sábado, 23 de enero de 2016

Los peligros del microondas (Una entrada divulgativa)





Los electrodomésticos hacen nuestras vidas más cómodas, ahorrándonos gran cantidad de tiempo que antes debíamos invertir en tareas más complejas y largas. Desgraciadamente, algunas veces no somos conscientes de que éstos pueden ser perjudiciales para nuestra salud por el simple motivo de desconocer su funcionamiento a nivel interno. Y el más claro ejemplo de esto es el microondas.

Los microondas funcionan como emisores de ondas que aumentan la velocidad a la que giran las moléculas del agua, lo cual calienta los alimentos (pero no los platos, por ejemplo) de aquello que ponemos en su interior. Pero… ¿Son nocivos para nuestra salud? Algunos expertos afirman que sí, mientras que otros aseguran que no hay peligro para las personas. Por supuesto, como suele suceder en estos casos, llegar a un acuerdo resultaría imposible, por lo que no queda más remedio que hacer un trabajo de campo y preguntar a usuarios de microondas en busca de posibles efectos secundarios. Y como éste es un blog entregado a la causa de la salud y el conocimiento, hemos buscado y al final hemos encontrado tres casos que demuestran los efectos perniciosos de utilizar estos calentadores rápidos de comida. Y a las pruebas nos remitimos.

El Sr. Remington de Wisconsin (o como se escriba) de 44 años asegura que una vez metió un vasito de agua en su microondas con la intención de calentarla para prepararse un rooibos (un tipo de infusión muy famosa en Estados Unidos) pero confundió los segundos con los minutos de la manivela y cuando sacó el vasito al cabo de casi media hora de girar allí dentro se quemó los dedos de mala manera.

La Sra. Juana de Arcos de la Frontera (Arcos de la frontera es un pueblo de Sevilla, no es que la señora se llamara como la famosa… eh… actriz) de 57 años se decidió un día a apartar el microondas para limpiar la basurilla que siempre queda detrás de las cosas en la cocina y sin darse cuenta se le cayó de la encimera, dándole de lleno en el dedo gordo del pie. Por lo visto la gravedad del asunto fue considerable al suceder en verano y llevar chancletas.

Y por último tenemos el escalofriante caso de Armando Eduardo Adelaido de Bogotá, de 36 años, al cual en medio de una discusión con su esposa, ésta le metió la cabeza en el microondas y abrió y cerró la puertecita repetidas veces y con todas sus fuerzas, lo cual le dejó (a él, claro) visibles hematomas, una migraña que duró días y, según algunos testigos, aunque esto es algo que no hemos podido comprobar, un pequeño corte en la oreja derecha. Uno de esos que según él “No paresía gran cosa pero dolía mucho”.

Y hasta aquí el fruto de nuestra investigación exhaustiva acerca del tema. Por supuesto seguiremos investigando otros electrodomésticos y trataremos de desenmascarar todo su potencial nocivo en futuras entregas.

lunes, 18 de enero de 2016

Ser o no ser... Mutante radiactivo



Hoy mismo, en medio de una conversación normal tratando temas normales del día a día y el tiempo, me han llamado “mutante radiactivo”. Así, tal cual, sin venir a cuento. Al principio, con el tema del factor sorpresa y mi habitual lentitud de asimilación de las cosas, no le he dado importancia. Je je, ji ji, tu madre más… Pero luego, ya en casa y relajado, me he dado cuenta de que el adjetivo no me había sentado muy bien. Y ahora os preguntaréis el porqué. Y ahora os lo explicaré.

Lo primero que hay que tener en cuenta cuando a uno lo adjetivizan, es si ese adjetivo es ofensivo o no, y en caso de serlo, si lo mereces o no. Por ejemplo, que te llamen tonto después de haber tirado cinco duros en una recreativa y darte cuenta a la media hora que la moneda había caído en la cazoleta y que estabas jugando a la demo del juego (caso verídico), es de ser tonto, y por lo tanto no procede a ofender. Pero lo de mutante radiactivo… es para pensarlo.

Los primeros mutantes radiactivos que me vienen a la cabeza son los de la película Humanoides del abismo (Humanoids from the Deep), los cuales habían evolucionado a partir de salmones a causa de unos vertidos tóxicos en el río. La película, por si no la habéis visto, es un drama social en el cual los salomones mutados descubren que son todos machos y que si quieren continuar con su especie deben aparearse con hembras humanas. Pero a causa de los cánones de belleza que imperan en la sociedad humana éstos no son aceptados por ninguna mujer y se ven obligados a manifestarse públicamente causando el rechazo y la ira de los aldeanos. Al final la cosa acaba mal, pero tampoco os la quiero espoilear.

