martes, 11 de junio de 2013

Therrormix, el cocinero del apocalipsis (Tercer contACTO)

Posesión

He cruzado las calles con éxito. Nadie ha sospechado que soy uno de los que aún conservan su voluntad. No es difícil si uno se lo propone. A lo lejos veo mi casa, único refugio durante estos días y el lugar donde espero sentirme a salvo junto a mi familia. Esto debe terminar, tengo fe. Puede que no tenga la capacidad ni los recursos para hacerlo, pero habrá más resistentes como yo que lograrán salvar a la humanidad. Antes de llegar, invoco mi último recuerdo:

Semana siguiente. Otra comida familiar. No tengo ganas pero voy. Allí me esperan todos, mirándome raro.
-¿Qué hacéis? –Les digo para romper el hielo.
-Aquí… esperando… la… comida…- Me responden al unísono, con voz robótica.
-Y… ¿Comeremos paella esta vez o más recetas del trasto ese?- Digo, bromeando.
Todos me miran raro y el tío Jacinto me señala con el dedo mientras emite un sonoro chillido. Como si la aguda nota surgida de su garganta hubiese pulsado algún interruptor psicópata, todos se levantan de la mesa y se lanzan sobre mí gritando como monos rabiosos. Salgo corriendo sin mirar atrás. No pienso volver a comer con ellos aunque me lo pidan de rodillas. Por suerte soy el más joven y les gano cierta ventaja… hasta que veo aparecer a mi prima, con la misma expresión vacía y arrojándome bollos sin ningún tipo de preocupación por mi salud. Afortunadamente los bollos están tiernos y no me causan daños de consideración; finalmente alcanzo la verja, salto y puedo emprender el regreso a casa. Puta thermomix.

Y aquí estoy, frente a mi hogar, por fin. Miro por la ventana y allí están, mi mujer y mi hija, sentadas tranquilamente en el sofá. La familiar escena me hace sentir bien, aunque reparo en que hay algo que no me cuadra del todo: La niña está tranquila. Repaso la casa con la mirada y allí está, sobre la encimera de la cocina, con su brillo plateado la thermomix de los cojones.  Mi primer instinto es el de dar la vuelta y huir, pero no puedo hacer eso. Esta es mi familia, con el cacharro infernal o sin él. Meto la mano en el bolsillo y saco un bollo. Lo miro unos segundos y lo muerdo con fuerza. No está tan malo. Lo saboreo detenidamente mientras pienso en que quizás mi nueva vida no esté tan mal al fin y al cabo. La realidad se oscurece y se remodela ante mí. Ahora formo parte de algo tan enorme e incomprensible, que apenas noto la diferencia. Abro la puerta y entro en mi nueva existencia.

Epílogo: La thermomix está sobre la encimera de la cocina, observándonos, controlando todo a su alrededor. Mi mujer y yo en el sofá, anulados, vacíos, la miramos y pensamos.
-¿Qué hacemos para comer?
-Mira qué hay en la nevera y busca una receta de thermomix.
-Solo hay un limón y media cebolla. Po-po a la merdé, se llama la receta.
-Pu… maravillosa  thermomix.
Fin

(Y así termina, un relato que puede que nos enseñe algo sobre nuestra propia existencia o que quizás solo ponga en tela de juicio mi capacidad de avergonzarme de las tonterías que se me ocurren. Pero en cualquier caso, gracias por haber llegado hasta aquí.)

viernes, 7 de junio de 2013

Farrah Superstar



Desde tiempos inmemoriales, hombres y mujeres se han enfrentado entre sí por el control del mando a distancia de la tele y obtener el control así de la programación. Tal desavenencia se manifiesta durante los primeros años de convivencia, aunque levemente, llegando a conseguirse ciertos periodos de consenso; pero con el paso de los años las pelis de Jackie Chan, Vin Diesel y la lucha libre profesional van desapareciendo para dejar paso a programas de madres, embarazos y lactancias. Cuando llegan los hijos a la casa, ya ha desaparecido todo indicio de voluntad o gustos propios de cerebro del padre.


