jueves, 11 de junio de 2015

De mascarillas y relaciones humanas



Tener problemas de salud es una mierda, pensaréis. Por leves o comunes que sean, nos incomodan, nos condicionan y en definitiva, nos amargan la vida. Pero algunas veces, si somos ingeniosos o simplemente tenemos suerte, podemos encontrarles matices positivos que aprovechar y darle la vuelta a la tortilla. ¿Qué no sabéis de que mierdas estoy hablando? Seguid leyendo y lo entenderéis.

Desde hace algunos años soy víctima de uno de los males de nuestros tiempos: La alergia al polen. Sí. Yo. Dicen que se trata de factores climáticos, de contaminación, emocionales, del estrés y la puta vida moderna, pero yo tengo otra teoría: Venganza. Os explico. Yo, cuando era jovenzuelo, tenía la piel elástica y mis músculos todavía eran firmes y no fláccidos jirones de tejido inútil, era jardinero; jardinero con matices. Trabajaba en jardines, en bosques y parques naturales, en montañas y riberas… Yo tenía un sueño: “Formar parte de la naturaleza, ser uno con ella y acabar con las vidas de cuantos humanos la profanaran”. Pero los sueños no dan dinero y al final llegan las hipotecas, los seguros, la luz y el agua… Y hay que abandonarlos. Y la Gran Madre Gaia no parecía contenta de perder a su joven adalid y me castigó a ser vulnerable a aquello que una vez fue parte de mí. Pero éste no era el motivo de la entrada. 

El caso es que en primavera me pongo fatal y como encima cargo y descargo en lugares en los que hay muchísimo polvo, eso no me ayuda a mejorar mi fatalidad. Es por ello que después de varios años de penar, decidí hacerme con una caja de mascarillas de esas de papel, que son iguales que las que llevan los médicos pero muy diferentes, y ponérmelas al entrar en esas zonas peligrosas. Ahora mismo no podría asegurar que el invento funcionara. Seguí con mi alergia, tragando menos polvo, eso sí, pero pasando noches igualmente jodidas, de ahogos y ronquidos, vueltas en la cama y despertares a las cuatro de la mañana. Pero tampoco era éste el motivo de la entrada. 

El motivo de esta entrada era compartir con vosotros, oh fieles lectores con daños cerebrales, el lado positivo de todo este rollo de arriba. Y ese lado positivo es que descubrí que mientras llevaba la mascarilla puesta, nadie me hablaba. Al parecer, el ocultar mis expresiones (ya de por sí pobres) y solo dejar a la vista mi mirada fría y distante, hacía que la gente no supiera qué decir o cómo decirlo o si yo estaba riendo o a punto de aplastarles la cabeza contra los pilares de las bandas del camión. Y no me decían ni mu. Ni pio. Y esto, para un ser antisocial y renegado de todo rastro de humanidad como yo, es una ventaja. Sin duda.
 
Ésta es la pinta que tengo con la mascarilla puesta.
Es por ello que a día de hoy, bien entrado junio y sin rastro de reacciones alérgicas en mi cuerpo, sigo llevando la mascarilla a todas partes, no solo en las cargas y descargas. Llevo mascarilla en las oficinas, en los bares, en la panadería, cuando voy a llevar a la niña al cole, cuando hay comida familiar, comuniones, bodas, bautizos… La mascarilla me ha dado la libertad. 
Aquí, buscando a la secretaria para que me de los albaranes de carga.


Dios salve a las mascarillas.

Joder. Otra entrada que no sé cómo terminar… Bah, yo la publico igual. Total…

Coñe, como estaba la Jessica Biel en el 2003
 
Madre mia...
       
Ay ay ay...
 
Vale, lo dejo ya!

4 comentarios:

  1. También tengo alergia, también quería defender la naturaleza, también me gustan esas fotos, cuantas cosas en común... Tendré que hacerme con una caja de esas macaras, pero las más baratas, para ver esas reacciones tan llamativas.

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    1. Pruébalo. Te aseguro que no te arrepentirás.

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  2. Tendré que probarlo en la próxima cena multitudinaria que A. organice en casa porque tenemos que confraternizar con los padres de los amigos de los nenes (mi pregunta es, ¿por qué? Si lo de concertar buenos matrimonios ya no se lleva, ¿por qué tenemos que conocer a los padres de los amigos? Según A. porque es divertido conocer gente, pero no acabo de estar seguro de este punto).

    La camiseta de Jessica Biel en ese remake de La matanza de Texas es de museo y estudio universitario.

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    1. El tema "padres de amigos de los hijos" es un tema tan complejo que requerirá una entrada propia. Prometo escribirla antes de morir, aunque no puedo prometer morir después de escribirla.
      Y sí. Totalmente de acuerdo con lo de esa camiseta.

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