lunes, 10 de febrero de 2020

De reclusión y vuelta a la realidad (y reclusión otra vez)


Salgo a la calle después de dos meses metido en mi sótano escribiendo de forma frenética. El sol me deslumbra, los sonidos de la calle me aturden y el aire fresco sobrecargado de oxígeno me marea, pero por fin he terminado. Huelo mal, tengo la ropa interior pegada al cuerpo y sobretodo tengo muchísima hambre, así que emprendo mi tambaleante camino hacia la tiendecita del barrio donde tienen los mejores cruasáns rellenos de chocolate líquido de toda la zona. Pero no necesito caminar mucho para darme cuenta de que algo ha cambiado desde la última vez que pisé la calle.

Apenas hay nadie a pesar de las horas que son, hay coches volcados, suenan sirenas de policía, ambulancia y bomberos a lo lejos y columnas de humo se alzan desde distintos puntos de la hasta hace poco tranquila localidad. Es como si hubiera empezado una invasión zombi y yo sin duchar. Pero el hambre no me deja pensar demasiado, así que aprovecho que me cruzo con un conciudadano que pasaba corriendo y le agarro por el cuello de la camisa.
-¿Qué está pasando aquí, vecino?
-¿Es que no lo sabes? -me responde con cara de susto-. ¡Los comunistas han llegado!
-¿Los comunistas? ¿Qué comunistas? ¿Los que les patearon el culo a Hitler o los que torturaron a Rambo en ese colchón electrificado?
-¡Todos, todos los comunistas! Han pactado en el gobierno con etarras, venezolanos, independentistas y reptilianos para…
De pronto interrumpe su calmada explicación al ver algo detrás de mi, lanza un grito de terror y se escabulle de mi agarre, dejándome con su camiseta en la mano. No es de mi talla, así que descarto utilizarla y la deposito en el contenedor más cercano a la vez que me fijo en aquello que asustó al hombre y veo pasar a lo lejos a un chaval con rastas.

Sigo mi camino hacia la tienda y me veo obligado a dar un pequeño rodeo para esquivar un todoterreno que está cruzado en la acera empotrado a un árbol; dentro el conductor juega al Tetris 3D en el móvil.
-¿Necesita ayuda buen hombre? -le pregunto tratando de ser cortés, aunque dudo que pueda prestarle cualquier tipo de socorro.
-No, tranquilo, llevo quince días aquí y ya me he acostumbrado.
-Ah, me alegro. ¿Y a qué se debe este raro accidente?
-Ha sido Gloria -me responde tranquilo.
-¿Gloria? ¿Quien es Gloria? ¿Una especie de Hulka cabreada?
-No, Gloria, el temporal. Pasó por España y destruyó todo a su paso, Delta del Ebro incluido.
Vaya, la tierra que me vio nacer y crecer ha desaparecido… No me extraña teniendo en cuenta la pésima gestión hídrica que se ha hecho desde los distintos gobiernos con competencias en esa materia.
Dejo atrás al conductor y sigo mi camino.

Cuando llego a la tienda encuentro la entrada protegida con una barricada de sacos de arena y detrás de ella la dependienta, mujer amable hasta el día de hoy, me amenaza con un cuchillo de pan.
-¡Que no me quedan mascarillas hostia!
-¿Comor? -le pregunto imitando a Chiquito para parecer gracioso y que no me asesine.
-¡Que no hay, se agotaron hace días y no sé cuando me van a reponer!
-¿Y por qué iba yo a querer una mascarilla?
-Para el coronavirus, por supuesto.
-¿El coronavir… qué?
-El coronavirus es la epidemia de este milenio que diezmará la población hasta un 1% y volveremos a un estado tribal donde imperará la ley del más fuerte y desaparecerá todo rastro de civilización y tecnología.
-Pues al señor ese del Tetris 3D no le va a hacer ninguna gracia… En cualquier caso yo solo quería un cruasán relleno de chocolate líquido.
-No me quedan. Solo me quedan de chocolate solido, que no le gustan a nadie y todo el mundo se lleva los otros.
-¿Y si nadie quiere los sólidos porqué traes? ¿No sería mejor comprar solo líquidos para contentar a todo el mundo?
Entonces la dependienta me mira con severidad.
-¿Es que no piensas en los fabricantes de chocolate solido? ¿Que será de ellos si rechazamos sus productos? ¿Cuantas familias morirán de hambre por culpa de gente tan intransigente como tu?
La mujer me hace reflexionar, así que compro un cruasán de chocolate solido, lo vacío tirando su contenido a la basura, que por cierto ya se me acumula de mala manera, y lo relleno de nocilla que tenía en casa.
Como está el patio. Tendré que encerrarme otra vez a ver si las cosas se arreglan solas.

2 comentarios:

  1. Dentro de dos semanas el apocalipsis ya será otro, no le daría más importancia.

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    1. Pues saldré otra vez a ver si me gusta o no.
      Gracias por comentar, compañero.

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