Aqui vemos a uno tratando de entablar conversación
Estos mutantes, como muchos otros, no deben ser vistos como seres horribles ni monstruosos, sino más bien como inadaptados que tienen tanto derecho a estar entre nosotros como cualquier otro hijo de dios (o de los vertidos tóxicos). Ejemplos a puñados. Vease el archiconocido Vengador Toxico tratando de ser aceptado en la uni, Las tortugas ninja haciendo buenas obras desde las sombras, Godzilla buscando un lugar tranquilo donde poner huevos… En fin.

Que al principio si pero ahora ya no me siento ofendido. Que quien me lo haya dicho, si está leyendo este blog, sepa que estoy tan campante; que no soy una cosa de esas pero no me importaría; que no estoy mal. Y no voy a llorar. No voy… a…
Al monstruo de "Le bette" también le iba la cháchara.

lunes, 11 de enero de 2016

Regalos de mierda (parte 10 de 284)



El niño (el de siempre) se despierta de un salto en medio de la noche. Su cama está empapada en sudor y todo su cuerpo tirita a causa de los nervios que le dominan. La madre al notar la vibración de la cama de su pequeño (las madres notan cosas que los no-madres no podríamos ni imaginar) sube a ver que le sucede.
-¿Qué te sucede? –Es la pregunta obvia.
-¡Mamá, mamá! Que mañana hay una fiesta de disfraces importantísima y ni me acordaba y si no voy disfrazado de algo molón voy a hacer el ridículo y sabes que soy muy sensible a esas cosas.
-Tranquilo hijo mío, que yo bajo al chino 24h de la esquina y…
-No mamá. No más regalos del chino que luego ya se sabe lo que pasa. La cagas, hago el ridículo y mi autoestima ya no puede con más humillaciones.
-Pues nada, hijo mío. Tu apúntame en un papel como es exactamente el disfraz que quieres y yo sigo al pie de la letra tus indicaciones y te traigo justico justico eso.
El niño se pone a pensar un disfraz molón para impresionar a las chavalas y rápidamente viene una imagen a su mente.

-Ya lo tengo mamá. Dame papel y boli que te lo apunto.
-¿Te vale un lápiz?
-¡No!
Y así el niño agarra el boli y escribe exactamente en una hoja de papel (sobra decir que con letras bien claras en mayúscula: “Dragon Ball Movie Goku Cosplay Costume” y le indica a su madre que para que no haya errores debe contener exactamente todas esas palabras. La madre se guarda el papel, sonríe y arropa al crío.
Al día siguiente no suena el despertador a tiempo (ver anteriores entregas para comprender los problemas del chaval con el tema horario) y el niño se levanta de un salto. Llega tarde a la fiesta de disfraces, por lo que no tiene tiempo ni de abrir el paquete que su madre ha dejado preparado, aunque al ver el tique de compra, corrobora que por una vez, su progenitora lo ha hecho bien, y sale pitando a la fiesta.
A las pocas horas regresa. Le han escupido tanto y lan tirado tantas piedras, que es apenas irreconocible incluso por su propia madre.
-¿Pero qué te ha pasado? –Pregunta ella sin entender nada.
Como respuesta el niño deja caer en el suelo el disfraz, ahora inservible, y sube las escaleras en dirección a su cama, con la esperanza de acostarse y no despertar jamás.
He aquí el regalo de mierda.

 
Y he aquí la pinta aproximada del niño con él.

jueves, 7 de enero de 2016

Crónica de un siete de enero.



Seis y media de la mañana. Suena el despertador. Me incorporo, me levanto y en seguida noto algo raro; la ropa de trabajo no está hecha una bola en el suelo sino perfectamente plegada en el armario. Y con más ropa encima. No logro recordar qué ha pasado. Me visto, me pongo las botas de seguridad y me parecen aún menos cómodas que de costumbre; como si mis pies estuviesen reblandecidos. Bajo a la cocina, almuerzo polvorones y turrones… que raro. Y salgo a la calle sin tener muy claro todavía qué ha sucedido en estos últimos días.

El escenario es desolador. Luces de colores colgando de las ventanas, apagadas y balanceándose como cuerpos de ahorcados; trozos de papel de regalo rodando por las calles desiertas crujiendo lastimeramente. Cajas vacías cubriendo los contenedores de basura, árboles resecos adornados con bolas abolladas asomando en las ventanas… Todo huele raro hoy, y mi mente está embotada por una especie de bruma densa que no me deja acceder a mis recuerdos.
Ésta es la pinta que tiene mi pueblo ahora mismo.

