martes, 13 de enero de 2026

Picor de ojos

 

Me pican los ojos y no sé porqué, y cuanto más me los froto más me lagrimean y se intensifica el picor; esa sensación de ardor, de resquemor, de incomodidad abrumadora que me obliga a cerrarlos y dejar de ver, sumirme en la confusa oscuridad y perder la noción de mi ser, mi estar y mi parecer.

Y me pregunto el porqué de mi agotamiento ocular si solo son las diez, aunque llevo desde las siete dando tumbos; y me pregunto el porqué no puedo seguir, a pesar de que apenas he parado de hacer cosas en todo el día, con el sano objetivo de mantener la mente ocupada y no pensar…

En quién soy y qué hago aquí.

En el tiempo que llevo aferrado al pasado.

En ese día en el que el fuego de mis ojos se apagó.

En la certeza de que llevo toda una vida caminando en círculos.

En la culpa que vive en algún lugar tras mi esternón y no me deja respirar por las noches.

En la sensación de fracaso que me envuelve y me constriñe como una boa a cada paso errático que doy.

Me pican los ojos y ya sé porqué, por lo que me levanto, me echo colirio y me lavo la cara con agua fresca y me siento mejor; puedo volver a ver y los colores se vuelven a definir ante mi, disfrazando la realidad de algo cómodo y familiar donde me siento bien de nuevo.

Y me doy cuenta de que ya va siendo hora de acostarse, de que no ha estado tan mal el día al final y que es verdad eso que dice aquél refrán sobre acostarse y el aprendizaje, que tampoco hace falta haber sido productivo ni haber invertido en un futuro exitoso sino sencillamente irse tranquilo a dormir.

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