Uno de sus momentos estelares (antes)
Y uno de esos programas, tan apreciados por las mujeres en edad de concebir, era “Teen mom”, un reality sobre chiquillas que se quedaron embarazadas a edades muy tempranas y tenían que criar a sus pequeños entre horribles dificultades. Había de todo: La que daba en adopción al pequeño y luego se arrepentía mucho, la que era maltratada por el gilipollas de su novio pero ella le quería igual, la que maltrataba al suyo a pesar de pesar como 150Kg el muchacho, la que le encasquetaba al crio a su madre y se iba a vivir la vida… Lo que es la vida real, vamos. Pero entre todas esas madres imprudentes estaba Farrah, una animadora del insti que fue fecundada por un chulito piscinas que pasó de ella y luego se murió y al que la pobre Farrah idealizó con eso tan cierto de “Yo sé que él en el fondo me quería a pesar de que nunca, jamás me lo demostró.” Pero cosas aparte, Farrah era la guapa del programa y la que podía ser llamada “madre kamikaze” al querer criar ella misma a su hija, seguir con los estudios, pelearse con la loca de su madre, encontrar trabajo, seguir con su carrera de modelo y mudarse muy lejos de su pueblo sin un motivo aparente. Y por si eso fuera poco, en cuanto consiguió algo de dinero… se operó las tetas. En definitiva podríamos decir que esa chica era el único motivo por lo que los hombres aceptaban ver el programa junto a sus novias/ mujeres/ esposas por ese “A ver si hoy sale Farrah con algún modelito”. Pero Farrah no iba a ser solamente un nexo de unión entre el mundo de las marujas y los machotes. Farrah Abraham (si, se llama así) parecía tener cierta conexión con las energías del cosmos y, puede que de forma inconsciente, recibió la llamada de las plegarias de cientos de miles de hombres angustiados y decidió complacer a todos y cada uno de ellos de la mejor forma posible: ¿Con un Genkidama? No. Haciendo porno. Ahora os lo cuento.



Uno de sus momentos estelares (después)



Por lo visto la vida de la señorita Farrah dejó de ser emocionante cuando el programa terminó y las cámaras y los focos salieron de su casa. No se sabe si por afán de protagonismo o por puras necesidades económicas, afirmó en una entrevista que no rechazaría hacer porno si la suma fuera cuantiosa y poco tardaron en ofrecerle 1 millón de dólares por tal “actuación”, suma que Farrah elevó a 1’5 millones por eso de asegurarse el futuro un poquito. Y dicho y hecho, la grabación acaba de salir a la luz del día con el título de “Farrah Superstar in Backdoor Moms” y no os esperéis una de esas cintas cutres, supuestamente robadas donde se ve un pezón y “Uy uy lo que ha hecho esta”, no. El vídeo, de más de una hora de duración está rodado con todo el lujo y con un actor profesional de la escena llamado James Deen (es que estos del porno son la monda) que da todo de si en la actuación.




Pero no, no nos dejemos deslumbrar por la santísima trinidad del “teta, culo, pene” y quedémonos con la parte humana de esta historia. No sabemos qué le deparará el futuro a la buena de Farrah (que seamos realistas quienes hemos visto su vídeo y reconozcamos que no tiene demasiado futuro en la escena), pero si sabemos qué ha hecho por nosotros, uniendo dos mundos aparentemente imposibles de conciliar, haciendo que los hombres compartieran esas noches de televisión con sus parejas y consiguiendo que éstas vieran porno, aunque solo fuera para poder criticar a la pobre muchacha. 

Farrah nos ha vuelto mejores personas. 
Larga vida a Farrah.


miércoles, 5 de junio de 2013

Therrormix, el cocinero del apocalipsis (Segundo contACTO)

Visiones


El tren pasa y espero en la oscuridad durante unos minutos. Las calles están vacías y reina el silencio. Lentamente me levanto, cruzo las vías y camino por el centro de la calle, lentamente, sin mirar en ningún punto fijo. Sé que desde las ventanas me observan, esperando ver en mi cualquier atisbo de humanidad o emoción para dar la alarma y cazarme. Debo llegar a mi casa. Allí estaré a salvo, al menos por un tiempo. Y mientras camino, recuerdo cómo comenzó para mí esta pesadilla.

