Después de unas semanas de excesos, voy a bajar el tono del
blog rescatando una vieja sección: “Grandes profesiones”. Hablando esta vez de
un gran menospreciado: El camarero de restaurante chino. Vamos allá.
Llegar a ser camarero de un restaurante chino no es tan fácil
como parece; De hecho, es mucho más sencillo convertirse en un alto mando de la NASA. ¿Qué no os lo creéis?
Pues vamos a analizar los requisitos necesarios para lograrlo y después me
discutís.
1: Ser chino. Fundamental y muy difícil de conseguir si uno
no lo es desde pequeño.
2: Hablar español bastante bien. El camarero es el único
nexo de unión entre el cliente y su
comida. Cualquier intento de pedir explicaciones al cocinero fracasará de
inmediato si no lidia el camarero. En cualquier caso, si uno se encuentra con
un pedazo de carne de procedencia dudosa, es recomendable apartarla a un lado y
olvidarla para siempre, por si acaso.
3: Tener temple y paciencia. Para poder resistir los estúpidos
comentarios típicos de algunos clientes graciosos del estilo de “Ponme más bambú,
que hoy me siento oso panda” o “No me mires con esos ojos que parece que
sospeches de mi”. Y así una infinidad de estupideces capaces de destrozar los
nervios a cualquiera en cuestión de semanas.
4. Ser un experto en artes marciales (aunque no lo parezca y
nadie lo sospeche). Los chinos son de dar patadas y conocer técnicas milenarias
heredadas de sus abuelos no todos, pero si los camareros. ¿Porqué? Muy sencillo: Por si las cosas se ponen feas
en el restaurante. Ejemplo:
Yu Mi Tsan, humilde camarero, trabaja en “El Dragón de la Muralla”, humilde restaurante de las afueras. Una
bonita noche descubre a unos hombres fumando en una mesa en la que está
prohibido y se acerca a ellos con una sonrisa.
-Aquí no podel fumal, yo sentil.
Los hombres le miran de arriba abajo y se ríen. Son cinco
tipos fornidos, con mal aspecto.
-¿Y que vas a hacer, chinito, llamar a la policia?
-No policia. Ustedes malchal. Aquí no podel fumal. Yo
sentil.
-¿Y nos vas a echal tu, amarillito?- Bromea uno de los
hombres, que se levanta y le tira el humo a la cara. Mide un palmo más que el
camarero.
Lo siguiente que el cliente rebelde ve es la palma de la
mano del chino estrellándose contra su cara. Pierde el equilibrio y cae sobre
la mesa, tirándolo todo al suelo y manchando a sus cuatro compañeros.
Los tipejos se cabrean, se levantan y se lanzan contra el
chino, que les espera en posición de ataque, dando pequeños saltitos sobre las
puntas de sus pies.
El primer maleante recibe una patada giratoria en una oreja
y se aleja gritando de dolor. Una rápida sucesión de movimiento de puños dan
con dos más en el suelo en un santiamén. Los dos restantes, algo asustados por
la habilidad del camarero, cogen los cuchillos de la mesa y le amenazan con
ellos. El chino sonríe al verles (sabe que los cuchillos de los restaurantes
chinos no cortan una mierda), agarra ambos cuchillos con las manos y apoyado en
ellos da un salto con doble patada y estrella sus pies en las narices de los
clientes, que caen derrotados al suelo.
En menos de un minuto nadie fuma en el restaurante, pero la
amenaza no ha terminado. Por la puerta aparece el jefe de la banda, un tipo
bajito, casi enano, con un bigote de esos finos, traje blanco con sombrero y
acompañado por un gigantón con cara de no haberle querido nunca su abuela.
-Muy bien chinito…-Dice el jefe.- Vamos a ver si tumbas a
este con la misma facilidad.
El chino coge carrerilla y lanza una patada voladora directa
al pecho del gigante; Un golpe que habría dejado sin respiración a cualquiera
apenas mueve un centímetro al hombretón y el chino rebota cayendo de espaldas
al suelo. Se levanta con una rápida flexión de espalda y lanza media docena de
puñetazos en un segundo dirigidos a todos los puntos vitales de su rival pero
ni así. El grandote agarra al chino por la pechera y lo lanza a más de cinco
metros de distancia, arrollando sillas, mesas y clientes, que ya comienzan a
huir asustados del lugar.
El chino se levanta muy serio. Su rival no es un hombre
normal, pero él tampoco. Cierra los ojos y se abstrae, recordando las lecciones
de su abuelo. “Vacía la mente, concentra toda tu energía en las puntas de tus
dedos y golpea con ella en lugar de tus manos. Solo así atravesarás cualquier
armadura. Esta es la senda del Dim Mak, las manos sin sombra.” (eso lo decía en
chino pero he creído conveniente traducirlo para que lo entendáis todos). El
gigante avanza hacia él, imparable, como un rinoceronte conduciendo un tanque. El
chino le mira, adopta una posición compleja y cuando ya lo tiene encima, le
golpea sin tocarle; Sus dedos se quedan a dos centímetros de la piel del gigante
y éste se detiene de golpe. Se ríe. Ni siquiera le ha tocado. Pero cuando trata
de aplastarle con una de sus manazas siente un dolor raro en su interior y algo
se le rompe por dentro. El enorme hombre se desploma en el suelo sangrando por
la boca y la nariz y su asustado jefe no sabe ni donde meterse.
-Me has vencido esta ves, camarero. Pero volveré. Volveré y
nos veremos las caras de nuevo.
-Vuelve cuando quielas. Aquí estalé.
Y esta última frase nos lleva al punto 5 de este tema.
5: Disponibilidad 24 horas. El camarero no tiene vidas privada.
Trabaja, come y duerme en el restaurante.
Y 6: Un nivel cultural decente. Y es que vivir en otro país
no significa saber menos que los nativos y en algunas ocasiones el camarero
deberá aleccionar a algunos clientes incultos, como es el caso de esta señora.
-¡Oiga camarero! Esta salsa al limón sabe a semen.
-Se dise espelma, señolita. ES-PEL-MA.
Y espero que con esto, seamos capaces de mirar a tan humilde trabajador con otros ojos, y tratarle con el respeto que merece. Adios y gracias.
-¿Han pedido ustedes plato especial de la casa?
-Mmmmm, noo, nosotros nooo
-Oh si, mesa tles, mesa tles, ustedes comel.
-Esque... hemos cambiado de idea... Mejor arroz tres delicias.
-Ustedes comel o manos sin sombla. Elegil...
-Glubs.
Pues sí que has bajado el tono del blog, casi no te reconozco. Eso sí no podía faltar un pequeño comentario al final a modo de firma.
ResponderEliminarMuy interesante, por cierto. Se me había pasado por alto el requisito nº 4, quizás porque nunca he presencia una pelea en un chino, ni sé de nadie que lo haya hecho.
¿Que nunca has visto una pelea en un restaurante de esos? Eso es porque no te mueves por los mismos barrios que yo.
ResponderEliminarSí, tu eres de la estación y yo del sagrado.
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