martes, 14 de junio de 2016

La saga de El Padre (Parte 1)

Nota: Este relato comienza aquí. No empieces a leer tal cual, porque no entenderás nada.


Era el peor barrio de la ciudad y sin duda, la peor hora para pasear por él. Mientras caminaba por sus estrechas y sucias calles, decenas de sombras se arremolinaban a su alrededor, como depredadores esperando el momento oportuno para atacar. Pero cuando el hombre comenzó a descender las escaleras del metro, todas se esfumaron; hay lugares que guardan mayores peligros y a los que ni los más astutos cazadores se atreven a entrar.

El andén del metro estaba vacío e iluminado solamente por un par de fluorescentes que no dejaban de parpadear, y cuando el destartalado vehículo se detuvo frente a él, nadie salió de su interior. El hombre, vestido con una gabardina larga y botas negras, se acomodó en el asiento menos sucio que pudo encontrar, ajeno a la docena de ojos (eso eran ocho personas, pues habían dos tuertos en el grupo) que le observaban desde el otro extremo del vagón.

Cuando el metro comenzó a traquetear con el inicio de la marcha, la media docena más dos pandilleros se levantaron de su rincón y se dirigieron hacia el hombre.
-Mala noche has elegido para subirte a nuestro vagón. –le dijo uno de ellos.
-Todas las noches son malas, amigo. –le respondió el hombre sin aparente nerviosismo..
Los pandilleros se miraron extrañados y después se echaron a reír, lo cual pareció enfadar al que había hablado antes.
-Creo que no entiendes lo que te quiero decir, listillo. –el matón hizo crujir sus nudillos. –Te estoy diciendo que tienes un problema serio, y que más te vale llevar pasta encima o lo vas a tener todavía peor.
Pero el hombre permanecía impasible en su asiento, con lo que el pandillero líder le empujó en el pecho con un dedito, gesto inequívoco de que alguien busca pelea, sin excusa ni posible evasión. Será por ello que el hombre de la gabardina le agarró por la muñeca con una mano y, aprovechando que estaba sentado, se levantó dando un giro sobre sí mismo y utilizando su espalda como palanca, retorció el brazo del pandillero hasta que se oyó un crujido. Cuando el matón se dio cuenta de lo mucho que le dolía el brazo roto, ya estaba en el suelo con una bota presionándole la cabeza contra el suelo pegajoso del vagón.

-Dejadme en paz y nadie más saldrá herido –dijo el hombre. Pero la proporción de siete contra uno todavía era demasiado grande como para que los pandilleros se amedrentaran. Y no lo hicieron.
Dos de ellos le agarraron por los brazos con la intención de inmovilizarlo, pero el hombre de la gabardina y las botas negras apoyó la bota en la cara del que tenía delante, giró sobre sí mismo en el aire en lo que vendría a llamarse una voltereta trasera estilo grulla, y se zafó de sus dos inmovilistas agarrando sus cabezas y estrellándolas una contra la otra. Ahora la cosa quedaba en cuatro contra uno y el optimismo comenzaba a evaporarse. Los pandilleros levantaron las manos en señal de rendición y huyeron al menos dos metros, todo lo que les dio el vagón.

Cuando el viaje terminó, el hombre subió de nuevo a la calle y se dirigió a una zona industrial donde abundaban los trasteros. Sacó una llave del bolsillo y se paró frente a uno de ellos. Ahora recordaba cómo se habían reído de él sus amigos al enterarse de que se había comprado un trastero en la otra punta de la ciudad. Pero claro, sus amigos no conocían su secreto. La reja se levantó con un chirrido y en su interior, iluminada por la luz de las farolas, apareció una Harley Davidson. Una de esas con flecos negros y con el depósito muy brillante. Detrás de ella, guardado en una caja de madera, un traje completamente negro de la cabeza a los pies. Y tras un panel semisecreto en la pared, todo un arsenal de armas orientales tales como shurikens, espadas, cadenas con gancho y cuchillos arrojadizos. Una vez equipado, subió en su moto y salió rugiendo a través de la noche. En la distancia, la silueta de un edificio iluminado con luces rojizas, se alzaba ante él.

Y en el proximo capítulo... ¡Llega el Motorista Ninja! 

Diosmio tengo que retirarme de ésto.

4 comentarios:

  1. Ninjas... esto empieza a ponerse autobiográfico!

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    1. En realidad solo sale uno. Pero sí, es autobiográfico.

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  2. se me ha hecho corto, necesito más!!!!

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    1. Mas tarde que nunca, la siguiente entrega. No sufras.

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