martes, 15 de septiembre de 2015

Me cago en... Los optimismos



Me parece muy bien que existan personas en el mundo que por razones genéticas, ambientales o simplemente por sufrir ciertos trastornos mentales, son capaces de ver el lado bello de las cosas. Es decir, pisan una mierda y aseguran que trae buena suerte, se les estropea  el coche en medio de la nada y dicen disfrutar de las vistas y si se les rompe el brazo derecho se alegran de poder por fin, aprender a masturbarse escribir con la izquierda.

Lo que ya no me parece tan bien es que esas personas, los llamados “optimistas”, se empeñen en convencerme de que mi visión oscura y depravada del mundo no es la correcta, que me perjudica, que no me deja ser “feliz” y que ni siquiera dejo que lo sean los de mi alrededor. Y puedo asegurar que lo intentan, cuales predicadores de lo bonito, como testigos de lo alegre, como pastores de rebaños de ovejas felices que comen hierba insípida con una sonrisa en sus bocas, u hocicos, o morros, o lo que tengan las ovejas.

Y es que yo necesito ver las cosas a través de mi prisma de oscuridad y desesperación; necesito tener las expectativas al mínimo para lograr que hasta la derrota más humillante parezca menos grave; necesito que mis lágrimas no me dejen ver el Sol, porque adoro los días lluviosos, tristes y húmedos. Yo quiero ser la mancha negra de tinta en el folio en blanco; quiero ser el virus que se contagia y se propaga para desesperación de los demás, que se ven atrapados en mi torbellino de terrible realidad y no encuentran el modo de salir.

Lo reconozco. No me gustan las fiestas ni las risas ni la diversión y la alegría; pero mucho menos me gusta que prediquen con todo ello. El mundo es como es y eso es justo como cada uno lo ve. Quien se fije en el colorido de las mariposas en lugar de los excrementos con los que se alimentan, tiene un problema de optimismo, sin duda alguna, y yo no quiero que se me pegue y  llegue el día en el que me levante de la cama a las seis y media de la mañana y tenga una estúpida sonrisa en mi cara al ponerme frente al espejo. 
Eso es de estar mal.

8 comentarios:

  1. Un profesor de sociología que tuve decía que "Un pesimista era un optimista bien informado". Con esta afirmación podría escribir ahora una amplia disertación sobre el tema, pero como tu blog es más de sugerir pues ahí lo dejo...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Haces bien en dejarlo, ya que no me gusta disertar ni que diserten.
      Gracias por comentar.

      Eliminar
  2. Quemaremos a todos esos malditos optimistas mientras sonríen y cantan.
    El comienzo de una nueva era de pesimismo y brumas está por llegar....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ehm... Sí, claro.
      Gracias por comentar, Sandra.

      Eliminar
  3. Aún hay esperanzas. Serás tan optimista como el resto, el día que vengan los zombies, ya veras como todas esas sonrisas se borran de la cara.

    ResponderEliminar
  4. Hombre, pues yo creo que llover no está tan mal, puede ser un buen día también :P

    ResponderEliminar
  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  6. En tanto que por lo visto el comentario que escribí podía ser entendido de forma ajena a la intención con la que fue redactado, he preferido eliminarlo. Saludos,

    ResponderEliminar