Fue en una de esas comidas familiares campestres donde todo el mundo se lo pasa bien. Y entre saludos y necesarias cordialidades me encontré con la tía Maria. Tenía los ojos en blanco y un ictus sonriente en su rostro; En sus manos sostenía una bandeja con unos bollos raros.
-Pruébalos, hijo mío… los he hecho con la… thermomiiiiix.
-No, gracias tía… Me guardo el hambre para la paella.
-Está bueno. Coge, coge uno…
-No lo dudo, tia, pero no quiero comer antes de hora, gracias.
-¡Uno, prueba solo uno! ¡¡Unooo!!
Mi tia parecía fuera de sí por lo que me dispuse a dejarla de la forma más educada que se me ocurrió. Le di un empujón y le grité eso de:
-¡Déjame en paz, vieja senil!
Salí corriendo y me refugié en la casa con la vieja pisándome los talones. Cerré la puerta y ella comenzó a golpearla repetidamente; Vi su cara desencajada al otro lado del cristal, chillando y tratando de abrir. Debo reconocer que por un instante sentí miedo ante la posibilidad de que su locura hubiese aumentado su fuerza hasta niveles inesperados y lograra tirar la puerta abajo. Pero finalmente se hizo el silencio. Parecía que ya no estaba fuera. Habría encontrado a otro desgraciado a quien ofrecerle sus bollos. Me acerqué a la puerta, despacio, agarré el pomo… y en el momento en que lo giré la tía María saltó sobre mí gritando y babeando como una posesa; Pude mantenerla a raya con una silla mientras le golpeaba en la cara con un flexo hasta que alguien llamó desde afuera. Estaban sirviendo la paella. La tía María se calmó de repente, me sonrió, arregló su ropa arrugada por el forcejeo y salió. Bendita paella.

Pasaron algunas semanas, no demasiadas, cuando se celebró otra comida familiar. Esta vez fui preparado y llevaba un spray anti violadores por si me encontraba con la chiflada de la tía María. Llegué tarde para evitarla y me senté directamente en la mesa, lejos de ella. Sirvieron mi plato y donde debería haber arroz, encontré bollos de thermomix. Miré a mi abuela algo desconcertado.
-Hoy vamos a cambiar de menú. –Me dijo. –Me he comprado la thermomix.
Perdí el hambre al instante, incapaz de comprender tal cambio en mi abuela, que no dejaba de repetir lo rápido y fácil que era cocinar con el dichoso aparato. Me parecía tan raro que hubiese abandonado la cocina tradicional como que nadie más protestara. Todos comieron de esos bollos excepto yo, que me alimenté de berberechos y olivas rellenas de berberecho, mientras lentamente, todos trataban de convencerme de que comiera de los dichosos bollos. Ya había tenido bastante. Me levanté y me fui a un rincón donde me encontré con mi prima.
-¿Has visto a la abuela?- Le dije
-Si, está mejor de las piernas.

-No digo eso. La thermomix.

-Si, con lo bien que cocinaba, se ve que estaba cansada.

-Si la bisabuela levantara la cabeza…

-Le hace la vida más fácil. La thermomix.

-¿Y lo buenas que estaban sus paellas?

-Si pero… La thermomix…

-Que cabrona la abuela.

-Si…
Mi prima se quedó con la mirada perdida en el hiperespacio, así que me levanté y me fui. Las cosas se estaban volviendo raras y no pensaba quedarme allí a verlo. No sé si mi decisión de no comer me salvó la vida o solo me condenó a una existencia de miedo y paranoia. Quizás de haber sabido la vida que me esperaba, me habría rendido a la voluntad alienígena del “Therrormix”.


(No os perdais el emocionante e inesperado desenlace, la semana que viene aproximadamente)