martes, 22 de noviembre de 2011

Hace un rato he puesto la MTV a ver si salía el culo de la Beyoncé y me he encontrado con un videoclip de Gary Moore y Phill Linott. Lo primero que he pensado ha sido "Coño, joder, cojoner, estos dos se han vuelto a juntar, que grandioso.". pero mi emocion se ha desvanecido cuando he recordad que ambos están muertos.
Pero siempre nos quedará el pasado.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Un apunte literario.


Recientemente ha sido publicado el libro "Bocados Sabrosos" por la Asociación cultural de Escritores/as noveles. Dicho libro recopila hasta 300 microrrelatos de otros tantos escritores noveles entre los cuales me encuentro yo. Los que me conozcais sabreis que llevo muchos años escribiendo relatos más o menos largos (sin tener nada que ver con los reyes magos ni nada de lo que publico en mis blogs) y ésta es la primera ocasión en la que me publican algo en papel. me hace ilusión, lo reconozco, a pesar de que no són más que cuatro líneas y que como siempre, me queda la sensación amarga de ver cómo el microrrelato ganador no tiene la calidad que yo esperaría.
Pero esto es lo de menos. El libro está ahí y se puede pedir en la página web de la librería Argot de Castellón http://www.argot.es/ , donde el dia 3 de diciembre será la presentación del mismo o (como he hecho yo) preguntando en cualquier otra librería del mundo a ver si hay suerte.
Y ahora, para que nadie se sienta con la obligación de comprarselo para quedar bien conmigo, paso a publicar mi microrrelato tal y como viene en el libro.

Intentando derribar un muro de hormigón con el poder de su mente, se hernió.
Cuando volvió del médico tuvo que decir a su familia que se lo había hecho con la bombona de butano.
No podía dejar que descubrieran que era un soñador.

viernes, 11 de noviembre de 2011

El incidente de Belén (Baltasar pt1)

La muchacha, completamente desnuda estaba acostada boca abajo en la cama; Su cabello era rubio y su piel blanca como la nieve estaba cubierta por pequeñísimas gotas de sudor que brillaban bajo la luz de los focos. Giró la cabeza y se incorporó ligeramente dejando entrever sus generosos pechos para mirar directamente al hombre que estaba de pié junto a ella. Era Sam; Alto, fuerte y su piel negra como el carbón; Su miembro viril, todavía semierecto colgaba hasta sus rodillas demostrando que a veces, algunos tópicos raciales son ciertos.
-¿Te he hecho daño? –Le preguntó Sam a la muchacha.
-Tendría que haber sido una yegua para que no me doliera eso. –Respondió ella señalando con la vista a su entrepierna y después sonrió y le dio un pellizco en el trasero.
Sam sonrió al ver que se lo había tomado bien y salió del decorado cubriéndose solo con una toalla para meterse en un camerino. Había llegado hacía relativamente poco a los Estados Unidos pero muy pronto se interesó por la industria del porno y se instaló en Silicon Valley; tras unas cuantas apariciones en películas del montón estaba rodando la que sería su mayor éxito: “Tócamelo otra vez, Sam”, destinada a convertirse en un gran clásico a la altura de “Garganta profunda” o “Debbie does Dallas”.
Estaba aseándose para la siguiente escena cuando un mensajero le trajo una carta extraña; En el interior de un sobre ordinario de correos había otro, y otro y otro, cada vez más viejos hasta revelar una nota escrita a mano en un pergamino amarillento. Sam la leyó con interés pues iba dirigida a un tal Baltasar, y hacía más de dos mil años que nadie se dirigía a él con ese nombre.
-Treinta minutos para rodar, Sam –Le interrumpió alguien desde la puerta.
-Tendremos que rodar la última escena ahora mismo- Respondió él. –He quedado con dos viejos amigos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El incidente de Belén (Gaspar pt3, versión extendida)

