Otra reflexión antigua: Octubre de 2010
Hace poco acudí a una tienda de gafas (donde por cierto, me atendió Ahvin, de un blog amigo) para comprarme unas gafas de sol. Yo las compré pensando que adquiría un producto normal, sin nunguna característica sobrenatural ni nada así... Pero me equivocaba.
Al principio noté que veía reflejos o destellos claros de cosas que no veía a simple vista. Pregunté a la chavala y me dijo que era normal, porque en el proceso de filtrar la luz bla, bla, bla... Y seguí con mi vida.
Pero a medida que me iba adaptando a las gafas comencé a ver algo más que reflejos. Por el rabillo del ojo veía sombras fugaces que huían cuando trataba de fijarme en ellas, y algunos objetos se veían oscuros y retorcidos a través de las lentes.
Yo no soy una persona supersticiosa, ni creo en fantasmas ni chaorradas paranormales por el estilo, pero la situación comenzaba a asustarme. Las gafas me aterrorizaban cada vez más, pero el dinero que me habían costado me impedía deshacerme de ellas.
Finalmente, cuando ya me veía acosado por figuras y formas oscuras completamente opacas que aparecían desde todas partes, me tragué mi escepticismo y se lo dije a mi mujer.
Me propuso limpiar los cristales y el problema desapareció.
Y es que incluso los misterios en apariencia más insondables acaban teniendo una explicación razonable.
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jueves, 6 de octubre de 2011
martes, 4 de octubre de 2011
Alimentación (Paternidad parte 4)
Los hábitos alimentarios humanos cambian radicalmente en el proceso de la paternidad es un hecho; Pero que nadie crea que es algo gradual e imperceptible que produce sutiles cambios en la forma en la que el cuerpo metaboliza los alimentos, que va. Se trata de un cambio radical y repentino que produce cambios drásticos y visibles (a mal por supuesto) en el pobre individuo.
Todo comienza al principio del embarazo, incluso antes dependiendo de la mujer, cuando ciertos alimentos le son privados a ella y, por simpatía también al padre. Claro, no e splan de que ella no pueda probar el embutido y tu te zampes un bocata de jamón en su cara. ¿Y si sale el niño con una mancha en forma de jamón en la frente?
Más tarde la cosa cambia. la embarazada comienza a tener "antojos", una especie de caprichos cruciales que deben ser satisfechos a cualquier precio y a cualquier hora. ¿Que la mujer quiere fresas con nata a las cinco de la mañana? Pues a correr al chino 24h no sea cosa que el niño salga con una fresa con nata en el culo.
Pero al nacer... eso si que es alimentarse de mala manera. Cuando salió mi hija sólo recuerdo hacer pizzas, lasañas congeladas y otras cosas precocinadas. la falta de tiempo era tal que perder media hora haciendo cualquier plato era imposible. A los 15 dias mi sistema digestivo era un estercolero. Creo que sería una buena idea que alguien inventara algún tipo de pienso para padres; Servido en sacos de cinco Kg y con aroma a suavizante, para que mientras los abnegados padres se lo comen sin apenas masticar, tengan la sensación de que están en la cama con sábanas recién lavadas.
Pero lentamente parece que las cosas van a su sitio de nuevo. La niña comienza a ser una personita, se distrae sola, deja respirar y regresan los platos elaborados, la verdura y las legumbres pero quién me iba a decir a mi que lo peor estaba por llegar. Y es que una de las funciones del padre es comerse los restos dejados por su progenitor. Flanes caducados, yogures calientes, zumos con babas, cosas varias de dudoso aspecto y "está bueno pero me dá no se qué darselo a la niña, anda y cometelo tu" varios.
Actualmente no sé con certeza cuales son las consecuencias de este último hábito. Siento un pequeño picor en la parte baja de la espalda y al tocarme tengo la sensación de que me está saliendo un tentáculo. Lástima que no me haya salido en la parte de delante.
Todo comienza al principio del embarazo, incluso antes dependiendo de la mujer, cuando ciertos alimentos le son privados a ella y, por simpatía también al padre. Claro, no e splan de que ella no pueda probar el embutido y tu te zampes un bocata de jamón en su cara. ¿Y si sale el niño con una mancha en forma de jamón en la frente?