Cuando llego al trabajo veo los primeros signos de vida humana; rostros grises, tristes, apagados… Los supervivientes se mueven como autómatas guiados por una mente superior… y maligna. Trabajan sin parar, sin rechistar, sin mirarse a los ojos, como llenos de una tristeza o vergüenza jamás vista hasta el momento. Yo les sigo la corriente y paso junto a ellos sin hablar ni cruzar mi mirada con la suya. Y a medida que pasan las horas pienso en las posibilidades más lógicas de este inesperado cambio: Una dominación alienígena que por algún motivo no me ha afectado y ahora estoy destinado a salvar a la humanidad y fecundar a todas las mujeres humanas de edades y medidas comprendidas entre… Un virus zombificante al que por algún motivo soy inmune y que ahora me obligará a acabar con cuantos me descubran y luego tendré que salvar a la especie fecundando a todas las hembras humanas… Un meteorito que ha pasado demasiado cerca de la tierra afectando a todo cristo excepto a mí a causa del revestimiento de plomo de mis paredes (y mis colegas se reían de mí, a ver cómo se ríen cuando fecunde a sus novias y esposas)… Vainas del espacio exterior… Suplantaciones de intraterrestres… Hastur el Innombrable…

Hasta que finalmente alguien me mira, me saluda y dirige la palabra. “Un superviviente, como yo” pienso, hasta que me pregunta cómo me ha ido la navidad, que si los reyes, que si las campanadas y los cuartos, que si las basculas y los propósitos y el año que nos espera… Y al final acabo recordando qué ha pasado y abandono mis sueños de grandeza en pos de otro año de ilusión y alegría, uniéndome a las masas grises y aletargadas, a la espera de que caiga un rayo y me fulmine. O algo.

miércoles, 6 de enero de 2016

El incidente de Belén 2 (Melchor pt3) y final.



En un oscuro cuartucho iluminado por una miserable bombilla, Gaspar estaba agotado, confuso y desmoralizado. Había perdido la noción del tiempo y solo recordaba grandes comilonas y una decena de hombres armados hablando en italiano y obligándole a hacer sus necesidades continuamente. Sin él saberlo había sido capturado por una mafia que estaba aprovechándose de su don para convertirse en la familia más poderosa de Sicilia. 

Afortunadamente, Baltasar podía localizar el lugar exacto donde había perdido a su compañero en el túnel del tiempo y logró localizarle con facilidad. Melchor, aunque magullado y al borde del agotamiento, quiso seguirle al interior del edificio donde se suponía que encontrarían a su amigo. Lo que vieron en el interior no les gustó demasiado.

Melchor entró en cólera. El descubrir como unos desaprensivos del siglo veinte estaban abusando de quien solo unos días (o miles de años, según se mire) le había salvado la vida, era demasiado como para mantener la calma. Con un grito de rabia hizo acopio de fuerzas y se lanzó en un salto espectacular hacia el más cercano de los sorprendidos mafiosos. De haber tenido la más remota idea de que esos cachivaches que llevaban en las manos eran armas capaces de escupir plomo a una velocidad mortal quizás se lo habría pensado antes, pero no fue así. Baltasar se tiró al suelo justo en el momento en el que Melchor golpeaba con la cabeza accidentalmente la única bombilla del techo, haciéndola estallar y dejando la sala completamente a oscuras. Los disparos comenzaron a sonar en cortas ráfagas erráticas mientras Melchor giraba y giraba sobre si mismo, golpeando en la oscuridad a cuantos cuerpos sólidos encontraba. En menos de un minuto los disparos habían cesado. Cuando Baltasar abrió la puerta y dejó entrar algo de luz, en la sala solo quedaban los cuerpos de los mafiosos, algunos inconscientes y otros abatidos por los disparos de sus propios compañeros. Una vez liberado Gaspar, continuaron su viaje hacia el futuro.

Epilogo
¿Y qué viene ahora? ¿Qué les puede suceder a tres señores con poderes, venidos de dos mil años en el pasado en la actualidad? Probablemente Gaspar venderá su oro ilimitado y blanqueará dinero para recuperar su estatus; Melchor seguirá metiéndose en líos y zurrando a cuanto se le acerque y Baltasar, como no, seguirá con su oficio de actor porno y sacará de más de un embrollo a sus compañeros. Y así vivirán decenas de aventuras repletas de acción, sexo, saltos en el tiempo, alteraciones de la realidad y demás posibilidades. Pero ya no seré yo quien os las cuente. La tercera parte del Incidente de Belén queda a disposición de vuestra imaginación.