Acurrucado en un rincón del sótano, Gaspar observó cómo su inquilino subía las escaleras y desparecía; Le había indicado a la perfección donde encontrar las llaves necesarias para salir de allí y ahora solo podía esperar a que regresara... si es que regresaba.
Melchor avanzaba por los largos pasillos y las enormes salas del palacio como un felino saliendo de caza; Solo que en este caso él era la presa. Aquí y allá podía oír los pasos de quienes le buscaban, como sabuesos sin mente olfateándole por todas partes. Afortunadamente, durante el tiempo pasado como fugitivo, Melchor había aprendido a moverse en silencio y a evitar las miradas de todo el mundo.
Pronto llegó a la galería de arte: Una amplia sala que tenía expuestas a por doquier multitud de objetos de arte, antigüedades y curiosidades. "Mariconadas" pensó Melchor, que en su nueva vida había aprendido a detestar toda posesión material no imprescindible para la supervivencia. Desgraciadamente tenía dos problemas: Gaspar no le había dicho dónde exactamente estaba la llave azul y había alguien más en la estancia. Caminando sin rumbo entre esculturas, cuadros y pergaminos había un hombre, un campesino que vara en mano sospechaba que su presa estaba cerca. Melchor rápidamente priorizó; se acercó sigilosamente al individuo desde atrás, ocultándose tras un gran elefante peludo disecado y saltó sobre él agarrándolo del cuello; el pobre desgraciado no tenía ninguna posibilidad pero trataba desesperadamente de asestarle un golpe mortal con su trozo de madera. No lo logró. Melchor dejó el cadáver en el suelo sin hacer ruido y comenzó a inspeccionar el lugar. No había nada que pudiera contener algo; Ni armarios, ni cajones, ni nada parecido; Pero por suerte se fijó en un detalle curioso: En una de las paredes había tres pedestales con pequeñas gárgolas en su parte superior; pero curiosamente éstas no estaban alineadas entre sí. Tal falta de estilo no era propia de Gaspar, así que se acercó a ellas y empujó una hasta alinearlas con las otras dos. Como por arte de magia la boca de una gárgola se abrió revelando una llave metálica de color azul.
Ya con la llave en su poder subió al piso superior. Solo un largo pasillo lo separaba del estudio de la puerta azul pero en él se encontraba el servicio completo del palacio: El nuevo mayordomo, el cocinero y su pinche, tres doncellas encargadas del aseo y la limpieza y cuatro mozos polvorientos y fornidos; Todos ellos con esa mirada perdida característica de quienes Dios ha bendecido con el odio eterno e inexplicable hacia el hombre que estaba ente ellos. No había otro camino ni otra opción. Melchor se concentró una vez más mirando hacia el pasillo abarrotado de gente potencialmente homicida y supo que solo le quedaba una carta que jugar. “El torbellino de muerte” sería más o menos la traducción de lo último que le enseñó su maestro. Nunca había llegado a dominar esa técnica pero ahora no tenía otra alternativa. Se concentró, cogió algo de carrerilla y saltó mientras abría sus piernas en un ángulo de 180º al mismo tiempo que giraba a toda velocidad sobre sí mismo. Fué muy confuso. Cuando recuperó su postura natural estaba en el otro extremo del pasillo, algo mareado, confuso y descalzo. Detrás de él había dejado un rastro de cuerpos, dientes y sangre, así como mobiliario destrozado y paredes desconchadas. Quizás “Torbellino de muerte” si era una traducción correcta.
La puerta azul se abrió suavemente y Melchor entró en el estudio de su compañero. Ese era el refugio privado de Gaspar y en él todo guardaba un riguroso orden que duró pocos segundos. En un pispás todo estaba por los suelos, alborotado y roto y la llave roja no tardó en aparecer. Ya con ella en la mano, se disponía a salir de la sala cuando un extraño crujir lo alertó. Era como los pasos de un gigante que se acercaba como un toro enfurecido, pero no podía ver a nadie. Repentinamente, dos manos del tamaño de palas atravesaron la pared del estudio y lo agarraron directamente por el cuello; Melchor no podía deshacerse de la presa y pronto supo el porqué. Un hombre gigantesco atravesó la pared como si ésta fuera de papel y le apretaba el cuello mientras le zarandeaba hacia un lado y hacia otro. En pocos segundos Melchor tenía la espalda contra el suelo, con el gigante apretándole más y más la garganta y la vista se le comenzaba a nublar por falta de oxigeno. Entonces lo vio, debajo de una mesa-escritorio; una forma extraña, irregular, pero con un brillo puro de radiante dorado. Extendiendo el brazo hasta un límite insospechado lo agarró y comprobó que era lo que él pensaba: Un zurullo de oro macizo. Apretándolo fuertemente con la mano golpeó con él la cabeza del gigante. Una vez, dos, tres, hasta que la sangre comenzó a botar de su cabezota, sus pupilas se perdieron en algún lugar de su frente y la presa de sus manos se aflojó. Melchor se levantó y tiró el excremento al suelo con un poco de asco. “Eso tiene que doler” pensó, y volvió a bajar al sótano.
-¿Has... tenido algún problema? -Le preguntó Gaspar sin demasiadas ganas de oír la respuesta.
-No demasiados, pero creo que deberías de ir pensando en cambiar el personal de servicio al completo.
Recuerdo que cuando tenía 14 o 15 años, en pleno despertar sexual, me sentía atraído por las chavalas de mi edad pero no era capaz de fijarme en las que eran ligeramente mayores. No se exactamente a que se debería pero sentía una especie de desgana que no me dejaba verlas como hembras deseables por mucho que lo intentara. Quizás las veía como algo tan inalcanzable que ni pobre "celebro" hiperhormonado ni siquiera se molestaba en crear cualquier tipo de ilusión o fantasía. De hecho, si veía una tia conduciendo un coche, por muy rebuenorra que estuviera, no le hacía caso; más de 18 años estaba fuera de mi límite.
Cuando superé a la veintena la cosa cambió ligeramente. Por supuesto que me gustaban las de 18, faltaría más, pero mi materia gris, ya mas calmada, me permitía fijarme como dios manda en las chicas que eran varios años mayores que yo. La cosa parecía normalizarse.
Pero ahora supero los 30 y algo me preocupa. Me siguen gustando las de 18 y mis miras han aumentado hasta señoras casadas y con hijos que rozan la siguiente década. Dicen los expertos que a medida que uno envejece va ampliando su espectro de gustos, pero vamos a ver... ¿Que pasará cuando tenga 40? ¿Y a partir de ahí? ¿Me gustarán las ancianas y las niñas? ¿En qué clase de monstruo voy a convertirme?