Más tarde la cosa cambia. la embarazada comienza a tener "antojos", una especie de caprichos cruciales que deben ser satisfechos a cualquier precio y a cualquier hora. ¿Que la mujer quiere fresas con nata a las cinco de la mañana? Pues a correr al chino 24h no sea cosa que el niño salga con una fresa con nata en el culo.
Pero al nacer... eso si que es alimentarse de mala manera. Cuando salió mi hija sólo recuerdo hacer pizzas, lasañas congeladas y otras cosas precocinadas. la falta de tiempo era tal que perder media hora haciendo cualquier plato era imposible. A los 15 dias mi sistema digestivo era un estercolero. Creo que sería una buena idea que alguien inventara algún tipo de pienso para padres; Servido en sacos de cinco Kg y con aroma a suavizante, para que mientras los abnegados padres se lo comen sin apenas masticar, tengan la sensación de que están en la cama con sábanas recién lavadas.
Pero lentamente parece que las cosas van a su sitio de nuevo. La niña comienza a ser una personita, se distrae sola, deja respirar y regresan los platos elaborados, la verdura y las legumbres pero quién me iba a decir a mi que lo peor estaba por llegar. Y es que una de las funciones del padre es comerse los restos dejados por su progenitor. Flanes caducados, yogures calientes, zumos con babas, cosas varias de dudoso aspecto y "está bueno pero me dá no se qué darselo a la niña, anda y cometelo tu" varios.
Actualmente no sé con certeza cuales son las consecuencias de este último hábito. Siento un pequeño picor en la parte baja de la espalda y al tocarme tengo la sensación de que me está saliendo un tentáculo. Lástima que no me haya salido en la parte de delante.
Tentaciones (Paternidad parte 3)
A veces, la vida le pone a uno obstáculos insalvables que obligan a cerrar los ojos y dar un gran rodeo ante la imposibilidad de caminar en línea recta, tal y como la razón le impulsa a uno. No se si eso se entiende, pero la cuestión es que el otro día fui sometido a una dura prueba, no se si por voluntad divina o por puro capricho del azar.
Resulta que iba yo paseando con mi niña en el carrito por un centro comercial, viendo escaparates y tonterías de esas, cuando dos muchachas de unos veinte años se pararon ante mi hija, admiradas por esa gracia y belleza que solo los bebés tienen; Y dejándose llevar por su instinto maternal latente, no pudieron evitar agacharse a hacerle gracias y dedicarle varios halagos.
Yo soy un padre responsable y serio, faltaría mas, pero mis ojos no pudieron evitar fijarse en sus generosos escotes, los cuales la postura de las chicas mostraba en todo su esplendor. Yo soy humano, si; Pero lo que eso implica, muy en contra de la opinión general, es que soy una especie de gorila con menos pelo. Y con esa faceta animal, mis ojos comenzaron a recorrer sus pechos, imaginando sus rosados pezones, sus firmes senos y su liso vientre; Y con la libertad que otorga la imaginación, mis ojos descendieron más allá de su cintura, buscando aquél lugar prohibido entre sus muslos al que jamás podría acceder. Mi cuerpo se tensó. Mi sangre comenzó a fluir al ritmo de mi corazón acelerado. El gorila que habita en lo mas profundo de mi ser quiso saltar, golpearse el pecho con los puños y agarrar a las chicas por la cintura para alejarse saltando con ellas…
Pero entonces, una profunda salivación de la que yo no había sido consciente me hizo atragantar y tosí, sobresaltando a las muchachas que se incorporaron de nuevo, momento que yo aproveché para decir que teníamos prisa y alejarme.
Y al dejar atrás a las chicas y proseguir mi camino en busca de mi mujer, mi gorila personal se ocultó de nuevo en su cueva, o se subió al árbol, o se metió dondequiera que se cobijen los gorilas.
