Me prometí en su día que jamás utilizaría este medio para
criticar directamente a personas o entidades privadas, pero como ya se sabe,
las promesas están para romperlas y más si son a uno mismo, así que en esta
entrada haré una excepción y hablaré por primera vez de una marca comercial.
Mi intención no es hacer publicidad ni tampoco creáis que
tengo acciones en esta empresa, pero cuando alguien hace las cosas bien hechas
hay que reconocerlo. Y es que tras años de penurias desde que desapareció la
mítica botella de leche de cristal, hemos venido padeciendo las salpicaduras en
silencio. La cosa es sencilla: Tu abres uno de esos maravillosos envases de
“brick”, preparas el vaso para tomarte la leche y… dejas la encimera de la
cocina como si se hubiese rodado una peli porno. Hay muchas técnicas para
evitar esto pero ninguna funcionaba y las grandes compañías lecheras parecían
ignorar el problema. Hasta ahora.
Leche Pascual, o más concretamente su equipo de diseño, han
ideado un envase cuya parte superior está ligeramente inclinada, lo que permite
que el líquido fluya desde su interior dejando entrar el aire al mismo tiempo
para evitar que se creen burbujas que causan las molestas salpicaduras. No era
difícil, la verdad, pero hasta ahora nadie se había atrevido a dar el paso.
Así que abran bien sus anos damas y caballeros, pues el
siglo XXI está entrando por donde nadie esperaba. Olvídense de motos voladoras,
de bosques ignífugos o de terminar con el hambre en el mundo. El futuro son
envases supercontaminantes e irreciclables pero que no salpican. Preciosa
basura que se acumula en nuestras casas y bajo el suelo que pisamos para
hacernos la vida insignificantemente más cómoda. Dulce sodomía consentida que
nos arranca la dignidad sin contemplaciones, con dolor pero con una sonrisa;
con rabia pero alegría. Un desgarro que jamás se curará pero que llevaremos con
orgullo el resto de nuestros días, para contarles a nuestros nietos que hubo un
día en el que los seres humanos nos vendimos por cuatro cuartos para lograr
vivir ligeramente mejor, en un mundo considerablemente peor.









