sábado, 7 de marzo de 2015

Las barbas (una llamada a las armas)



La barba, para quien no lo sepa, es una pequeña extensión de pelo, diez veces más duro que el acero y cien veces más indomable que un caballo salvaje, que crece desde debajo de la nariz hasta el cuello de la gran mayoría de hombres y una desafortunada minoría de mujeres.
Pero a pesar de ser algo común, socialmente no está del todo aceptada, ni siquiera en hombres, los cuales tratan continuamente de mantenerla oculta, afeitándose con instrumentos que destrozan sus pieles y sus morales. Podríamos decir, en resumen, que el afeitado es la menstruación masculina. Una pesada cruz que hay que acarrear desde la adolescencia hasta la bendición liberadora de la muerte.

Y ahora una pequeña matización:
Cuando digo “barba” me refiero a una barba de verdad; a aquello que te sale si no te afeitas durante algún tiempo. Esas cosas cuadradas y largas que llevan los hípsters y que necesitan recortar y perfilar a cada instante no es una barba ni es una mierda. Prosigo.
 
Esto es una barba
Esto es otra barba.
 
Esto es una mierda
La cuestión es que desde hace algún tiempo vengo observando en mí y también en otros especímenes humanos de condición similar a la mía (casados, con hijos, con inquietudes internas [trastornos mentales}, mediana edad) una clara tendencia a dejarse la barba cuando sus vidas atraviesan etapas difíciles o complicadas (que viene a ser lo mismo pero es como de muy culto el utilizar sinónimos), como si eso tuviese algún efecto liberador. Tal fenómeno me pareció interesante, debido básicamente a que me afectaba a mi, porque si no, les iban a dar por saco, así que investigué por foros de psicología, neurología y algunas páginas porno y he aquí mi conclusión:

Mi conclusión, hela aquí:
La barba es más que pelo que pica; es más que un símbolo identificativo del macho y mucho más que un vestigio del pasado que el hombre  moderno y civilizado debe ocultar. La barba es el único reducto de individualismo que nos queda; es lo único sobre nuestra existencia que podemos controlar y que nadie nos puede quitar. Cuando todo va mal, perdemos el control de nuestras vidas y nos vemos obligados a actuar en una función que no hemos elegido, seguiremos teniendo la barba ahí, en toda la cara, y bajo nuestro control. 

Así que:
Hombres del mundo… Nuestra barba es el último bastión desde el que defender nuestra libertad y nuestra capacidad de decisión. Es el único modo de desafiar a un mundo hostil que trata continuamente de subyugarnos y arrebatarnos el control de nuestras vidas. Nosotros tenemos barbas; y eso no nos lo puede tocar nadie, porque son nuestras y de nadie más.
Dejemos crecer ese pelo libremente, alborotado, sin control, hasta donde quiera; llenémoslo de mollas de pan y mojémoslo con nuestras bebidas favoritas para luego encararnos al mundo y poder mirarle desafiantemente para reivindicar que nosotros tenemos el control.
He dicho.
 
Y yo que no me creo que este tipo en la realidad fuera tan bien afeitadito...

6 comentarios:

  1. Pues has dado en el clavo. Mi barba es cada día más t más larga. Y lo que queda.

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  2. Pues yo llevo dejándome la barba desde que tenía 18 años... entiéndase que en periodos discontinuos, si no me hubiera afeitado desde los 18 sería un vikingo! Así que no puedo estar más de acuerdo.

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  3. Joan Miralles ja sap lo que penses dels hípsters? :O

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