Publicado el 9 de septiembre de 2010 en Mediocridad
Resulta que iba yo paseando con mi niña en el carrito por un centro comercial, viendo escaparates y tonterías de esas, cuando dos muchachas de unos veinte años se pararon ante mi hija, admiradas por esa gracia y belleza que solo los bebés tienen; Y dejándose llevar por su instinto maternal latente, no pudieron evitar agacharse a hacerle gracias y dedicarle varios halagos.
Yo soy un padre responsable y serio, faltaría mas, pero mis ojos no pudieron evitar fijarse en sus generosos escotes, los cuales la postura de las chicas mostraba en todo su esplendor. Yo soy humano, si; Pero lo que eso implica, muy en contra de la opinión general, es que soy una especie de gorila con menos pelo. Y con esa faceta animal, mis ojos comenzaron a recorrer sus pechos, imaginando sus rosados pezones, sus firmes senos y su liso vientre; Y con la libertad que otorga la imaginación, mis ojos descendieron más allá de su cintura, buscando aquél lugar prohibido entre sus muslos al que jamás podría acceder. Mi cuerpo se tensó. Mi sangre comenzó a fluir al ritmo de mi corazón acelerado. El gorila que habita en lo mas profundo de mi ser quiso saltar, golpearse el pecho con los puños y agarrar a las chicas por la cintura para alejarse saltando con ellas…
Pero entonces, una profunda salivación de la que yo no había sido consciente me hizo atragantar y tosí, sobresaltando a las muchachas que se incorporaron de nuevo, momento que yo aproveché para decir que teníamos prisa y alejarme.
Y al dejar atrás a las chicas y proseguir mi camino en busca de mi mujer, mi gorila personal se ocultó de nuevo en su cueva, o se subió al árbol, o se metió dondequiera que se cobijen los gorilas.
Publicado el 9 de septiembre de 2010 en Mediocridad
domingo, 2 de octubre de 2011
Cuando yo era berberecho

Hay personas que, frustradas por no poder huir de la dulce y cómoda (por lo menos para mi) mediocridad, se esfuerzan al máximo por dejarla atrás o incluso delante y sentirse así especiales. Por supuesto no todos lo consiguen y algunos de ellos deciden que si en esta vida no pueden ser alguien especial, será mejor creer que lo han sido en otra existencia anterior. Apasionante.
La primera vez que me topé con uno de esos individuos, a los que a partir de ahora llamaré reencarnados, fue en uno de mis trabajos. Él (el reencarnado) era un hombre de entre cuarenta y cincuenta años, muy simpático y que aprovechó la primera ocasión que tuvo para explicarme con todo detalle como fue abatido y enterrado todavía con vida durante una guerra mundial que ahora no recuerdo. Yo por supuesto me quedé algo pasmado y sin saber que decir, pero al tío (recordemos que era un hombre con cierta edad y en su primer día de trabajo), le parecía lo mas normal del mundo.
A partir de ese momento comencé a fijarme en ese tema y descubrí que el mundo está plagado de reencarnados que caminan entre nosotros sabiendo que cuando mueran serán otra persona o animal. Y prestando atención descubrí que todos ellos, si fueron seres humanos solían formar parte de algún colectivo o época muy conocido o característico. Por ejemplo abundan los soldados romanos, los esclavos egipcios y los nobles renacentistas. Todo muy cinematográfico, si. Y muy casual también. Y en cuanto a los animales… ahí si que hay glamour; Osos, águilas imperiales, tigres, cisnes, panteras… nada de ovejas, ratas o pulpos. Que cosas. Nadie aparece con la cabeza gacha y dice con timidez “Yo en la otra vida fui… un mono de esos del culo rojo.” Por dios, que ordinariez.
Pero tanto pensar en reencarnados me ha hecho dudar de si no seré yo también uno de ellos. Y de tanto pensar y pensar he acabado convenciéndome a mi mismo de que si, lo soy. Y dándole vueltas y vueltas al asunto, tratando de recordar mis últimas horas en el mundo he llegado a la conclusión de que en mi vida anterior fui un berberecho. Pero cuidado, no un berberecho normal. Yo fui ese berberecho que queda el último en la bandejita que sirven en el bar; ese berberecho que nadie se come y al final… lo tiran a la basura.
