miércoles, 26 de abril de 2017

Inocencia (paternidad 45)


Llego a casa después de un agotador día de trabajo y encuentro a mi pequeña, mejor dicho a mi mayor a pesar de que sigue siendo pequeña para mí, pintando y recortando en la mesa. Verla trabajando su creatividad me emociona, pues eso demuestra ciertas afinidades hacia el arte e inquietudes acerca de lo ya existente. Y eso es algo bonito ya que en esta sociedad actual regida por el “quiero esto pues me lo compro”, el ver a un niño trabajando para conseguir algo resulta esperanzador. Me acerco a ella y le hablo suavemente, para no molestarla demasiado.
-¿Qué es esto tan bonito que estás haciendo?
-Una casita para cuando venga el ratoncito Pérez. –Me dice sin distraerse a mirarme
-Oooh que bonita. ¿Es para que descanse después de llevarse tu diente y dejarte el regalito?
-No. Voy a poner el diente dentro y a hacer un mecanismo para que cuando entre a por él se quede encerado dentro.
-Glups… ¿Y para qué quieres encerrar al ratoncito Pérez? Quizás tenga que irse a entregar más regalos a otros niños.
-Sí. Por eso. Si lo capturo podré quedármelos para mí.
-…
Y así regreso a mis quehaceres habituales y dejo a mi pequeña planeando cómo secuestrar y robar a un ser mitológico. Qué ganas de jugar al Dragones y Mazmorras con ella.

viernes, 14 de abril de 2017

De penes y manifiestos humanistas


Ayer al ir a subirme a mi camión para ejercer mi justa obligación de trabajar para mantener en pie a este país a base de pagar impuestos que los del gobierno van a gastar en putas y cocaína, me di cuenta de que algún desaprensivo se había entretenido dibujando un pene en la puerta del copiloto. Mi primera reacción fue la de indignación, clamando al cielo por una justa venganza contra tal ofensa que atentaba contra la propiedad privada y la dignidad, seguida por el asombro al comprobar lo mal dibujado que estaba ese pene. No era más que dos esferas coronadas por un apéndice triangular; algo muy lejos de mi idea de cómo debe ser un pene. ¿Tanto le costaba dibujarlo bien? ¿No había visto nunca un pene de verdad? Y entonces vi la luz.
Quizás no se trataba de un simple gamberro adolescente desahogando su frustración sexual a base de dibujar falos por todos lados, sin llegar a darse cuenta de que carecía de cualquier talento artístico. Podría ser que se tratara de una persona atormentada por haber nacido con un pene triangular y completamente disfuncional pero que en lugar de ocultarlo al mundo, había decidido dibujarlo para normalizar ese aspecto y romper así con los cánones de belleza genital que imperan hoy en día. Cabía la posibilidad de que me encontrara frente a una forma de reivindicación gráfica que defendía a las personas que eran diferentes en algún aspecto pero no por ello se avergonzaran. Era posible incluso que ese pene raro en la puerta de mi camión simbolizara algo tan grandioso como la intención de abrir una puerta figurada a la diferencia y que ésta viajara por el mundo para despertar las consciencias de aquellos que lo contemplasen. Y al final me sentí como el mensajero de una gran obra, el adalid de un nuevo tiempo que estaba comenzando, el paladín de la nueva era, el maestro de llaves de un muro metafórico que iba a ser abierto para liberar al mundo de su yugo de ignorancia…
Pero después me dio vergüenza ir por ahí con eso pintado en la puerta y lo borré. Por si acaso solo era un pene mal dibujado y yo nada más que un idiota con demasiada fe en la humanidad.
Aquí una variación hecha por mi sobre el mismo dibujo.

viernes, 7 de abril de 2017

Hoy tocaba...



Hoy tocaba una de esas entradas graciosas que hacen reír al lector y que luego me comenta cosas como “qué cosas se te ocurren”, “no sé de donde sacas esto” u otros comentarios jocosos. Pero me he sentado delante de la pantalla y haciendo acopio de mis vivencias semanales para poder transcribir alguna aquí, he descubierto que para hacer humor hoy en día hay que llevar mucho cuidado.
No hablo de esa fina línea entre lo divertido y lo políticamente incorrecto en la que muchos humoristas deben hacer equilibrios para no caer hacia ninguno de los dos lados y ser lapidado sin piedad por seguidores y detractores, si no de lo que parece que comienza a convertirse en ilegal. 

El caso de Cassandra, los titiriteros, o más recientemente el del chiste de Wyoming sobre la cruz de los caídos (creo que se llama así) hacen que lo políticamente incorrecto para algunos se convierta en legalmente prohibido para todo el mundo, poniendo en duda la ya dudosa libertad de expresión de la que se goza en este país desde que nuestro querido generalísimo nos dejó. 

Y debo reconocer que tengo miedo. No miedo a posibles represalias debido a lo que pueda decir o escribir, ya que mi difusión en internet es mínima, casi inexistente y seguramente podría hacer chistes del rey (por cierto, han emitido una serie de sellos de correos foil con su cara) sin que nadie se diese cuenta. Pero tengo miedo de ver la dirección que está tomando esto. Por un lado la dirección de la política, que cada vez se parece más a la religión, basando sus discursos en el miedo (a la pérdida de nuestro estatus como país del primer mundo), el odio (hacia los que no piensan igual que nosotros) y la ignorancia (desinformación y manipulación), para aborregar a las masas y poder perpetuar sus crímenes de forma impune e incluso justificada. –Oh sí, estos nos roban pero es que si estuviesen los otros… a saber. -¿A saber qué, soplagaitas?- Y por otro lado la dirección de la sociedad, cada vez con más manías, obsesiones y, si me permitís inventarme una palabra, microfanatismos. Vamos allá con la guerra de veganos contra carnívoros, de ultraderechas contra hiperizquierdas, de lectores de Sanderson contra los de Martin, de gordos contra deportistas… Parece que cualquier cosa vale para darse de hostias (virtuales de momento), excepto posiciones neutrales. Los tonos de gris son para los cobardes e indecisos. Y así nos va. 

Si contamos un chiste en el que muere un perro los animalistas nos comen; no literalmente, claro, porque comer carne es ASESINAR, DESCUARTIZAR y QUEMAR  a un pobre ser vivo que debería estar saltando feliz con su familia en un campo grande y libre de depredadores naturales. Y si hacemos broma con algo referente al sexo, identidad sexual o religión, estamos perdidos. Pero perdidos definitivamente estamos si nos metemos con dictadores o gentes de su familia e incluso los muebles de sus casas. Eso es intocable. Eso es cárcel. porque la historia, una vez manipulada, es intocable. 

Arevalo habría sido crucificado a día de hoy.

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Pensé que me olvidaría de ti cuando apagué la luz y me marché, como si alejarme del calor me hiciera despreciar el frio del invierno.
Pensé que al final me cansaría de recordar tus instantes, y que tu aliento era el único aire respirable para mí.
Nunca imaginé que llegaría el día en el que incluso tu lado oscuro me pareciera tan brillante.

Pensé que ya no tendría que soñarte cuando atravesé esa línea imaginaria que rezaba que no habría retorno.
Pensé que ya no había vuelta atrás cuando salté desde la barandilla desde las aguas bravas a tierra firme.
No podía imaginar que volvería a sentarme en la orilla en busca de una señal.

Pensé que me cansaría de esperar.
Que dejaría de sentir.
Y de soñar.