Y la gente ahora me llama raro por jugar a rol...
Hace pocos dias y por motivos que no vienen al caso, me convertí en "dueño" de un perro. Yo nunca había tenido uno y paso estos dias con nuevas actividades como acariciarle la barriga, ponerle agua o pasearlo. Y hoy, paseandolo por el camino de detrás de mi casa lo he mirado y me he puesto a pensar.
He pensado en qué debería enseñarle a ese pobre animal desconocedor de las costumbres y la convivencia humanas. Lo normal es que aprendan a obedecer las órdenes de sus amos, a darles la patita, a sentarse, a esperar y cualquier cosa que pueda ser útil para un ser humano. Lo he pensado y me ha parecido egoísta. ¿Por que condicionar el comportamiento de un animal libre con comportamientos humanizados? Y mi "celebro" de pronto ha dado un vuelco sobre si mismo y he pensado en algo diferente.
¿No sería mejor en lugar de "humanizar" a un perro, aprender de él? De este modo quizás sabríamos ser más libres, despreocupados y felices. Si, si, felices. Sin estrés, sin dolores de cabeza ni horarios ni otro tipo de problemas derivados del órden y la racionalidad de la que debemos hacer gala continuamente. Y como no, he visualizado una escena idílica:
Yo paseando por la calle con libertad perruna, alegre y libre de cuanto me agobia. Y entonces veo a una hembra de mi misma especie (claro, tampoco hay que pasarse con las libertades) y caminando directamente hacia ella me amorro a su entrepierna tratando de adivinar si es una hembra receptiva o mejor voy en busca de otra. Ni "Hola me llamo tal", ni "estudias o trabajas", ni "qué te gusta hacer en tu tiempo libre si es que lo tienens y te gusta hacer cosas"... El mundo idílico para cualquiera. Pero claro, ella no entiende todo esto del perro porque no lee mi blog y mi comportamiento le parece grosero por lo que en dos segundos me encuentro en el suelo con un fuerte dolor de testículos y un tacón de aguja clavandose en mi yugular mientras me esfuerzo en vano por lanzar un ladrido de disculpa. Fin de la escena.
Asi que nada, mejor dejo las cosas como están. Que mi perro se comporte como un perro y yo hare lo propio con mi humanidad. Eso si, no puedo garantizar nada.

Publicado en "Mediocridad" este mismo veranito.

martes, 1 de noviembre de 2011

El incidente de Belén (Gaspar pt3, versión corta)

Acurrucado en un rincón del sótano, Gaspar observó cómo su inquilino subía las escaleras y desparecía; Le había indicado a la perfección donde encontrar las llaves necesarias para salir de allí y ahora solo podía esperar a que regresara... si es que regresaba.
Los pasos amortiguados de Melchor desaparecieron pronto en el piso principal y a partir de allí los minutos se convirtieron en horas y las horas en dias. Por suerte no hizo falta seguir exagerando ni estirando el tiempo ya que pasado un tiempo indeterminado, oyó de nuevo los pasos, la puerta se abrió y Melchor entró de nuevo en el sótano con la llave roja en su mano. Sonreía pero tenía el pelo alborotado, la ropa manchada de sangre y sus botas reforzadas con metal habían desaparecido.
-¿Has... tenido algún problema? -Preguntó Gaspar sin demasiadas ganas de oír la respuesta.
-No demasiados, pero creo que deberías de ir pensando en cambiar el personal de servicio al completo.

NOTA IMPORTANTE: Esta es la versión breve de este capítulo. He recibido algunas críticas negativas del relato en general y de Melchor en particular y no me he atrevido a detallar cómo consiguió las llaves y todo eso. Si alguien quiere leer la versión extendida que comente, que la pida y la tendrá. Sea como sea, en el proximo capiítulo, por fin, entra Baltasar.