Reflexión rescatada del otro blog y publicada originalmente el 1 de diciembre de 2010
sábado, 1 de octubre de 2011
No hace mucho, mucho, mucho, vi la pelicula de Billy Elliot, el niño bailón y he pensado que a mi me habría gustado ser como él; Pero no por su afán de superación, su entereza para enfrentarse a su padre y su ahínco por alcanzar su sueño. Me gustaría haber sido Billy Elliot para estar cachas y conocer a muchas tias.
Pues el mio más (Paternidad parte 2)
Segunda entrada de "Paternidad", publicada en el otro blog en julio de 2010
Muchos padres y madres están convencidos de que su hijo e suna extensión de ellos mismos; Pero no contentos con ello, se convencen de que esa "escisión" es una versión mejorada y depurada que será capaz de triunfar donde ellos fracasaron: La vida.
Pero algunos sabemos que eso no es así. El hecho de que el crio tenga los ojos del padre o la boca de la madre es un simple capricho genético y las aptitudes que el niño desarrollará a lo largo de su vida serán determinadas por muchos otros factores.
Pero todo esto que digo es una gilipollez a modo de introducción porque de lo que quiero hablar es de esos padres que siendo tan inútiles en vida, necesitan presumir de sus descendientes sin darse cuenta de que son seres independientes y que con ello solo consiguen hacer el ridículo y el cansino.
Yo estaba avisado, lo reconozco, pero no pude evitar el sentirme un poco violento cuando me encontré con el primer caso.
"¿Seis meses ya? Pues la mia con seis meses ya gateaba. Y rápido. Y casi decía mamá y caca (sinonimos en ese caso)."
A lo que yo respondía (mentalmente claro) "¿Y a mi que mierda sme importa la tuya? ¿Acaso te he preguntado por tu niña a la cual no había visto en mi vida? ¿Debería de importarme si la tuya habla, camina o se tira por un barranco?
En fin... supongo que tendré que armarme de paciencia porque de ahora en adelante me encontraré muchos mas individuos de estos y tendré que inventar alguna cara para ponerles a modo de respuesta.
A veces las cosas son tan absurdas... como el fútbol.
Muchos padres y madres están convencidos de que su hijo e suna extensión de ellos mismos; Pero no contentos con ello, se convencen de que esa "escisión" es una versión mejorada y depurada que será capaz de triunfar donde ellos fracasaron: La vida.
Pero algunos sabemos que eso no es así. El hecho de que el crio tenga los ojos del padre o la boca de la madre es un simple capricho genético y las aptitudes que el niño desarrollará a lo largo de su vida serán determinadas por muchos otros factores.
Pero todo esto que digo es una gilipollez a modo de introducción porque de lo que quiero hablar es de esos padres que siendo tan inútiles en vida, necesitan presumir de sus descendientes sin darse cuenta de que son seres independientes y que con ello solo consiguen hacer el ridículo y el cansino.
Yo estaba avisado, lo reconozco, pero no pude evitar el sentirme un poco violento cuando me encontré con el primer caso.
"¿Seis meses ya? Pues la mia con seis meses ya gateaba. Y rápido. Y casi decía mamá y caca (sinonimos en ese caso)."
A lo que yo respondía (mentalmente claro) "¿Y a mi que mierda sme importa la tuya? ¿Acaso te he preguntado por tu niña a la cual no había visto en mi vida? ¿Debería de importarme si la tuya habla, camina o se tira por un barranco?
En fin... supongo que tendré que armarme de paciencia porque de ahora en adelante me encontraré muchos mas individuos de estos y tendré que inventar alguna cara para ponerles a modo de respuesta.
A veces las cosas son tan absurdas... como el fútbol.
El incidente de Belén (Prologo)
Como se acercan fechas navideñas (si, acaba de empezar octubre, ya lo sé, pero acercarse se acercan), voy a ilustrar este blog con la leyenda de los tres reyes magos de oriente. ¿Como, que suena cutre? Por supuesto.
