de prisas, de agobios y de pataletas en el
trabajo, atenuadas por eso del “va que solo quedan dos días malos y todos pa
casa”. Luces de colores, villancicos y deseos de prosperidad que ocultan
envidias y odios. Tiempo de disimular y disfrutar de las cosas que no deberían
considerarse un disfrute.
Tiempo
libre, familia, regalos, cabalgatas a última hora de la tarde con un frio al
que las niñas parecen ser extrañamente inmunes. Turrones y mazapanes tan
empalagosos que se te pegan las entrañas y casi no te dejan pensar en qué
somos, adonde vamos y de dónde venimos.
Cenas
familiares, “Tienes que lavarte los dientes ¿Por qué? Porque vas a tener que
sonreír”, comida en exceso regada con conversaciones de iluminados sobre lo
malos que son los de Podemos, el cambio climático, la guerra de Siria y que se
jodan los de Alepo que ellos se lo han buscado. Verdades como puños cerrados,
ciegos, golpeando oídos sordos. Miradas furtivas al reloj, a la bandeja de
mensajes vacía hasta que se inunda de felicitaciones.
Teatro
amateur en su máxima expresión representando esa clásica obra del “hemos
aguantado un año más” y cuyo título original de “ya nos queda un año menos” fue
censurado hace mucho en pos del optimismo y las ganas de alejarnos de una
realidad tan dura que de aceptarla, todo sería mucho más sencillo y sin tener
que preocuparnos tanto por esas cosas pequeñas que nosotros mismos metemos en
cuña en nuestras vidas.
Temporada
de suicidios, psicopatías aflorando, melancolía y arrepentimiento disimulados
de esperanza e ilusión. Buenos propósitos que arrastrar durante 365 días, 366
si toca uno de esos terribles años bisiestos que prolongan la existencia unas
horas más. Otro año para quejarnos de que las cosas no nos van todo lo bien que
podrían, a pesar de no haber hecho nada por cambiarlas, para hacer balance con
la sana intención de olvidar que no hemos hecho nada útil ni significativo, ni
lo haremos jamás. Para obviar que solo somos monos sin pelo que fracasaron en
su evolución hacia algo mejor.
En
definitiva, feliz navidad para todos y todas.
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Sí. este año tocaba un tio. Que luego me llaman esbirro del patriarcado. |
¡¡¡¡PROTESTO!!!!! Es inadmisible que se ponga en la foto un hombre... esto significa que te han robado la cuenta.
ResponderEliminarAun existe esto de la navidad? Esperaba que hubiera pasado de moda... otro año que si no fuera porque trabajao me lo pasaria en la cama colgado de sabanas y rezando a algun dios nordico esperando que nadie se acuerde de mi.
ResponderEliminarVenga, no seamos tan patéticos, que a los niños les gusta...
ResponderEliminarLes gusta, porque es un infierno para los adultos. ;P
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