Cuenta la leyenda que hace ya más de 2000 añacos, en algún lugar de oriente vivían tres reyes... magos. No se sabía si realmente tenían poderes sobrenaturales o eran aficionados al "Magia Borrás", pero la cuestión es que un buen dia se les apareció un enviado de dios y les dijo que debían ir hasta Belén, donde nacería el futuro rey de los judíos y que debían ir a mostrar sus repetos y de paso llevarle algún regalito. Los reyes recibieron la noticia con algo de asco y pereza, pero dios es dios y no interesa cabrearle, así que cogieron sus camellos y partieron.
Los tres reyes cruzaron montañas y desiertos siguiendo siempre la luz de una estrella que les guiaba. Algunos expertos actuales dicen que la estrella era un cometa que pasa cada cierto tiempo pero la conclusión que yo saco es que, o bien el cometa iba muy despacio o los camellos corrían que se las pelaban. Pero lo importante es que llegaron a un humilde pesebre donde una mujer acababa de dar a luz a un niño junto a su marido, un burro y una vaca. Los reyes se alarmaron al ver tal situación de insalubridad, pero la masiva afluencia de gentes de la zona les impedían llegar hasta el lugar.
Y allí estaban ellos: Melchor (jóven y de larga melena negra), Gaspar (el rubiales con pinta de interesante) y Baltasar (el negro bien vestido), tres reyes entre una multitud de pastores, campesinos, ovejas y miseria, esperando su turno para darle tres regalitos a un bebé que ni les iba ni les venía. Y claro, eso hace perder los nervios a cualquiera. Y eso desencadena la parte menos conocida y que a mi más me gusta de la leyenda y que le da, a mi parecer, algo de credibilidad.
Se dice que en medio de tal caos pastoril, Melchor, que era un tio robusto y decidido, abrió un camino entre la gente a base de codazos, empujones y patadas voladoras hasta llegar al portal. Se cuenta que un angel lo vió y corrió (o voló) a contarselo a dios y que éste, como castigo, encaneció el cabello de Melchor, dandole el aspecto de un anciano.
Podría haber sido peor conociendo cómo se las gastaba dios por esas fechas. Podría haber sido alopecia.
Cuenta la leyenda que hace ya más de 2000 añacos, en algún lugar de oriente vivían tres reyes... magos. No se sabía si realmente tenían poderes sobrenaturales o eran aficionados al "Magia Borrás", pero la cuestión es que un buen dia se les apareció un enviado de dios y les dijo que debían ir hasta Belén, donde nacería el futuro rey de los judíos y que debían ir a mostrar sus repetos y de paso llevarle algún regalito. Los reyes recibieron la noticia con algo de asco y pereza, pero dios es dios y no interesa cabrearle, así que cogieron sus camellos y partieron.
Los tres reyes cruzaron montañas y desiertos siguiendo siempre la luz de una estrella que les guiaba. Algunos expertos actuales dicen que la estrella era un cometa que pasa cada cierto tiempo pero la conclusión que yo saco es que, o bien el cometa iba muy despacio o los camellos corrían que se las pelaban. Pero lo importante es que llegaron a un humilde pesebre donde una mujer acababa de dar a luz a un niño junto a su marido, un burro y una vaca. Los reyes se alarmaron al ver tal situación de insalubridad, pero la masiva afluencia de gentes de la zona les impedían llegar hasta el lugar.
Y allí estaban ellos: Melchor (jóven y de larga melena negra), Gaspar (el rubiales con pinta de interesante) y Baltasar (el negro bien vestido), tres reyes entre una multitud de pastores, campesinos, ovejas y miseria, esperando su turno para darle tres regalitos a un bebé que ni les iba ni les venía. Y claro, eso hace perder los nervios a cualquiera. Y eso desencadena la parte menos conocida y que a mi más me gusta de la leyenda y que le da, a mi parecer, algo de credibilidad.
Se dice que en medio de tal caos pastoril, Melchor, que era un tio robusto y decidido, abrió un camino entre la gente a base de codazos, empujones y patadas voladoras hasta llegar al portal. Se cuenta que un angel lo vió y corrió (o voló) a contarselo a dios y que éste, como castigo, encaneció el cabello de Melchor, dandole el aspecto de un anciano.
Podría haber sido peor conociendo cómo se las gastaba dios por esas fechas. Podría haber sido alopecia.
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